Primera detección en España de la microalga tóxica que causa la ciguatera

Investigadores de la Universidad de Alicante identifican Gambierdiscus australes en Denia y Jávea, confirmando la expansión de esta toxina en el Mediterráneo

Un equipo científico de la Universidad de Alicante, en colaboración con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ha logrado identificar por primera vez en la costa mediterránea peninsular española la presencia de la microalga Gambierdiscus australes, un organismo marino productor de toxinas que provocan la ciguatera, una intoxicación alimentaria grave. El hallazgo se ha producido específicamente en las aguas próximas a Denia y Jávea, y representa una confirmación científica de la expansión progresiva de estas especies en el mar Mediterráneo, fenómeno que ya había sido detectado en aguas de las Islas Baleares durante el año 2017.

La detección de esta microalga ha sido posible gracias a los controles periódicos de fitoplancton que realiza el Laboratorio Marino UA-Dénia, una instalación científica integrada en el Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio Ramón Margalef (INEM). Estos análisis rutinarios son fundamentales para el seguimiento de la calidad de las aguas marinas y la seguridad alimentaria, ya que permiten identificar la presencia de organismos potencialmente peligrosos antes de que se conviertan en una amenaza para la salud pública.

El riesgo principal de Gambierdiscus australes radica en su capacidad para producir ciguatoxinas, compuestos químicos que se acumulan a lo largo de la cadena trófica marina. Cuando los seres humanos consumen pescado contaminado con estas toxinas, pueden desarrollar la ciguatera, una intoxicación que afecta principalmente al sistema digestivo, neurológico y cardiovascular. Los síntomas más comunes incluyen dolor abdominal intenso, náuseas persistentes, vómitos repetidos y diarrea severa, aunque en casos más graves pueden aparecer alteraciones neurológicas como hormigueo, pérdida de sensibilidad en extremidades, y problemas cardiovasculares.

Una de las características más preocupantes de estas toxinas es su resistencia extremada. Las ciguatoxinas no se destruyen mediante procesos de cocción convencionales, ni tampoco mediante la congelación. Además, no alteran las propiedades organolépticas del pescado, es decir, no modifican su olor, color o sabor, lo que hace prácticamente imposible detectar su presencia sin análisis de laboratorio especializados. Esta invisibilidad representa un desafío significativo para la seguridad alimentaria, ya que el consumidor no puede identificar el riesgo mediante la inspección visual o el olfato del producto.

El estudio que ha permitido identificar esta microalga se desarrolló a lo largo de dos campañas de muestreo específicas, realizadas en marzo y septiembre de 2023. Los investigadores establecieron un total de 12 estaciones de muestreo distribuidas estratégicamente en seis zonas diferentes del litoral alicantino, cubriendo tanto áreas cercanas a la costa como zonas más alejadas en mar abierto. Esta metodología ha permitido obtener una visión completa de la distribución de la especie en la región.

Los resultados obtenidos revelan una presencia significativa de la microalga. En las muestras recolectadas durante marzo, Gambierdiscus australes estuvo presente en el 75% de los puntos analizados. Sin embargo, en la campaña de septiembre, la presencia se incrementó hasta alcanzar el 100% de las estaciones muestreadas, aunque las concentraciones detectadas se mantuvieron en niveles moderados. Este patrón estacional sugiere que la especie tiene un ciclo de vida que le permite proliferar más eficientemente durante los meses de mayor temperatura del agua.

El investigador principal del proyecto, César Bordehore, ha enfatizado que, a pesar de la relevancia científica y ambiental del descubrimiento, no representa un riesgo inmediato para los consumidores. Las cantidades de toxinas detectadas en las muestras son relativamente bajas, y la especie identificada no se encuentra entre las cepas más tóxicas del género. Sin embargo, este hallazgo sirve como una alerta temprana que justifica la implementación de protocolos de vigilancia continua.

Los expertos en seguridad alimentaria y salud pública insisten en la necesidad de mantener un seguimiento riguroso y continuado de estas microalgas en las aguas mediterráneas. La capacidad de predecir y detectar tempranamente la proliferación de especies tóxicas es crucial para proteger la salud de la población y prevenir brotes de intoxicación masivos. La información generada por estos estudios permite a las autoridades sanitarias emitir recomendaciones preventivas y establecer zonas de pesca seguras.

