El Real Madrid superó al Atlético de Madrid en una semifinal de Supercopa que dejó más interrogantes que certezas. La victoria, conseguida con sufrimiento, permite a los blancos seguir en la lucha por un título que siempre tiene sabor especial cuando Barcelona y Atlético aparecen en el horizonte. Sin embargo, el nivel mostrado en el derbi madrileño enciende las alarmas de cara a la final.
El conjunto de Xabi Alonso logró el pase a la última instancia, pero lo hizo mostrando fisuras evidentes. El triunfo ante el eterno rival no fue tan contundente como hubiera deseado la afición merengue, y las sensaciones dejan un regusto agridulce. La final espera, y con ella, un adversario que no necesita invitaciones para castigar los errores.
Vinicius Junior se convirtió en el centro de todas las miradas, pero por razones equivocadas. El brasileño mantuvo un diálogo constante con Diego Simeone durante buena parte del encuentro, una dinámica que le restó energía y foco al verdadero objetivo. El técnico argentino, maestro en estos duelos psicológicos, logró desconectar al extremo, sacándolo de su juego sin necesidad de grandes estrategias tácticas.
Las cámaras captaron los constantes intercambios entre ambos, y según fuentes de la retransmisión, Simeone llegó a advertirle: "Te va a echar Florentino, acuérdate de lo que te digo". Una frase que resume la tensión del duelo. El brasileño respondió con un rendimiento discreto, centrado más en la confrontación verbal que en desbordar a su marcador. Las estadísticas fueron implacables: cero regates efectivos a Llorente y múltiples intercambios con el banquillo rojiblanco.
La situación escaló hasta el punto de que Simeone, visiblemente molesto, se acercó a Carvajal al final del primer acto para solicitar respeto por parte de su compañero. El intercambio de reproches continuó hasta el pitido final, cuando el argentino le espetó a Vinicius al ser sustituido: "¿Escuchas?", en referencia a los pitos de la grada. El colegiado terminó amonestando a ambos.
Más allá del duelo personal, el rendimiento ofensivo del brasileño dejó mucho que desear. Sus acciones fueron predecibles, sin la chispa habitual, y su contribución defensiva fue prácticamente nula. La renuncia a presionar y a colaborar en tareas de contención provocó la desesperación del cuerpo técnico. El gol del empate atlético, obra de Sorloth, tuvo su origen en una pérdida en la banda izquierda donde Vinicius no ofreció la cobertura necesaria.
Xabi Alonso mantuvo a su estrella en el campo hasta el minuto 80, una decisión cuestionable dada su escasa aportación. El tiempo que permaneció en el verde fue excesivo para lo que aportaba y para lo que restaba al equipo en su conjunto.
Si el Madrid sobrevivió fue gracias a tres figuras excepcionales. La primera, Antonio Rüdiger. El central alemán se erigió en líder defensivo con una actitud guerrera. Jugó prácticamente lesionado, forzando su físico hasta el límite en un ejemplo de compromiso. Su actuación recordó por qué ciertos futbolistas son imprescindibles en los momentos decisivos. Apretó los dientes y dio una lección de profesionalismo.
La segunda pieza clave fue Thibaut Courtois. El portero belga volvió a demostrar por qué está considerado entre los mejores del mundo. Sus intervenciones, especialmente en los momentos de dominio atlético, evitaron un desenlace adverso. Milagroso, decisivo e infranqueable. Cada disparo del Atlético encontró una respuesta contundente. Transformó el "casi" en "nunca" para los atacantes rojiblancos.
El tercer héroe fue Fede Valverde. El uruguayo se inventó un golazo desde la frontal que abrió el marcador y después regaló un pase magistral a Rodrygo para el segundo tanto. Su versatilidad y calidad fueron la diferencia en un partido donde el talento individual brilló por encima del juego colectivo.
El resultado final refleja una victoria sufrida, pero los problemas quedan al descubierto. El nivel exhibido no parece suficiente para afrontar una final de estas características. El Barcelona de Hansi Flick espera al otro lado, y lo hace en estado de gracia. No solo juega mejor, sino que además tiene olfato para detectar debilidades ajenas.
El conjunto culé llega a la final con la confianza de quien sabe que puede hacer daño con pocas ocasiones. Su capacidad de castigar los errores es legendaria, y el Madrid mostró varios en el derbi. La final no perdonará este nivel de juego, y menos ante un rival que no necesita segundas oportunidades.
La preparación para el duelo decisivo debe pasar por corregir los errores defensivos, recuperar la concentración de Vinicius y encontrar un equilibrio entre el esfuerzo individual y el trabajo colectivo. El tiempo es corto y las soluciones deben ser inmediatas.
El Madrid tiene plantilla para competir, pero necesita demostrarlo sobre el césped. La final de la Supercopa no admite concesiones. La victoria en el derbi es un paso adelante, pero el verdadero examen está por llegar. Contra el Barcelona, las distracciones personales y los errores defensivos se pagan caro.
El reto para Xabi Alonso es claro: canalizar la energía de Vinicius hacia el juego, no hacia las provocaciones; mantener la solidez defensiva de Rüdiger y Courtois; y explotar la calidad de Valverde. Solo así el Madrid tendrá opciones reales de levantar el título.
La Supercopa está al alcance, pero el camino exige el mejor nivel. El Barcelona no regala nada, y el Madrid lo sabe. La final promete ser un duelo de máxima exigencia donde los detalles marcarán la diferencia. La victoria en el derbi es historia. Ahora, solo importa el próximo desafío.