El ingeniero de caminos desvela las claves del accidente de tren de Adamuz

José Trigueros, presidente de la asociación del sector, analiza las causas del siniestro ferroviario y descarta una pronta reapertura de la línea.

El accidente ferroviario ocurrido en Adamuz ha conmocionado a la sociedad española y puesto en el foco de atención la seguridad de nuestra red ferroviaria. José Trigueros, presidente de la Asociación de Ingenieros de Caminos, ha ofrecido una visión técnica y detallada de los hechos en una entrevista con la Cadena SER, desvelando aspectos clave que podrían explicar este trágico suceso.

Según el experto, la proximidad entre los dos trenes involucrados fue el factor determinante que impidió que los sistemas de seguridad actuaran con la eficacia necesaria para evitar la colisión. Esta circunstancia excepcional ha sido calificada por Trigueros como una auténtica fatalidad, un concatenamiento de factores que desbordó las barreras de protección tecnológicas.

El análisis de las imágenes del incidente revela que el tren con destino a Huelva se encontraba en un punto extremadamente cercano al convoy que sufrió el descarrilamiento. Esta escasa distancia de reacción habría sido insuficiente incluso para los avanzados sistemas de protección que equipan los trenes de alta velocidad y larga distancia en España. Como explica Trigueros, los protocolos de seguridad requieren un margen de tiempo mínimo para que el sistema reconozca la anomalía, procese la información y active los mecanismos de frenado de emergencia. Cuando ese margen se reduce drásticamente, la tecnología, por muy sofisticada que sea, encuentra sus límites.

El presidente de la asociación de ingenieros ha enfatizado que los sistemas de seguridad ferroviaria españoles son de los más avanzados del mundo y no permiten que se supere la velocidad permitida en ningún tramo, incluso sin la intervención directa del maquinista. Esta automatización es precisamente lo que ha hecho que la red ferroviaria nacional sea una de las más seguras de Europa. Sin embargo, el caso de Adamuz demuestra que existen escenarios excepcionales donde la física y el tiempo juegan en contra de la tecnología.

Otro dato relevante aportado por el experto es que el tramo de vías afectado por el accidente había sido objeto de una renovación reciente. Según Trigueros, el proceso de modernización fue dado por finalizado en mayo de 2025, lo que descarta, en principio, problemas de mantenimiento o deterioro estructural en la infraestructura. Esta información es crucial, ya que dirige la investigación hacia otras posibles causas alejadas del estado de la vía.

Ante la pregunta sobre si un fallo en la infraestructura podría haber desencadenado el descarrilamiento, Trigueros ha mostrado cierta reticencia. Considera prematuro lanzar conclusiones definitivas, pero su experiencia le lleva a valorar esta hipótesis como poco probable. La inspección visual preliminar y el conocimiento del estado reciente de la vía apuntan más bien a causas relacionadas con el material rodante o con factores externos imprevisibles.

Precisamente, el experto ha apuntado a una posible avería en la rodadura de las últimas unidades del tren de Iryo como una de las líneas de investigación más plausibles. Los problemas en los bogies, ruedas o sistemas de suspensión pueden provocar un descarrilamiento repentino sin que la vía presente defectos aparentes. Esta hipótesis, sin embargo, requerirá de un análisis técnico exhaustivo de los restos del convoy y de la caja negra del tren para poder ser confirmada.

La complejidad de la investigación es tal que Trigueros ha descartado de plano una rápida reapertura de la línea ferroviaria. Los trabajos para retirar los vagones siniestrados son delicados y requieren de equipos especializados y protocolos estrictos de seguridad. Cada fase de la operación debe ser ejecutada con precisión milimétrica para evitar daños adicionales a la infraestructura y garantizar la integridad de los operarios.

Además de la retirada del material siniestrado, será necesaria una revisión exhaustiva y minuciosa del estado de la infraestructura. Aunque la vía fue renovada hace poco, el impacto de los vagones descarrilados puede haber generado daños estructurales no visibles a simple vista. Los equipos técnicos deberán realizar pruebas de nivel, alineación, estabilidad del balasto y estado de las traviesas antes de autorizar la circulación nuevamente.

El impacto económico y social de este corte de línea es considerable. La conexión entre Córdoba y Sevilla, fundamental para el transporte de viajeros y mercancías, se ve interrumpida, generando retrasos y costes adicionales. Los viajeros se ven obligados a buscar alternativas en autobús o en vehículo privado, mientras que las empresas de logística deben reconfigurar sus rutas.

Desde el punto de vista de la seguridad ferroviaria, este accidente, aunque trágico, sirve para poner a prueba los protocolos de actuación y los sistemas de emergencia. La respuesta de los servicios de rescate y la coordinación entre administraciones están siendo evaluadas para identificar posibles mejoras en la gestión de crisis.

El presidente de la Asociación de Ingenieros de Caminos ha insistido en la necesidad de no precipitar conclusiones. Cada accidente ferroviario es único y requiere de un análisis profundo que considere múltiples variables: estado del material rodante, condiciones meteorológicas, factores humanos, integridad de la infraestructura y funcionamiento de los sistemas de seguridad.

La investigación oficial, liderada por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), tendrá que analizar todos estos aspectos antes de emitir un informe definitivo. Este proceso puede durar varios meses, durante los cuales se mantendrá la línea cerrada al tráfico.

Mientras tanto, la industria ferroviaria española sigue funcionando con normalidad en el resto de la red. Este incidente aislado no debe ensombrecer el excelente historial de seguridad que acumula el sistema, con millones de viajes realizados anualmente sin incidentes de consideración.

La lección que se extrae de Adamuz es que, por muy avanzada que sea la tecnología, siempre existe un margen de error o una circunstancia imprevista que puede desafiar los sistemas de protección. La precaución, el mantenimiento riguroso y la formación continua de los profesionales son las mejores herramientas para minimizar estos riesgos.

En conclusión, el accidente de Adamuz parece haber sido causado por una fatal concatenación de factores donde la escasa distancia entre trenes fue el elemento crítico que neutralizó los sistemas de seguridad. Mientras la investigación continúa, la prioridad es garantizar la seguridad de futuros viajeros mediante una reconstrucción técnica exhaustiva y la implementación de las lecciones aprendidas.

Referencias