El próximo 3 de diciembre, la Galería de las Colecciones Reales abrirá las puertas de una muestra sin precedentes sobre Victoria Eugenia de Battenberg, la reina cuya existencia marcó una época convulsa de la historia española. La exposición, que permanecerá abierta hasta abril de 2026, coincide con el éxito de la miniserie Ena, basada en la obra de Pilar Eyre, y pretende desmontar el mito de la monarca distante y fría que durante décadas ha planeado sobre su figura.
El proyecto, desarrollado durante más de tres años por las conservadoras Arantxa Domingo y Reyes Utrera, supone la primera vez que Patrimonio Nacional dedica una exposición monográfica exclusivamente a una reina consorte. Con más de 350 piezas seleccionadas, la muestra ofrece un recorrido por la vida íntima de la bisabuela del actual rey Felipe VI, lejos de los estereotipos que la han definido como la 'reina maldita'.
Entre los documentos más reveladores destaca una carta fechada el 28 de febrero de 1906, apenas tres meses antes de su enlace con Alfonso XIII. En esa misiva, escrita en francés, la princesa confesaba sus temores sobre la menstruación, a la que se refería con discreción mediante una equis. Temía que el dolor pudiera interferir en los preparativos de una boda que ya generaba enorme expectación. Sin embargo, lo que realmente ensombreció su día de enlace superó con creces esas preocupaciones.
El 31 de mayo de 1906, tras pronunciar sus votos en la Iglesia de San Jerónimo el Real, la pareja real sufrió un atentado que causó 28 víctimas mortales. La explosión dejó la carroza nupcial destrozada y obligó a la novia a acudir al banquete con el vestido manchado de sangre. Ese trágico episodio marcó el inicio de un reinado signado por la inestabilidad y el sufrimiento personal.
La correspondencia privada entre los esposos constituye el núcleo documental de la exposición. Contrasta radicalmente con la imagen pública de rigidez que siempre se proyectó sobre Victoria Eugenia. Reyes Utrera explica que las cartas revelan una mujer apasionada y espontánea, muy alejada del estereotipo de monarca distante. Durante el noviazgo, los futuros esposos mantuvieron un intercambio epistolar en francés, aunque el rey se esforzó por aprender inglés para comunicarse con su prometida en su idioma materno.
El tono íntimo y carnal de esas misivas sorprende por su modernidad. En una de ellas, la princesa expresaba su deseo de abrazar a Alfonso y estar entre sus piernas, un lenguaje que trasciende las convenciones de la época eduardiana y muestra una pareja genuinamente enamorada. Se casaron profundamente enamorados, señala Utrera, y esa pasión inicial queda patente en cada línea de su correspondencia.
La exposición reúne objetos de valor incalculable que pertenecieron a la reina: vestidos de época, joyas históricas —como la diadema Flor de Lis que hoy lucen Letizia en ceremonias de gala—, fotografías familiares, mobiliario de palacio y porcelanas exclusivas. También se exhibe la carroza que estuvo a punto de convertirse en ataúd el día de la boda, un testimonio mudo de la violencia que asoló el país.
La tragedia personal de Victoria Eugenia quedó sellada con la hemofilia que padecieron dos de sus hijos varones, enfermedad que les causó una muerte prematura. Ese infortunio familiar, sumado a un matrimonio que se deterioró con los años, la revolución de 1931 y el posterior exilio, consolidaron su leyenda negra. Durante décadas, historiadores y cronistas la describieron como una figura fría y distante, incapaz de conectar con el pueblo español.
La visión que ofrece la nueva exposición desmiente esa percepción. Las cartas personales, los objetos cotidianos y los documentos inéditos dibujan el retrato de una mujer compleja, apasionada y profundamente humana, atrapada en circunstancias históricas que superaron su capacidad de control. La muestra no solo rehabilita la memoria de una reina injustamente juzgada, sino que también pone de manifiesto las consecuencias del machismo institucional que silenció su voz y tergiversó su legado.
La inauguración de esta exposición supone una oportunidad única para revisitar un periodo crucial de la historia contemporánea española desde la perspectiva de una de sus protagonistas más malinterpretadas. A través de sus pertenencias personales y su correspondencia íntima, Victoria Eugenia emerge no como un símbolo de tragedia, sino como una mujer que luchó por mantener su identidad en un mundo que le resultaba hostil y en una institución que no perdonó su condición de extranjera ni su espíritu independiente.