Neil El Aynaoui: el pulso de Marruecos en la Copa de África

El centrocampista de la Roma se consolida como líder indiscutible de la selección marroquí tras su MVP contra Malí y un rendimiento sobresaliente en el torneo

El futbolista marroquí Neil El Aynaoui no deja de crecer. A sus 22 años, el mediocampista de la Roma se ha erigido como pieza fundamental tanto para su club como para la selección de Marruecos, donde su rendimiento en la presente Copa de África está llamando la atención de medio continente. La confianza que el seleccionador Walid Regragui ha depositado en él desde el primer día se ha visto recompensada con una serie de actuaciones que superan con creces las expectativas.

En los dos primeros compromisos del torneo, ante Comoras y Malí, El Aynaoui ha desplegado un fútbol de alto nivel que se traduce en números más que elocuentes. Su porcentaje de acierto en el pase supera el 90%, una cifra que ya por sí sola habla de su temple y visión de juego. Pero no se queda ahí: su capacidad para recuperar balones y imponerse en los duelos directos ha sido determinante para dar equilibrio a un equipo que aspira a lo más alto.

Fue precisamente en el duelo contra Malí donde su influencia alcanzó su punto álgido. A pesar de que el encuentro concluyó en tablas y no permitió a los marroquíes asegurar su pase a octavos de final de forma anticipada, el rendimiento de El Aynaoui no pasó desapercibido. Los observadores técnicos le reconocieron como el mejor jugador del partido, un honor que confirma su progresión meteórica y su peso específico dentro del esquema nacional.

Más allá de las estadísticas, lo que realmente distingue a este joven talento es su madurez fuera del terreno de juego. En la zona mixta, ante los micrófonos de BeIn Sports, El Aynaoui mostró una actitud que trasciende su corta edad. No buscó excusas ni se escondió tras el empate. Al contrario, asumió la responsabilidad colectiva con palabras que revelan un espíritu de líder nato.

"Estamos decepcionados porque los aficionados han creado un ambiente increíble de principio a fin. Estamos decepcionados por no haber podido estar a la altura", reconoció con sinceridad. Y añadió un análisis que demuestra su capacidad de autocrítica y aprendizaje: "En la segunda parte no entramos en el partido, dejamos de jugar, simplemente seguimos a nuestros oponentes. Este partido nos servirá de lección. Los partidos duran 90 minutos".

Estas declaraciones reflejan una mentalidad ganadora que no se conforma con el mero cumplimiento. El Aynaoui entiende que el fútbol de élite exige constancia y que cualquier bajón de intensidad puede costar caro. Su liderazgo empieza a ser una referencia para sus compañeros, que ven en él a un jugador capaz de decir las cosas como son y de asumir las consecuencias.

La trayectoria de este mediocampista es un claro ejemplo de progresión constante. Formado en las categorías inferiores del Lens francés, donde aprendió los fundamentos del fútbol moderno, El Aynaoui dio el salto a la Serie A italiana para enrolarse en las filas de la Roma. En la capital italiana ha perfeccionado su juego, adaptándose a un fútbol más táctico y exigente que le ha permitido pulir sus cualidades.

Sus señas de identidad son claras: un posicionamiento inteligente que le permite anticiparse a los rivales, un timing excepcional para entrar en las jugadas, una facilidad para recuperar balones en zonas clave y una proyección ofensiva que aporta profundidad al equipo. No es un mediocentro destructivo ni un simple organizador: es un box-to-box completo, capaz de influir en todas las fases del juego.

Este crecimiento no ha pasado desapercibido para Regragui, quien desde su llegada al banquillo marroquí ha defendido con vehemencia la necesidad de contar con futbolistas de su perfil. El seleccionador entendió que para competir contra las grandes potencias africanas era imprescindible tener un jugador que controlase los ritmos, que diese seguridad con balón y que fuese el primero en la presión sin él. El Aynaoui cumple con todos esos requisitos y, de momento, lo hace a un nivel excelso.

El próximo desafío para la selección marroquí será Zambia, un partido que se presenta como definitivo para cerrar la fase de grupos. Los leones del Atlas necesitan una victoria para asegurar su clasificación y, sobre todo, para recuperar la confianza perdida tras el tropiezo contra Malí. En este contexto, la figura de El Aynaoui cobra aún más relevancia.

No solo por su calidad técnica, sino por su capacidad de liderazgo silencioso. En un vestuario con veteranos como Hakimi, Ziyech o Saïss, el joven de la Roma se está ganando un lugar no solo como titular, sino como referente. Su voz empieza a pesar en las charlas técnicas y su ejemplo en los entrenamientos marca el ritmo.

Marruecos llega a esta Copa de África con la presión de ser uno de los favoritos y con la espina clavada de no poder levantar el trofeo desde 1976. Han pasado casi cinco décadas desde aquella última conquista y la generación actual, una de las más talentosas de la historia, sabe que tiene una cita con el destino. El Aynaoui representa precisamente esa nueva ola: joven, ambicioso, formado en Europa y con las ideas claras.

Su importancia va más allá de lo puramente deportivo. En un momento en que el fútbol marroquí busca consolidarse como potencia continental, necesita referentes que conecten con la afición y que proyecten una imagen de modernidad y competitividad. El Aynaoui, con su paso por la Serie A y su estilo de juego europeo, encaja perfectamente en ese rol.

La clave para el éxito de Marruecos en este torneo pasará por mantener la intensidad durante los 90 minutos, tal y como él mismo ha señalado. Contra Malí, el equipo bajó el pistón en la segunda mitad y casi lo paga. Contra Zambia no habrá margen de error. El Aynaoui deberá ser el termómetro que marque la temperatura del juego, sabiendo cuándo acelerar y cuándo aguantar, cuándo romper líneas con un pase y cuándo recuperar para proteger a la defensa.

Su presencia en el once inicial ya no se discute. Lo que ahora se debate es hasta dónde puede llegar su influencia. Si continúa con este nivel, no solo será clave para los objetivos inmediatos de Marruecos, sino que también reforzará su posición en la Roma, donde la competencia en el centro del campo es feroz. Cada buena actuación con su país es una carta de presentación para su entrenador en el club.

El fútbol moderno premia a los jugadores polivalentes, inteligentes y trabajadores. Neil El Aynaoui reúne todas esas cualidades. Su progresión es un caso de estudio sobre cómo un futbolista puede crecer sin prisa pero sin pausa, asentándose paso a paso hasta convertirse en imprescindible. La Copa de África es su gran escenario, la oportunidad de pasar de ser una promesa a ser una realidad consolidada.

Con la mirada puesta en el partido decisivo contra Zambia, todos los ojos estarán sobre él. No solo los de la afición marroquí, sino también los de los escauts europeos que siguen de cerca el torneo. El Aynaoui tiene la oportunidad de cerrar el año convirtiéndose en uno de los nombres propios del fútbol africano y, por qué no, en uno de los valores más cotizados del mercado.

Marruecos necesita su mejor versión. Y él parece dispuesto a darla.

Referencias

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