Un aspecto particularmente revelador de esta investigación es el análisis retrospectivo de muestras conservadas. Los científicos han podido analizar muestras de agua marina recolectadas hace más de una década en la misma zona, confirmando que el género Gambierdiscus no estaba presente en esta área hace aproximadamente 15 años. Este dato temporal demuestra claramente que estamos ante un proceso de colonización reciente, posiblemente impulsado por el cambio climático y el aumento de las temperaturas medias del mar Mediterráneo.

Las autoridades sanitarias han emitido recomendaciones claras para los consumidores, especialmente para aquellos que consumen pescado capturado en zonas potencialmente afectadas. La principal recomendación es evitar el consumo de vísceras, piel, cabeza y huevas de peces de gran tamaño, ya que estas partes del animal tienden a acumular concentraciones mucho más altas de toxinas que la carne muscular. Los peces pequeños generalmente presentan menores niveles de acumulación, aunque el riesgo nunca es cero.

La expansión de Gambierdiscus australes en el Mediterráneo está estrechamente relacionada con el fenómeno de tropicalización que experimenta este mar. El aumento progresivo de las temperaturas superficiales del agua está creando condiciones ambientales más favorables para especies que tradicionalmente habitaban en aguas tropicales y subtropicales. Este proceso no solo afecta a las microalgas, sino que también está modificando toda la estructura de los ecosistemas marinos mediterráneos.

La comunidad científica ha destacado la importancia de este hallazgo como un caso de estudio sobre cómo el cambio global está alterando la distribución geográfica de especies marinas potencialmente peligrosas. La capacidad de adaptación de estas microalgas a nuevas condiciones ambientales plantea interrogantes sobre su evolución futura y el potencial aumento de su toxicidad mediante procesos de selección natural.

Los métodos de detección empleados en este estudio combinan técnicas de microscopía avanzada con análisis moleculares que permiten identificar especies específicas con alta precisión. Esta aproximación multidisciplinar asegura que las identificaciones sean robustas y permitan diferenciar entre especies del mismo género que presentan niveles de toxicidad muy diferentes.

La colaboración entre universidades españolas demuestra la fortaleza del sistema de investigación nacional en el ámbito de las ciencias marinas. La coordinación entre el Laboratorio Marino de Dénia y los expertos canarios, que tienen amplia experiencia en el estudio de la ciguatera en aguas atlánticas, ha sido fundamental para el éxito de esta investigación.

Aunque el riesgo actual para el consumidor final es bajo, los expertos advierten que la situación puede cambiar rápidamente. Las microalgas son organismos con ciclos de vida cortos y alta capacidad reproductiva, lo que significa que en condiciones favorables pueden alcanzar densidades peligrosas en cuestión de semanas. Por este motivo, la vigilancia no puede ser esporádica, sino que debe formar parte de los protocolos de monitoreo ambiental permanentes.

La implicación de este descubrimiento trasciende el ámbito sanitario y alimentario. La presencia de Gambierdiscus australes puede afectar a las economías locales dependientes de la pesca y la acuicultura, generando pérdidas económicas si se declaran zonas de pesca restringida. Además, puede impactar en el turismo gastronómico, especialmente en regiones como la Costa Blanca donde el consumo de pescado fresco es un atractivo turístico importante.

Los investigadores continúan trabajando en la caracterización genética de las cepas detectadas para comprender mejor su potencial evolutivo y su capacidad para producir diferentes tipos de toxinas. Este conocimiento molecular es esencial para desarrollar herramientas de diagnóstico rápido que puedan ser utilizadas en campo por inspectores sanitarios y pescadores.

La prevención sigue siendo la mejor estrategia. Mientras la ciencia avanza en el desarrollo de métodos de detección más accesibles, la educación pública sobre los riesgos y las medidas de precaución juega un papel crucial. Informar a los consumidores sobre qué partes del pescado evitar y cómo identificar zonas de riesgo es tan importante como la investigación científica misma.

Este hallazgo posiciona a España en la vanguardia de la investigación sobre ciguatera en Europa, un campo tradicionalmente dominado por países del Pacífico y el Caribe. La experiencia adquirida en el monitoreo del Mediterráneo puede ser valiosa para otros países europeos que podrían enfrentar desafíos similares en un futuro próximo.

Finalmente, el estudio subraya la necesidad de una gestión integrada de las costas que considere no solo los aspectos económicos y turísticos, sino también la salud ecosistémica y la seguridad alimentaria. La protección de los ecosistemas marinos no es solo una cuestión ambiental, sino una inversión directa en la salud pública y el bienestar de las comunidades costeras.

Referencias