El Baskonia caía en un compromiso directo contra el Fenerbahce que dejaba más dudas que certezas para lo que resta de temporada. A pesar de la destacable actuación de Jayson Cabarrot, que se erigió como el jugador más valioso del conjunto vasco, los de Paolo Galbiati no pudieron superar las carencias defensivas que se agudizaron en los momentos decisivos. El choque, correspondiente a la jornada de Euroleague del 2 de enero de 2026, reflejó un equipo con potencial ofensivo pero sin la solidez necesaria para doblegar a un rival de entidad.
El técnico italiano planteó un encuentro basado en la rotación constante, buscando mantener frescos a sus efectivos para el tramo final. Sin embargo, la estrategia no dio los frutos esperados cuando el equipo se desinfló en los minutos críticos. Galbiati apostó por los jugadores con mejor inspiración en cada momento, pero no consiguió sellar las brechas defensivas que el Fenerbahce aprovechó una y otra vez. La decisión de desconvocar a Nowell y a Rafa Villar dejó ver su intención de apostar por otros perfiles, como el joven Joksimovic, aunque la falta de regularidad en la retaguardia acabó pasando factura.
En la dirección del juego, el Baskonia mostró dos caras completamente distintas. Por un lado, Simmons firmó una primera mitad para el recuerdo, siendo imparable en la penetración y transmitiendo la sensación de que cada acción suya era sencilla. Su capacidad para desbordar y crear ventajas parecía la clave, pero la segunda parte fue una historia diferente: tan solo dos puntos anotados después del descanso evidenciaron su falta de continuidad. Esta irregularidad resultó demoledora para las aspiraciones del equipo, que necesitaba su liderazgo en los instantes de mayor presión.
Por su parte, Forrest no tuvo su noche. Desaparecido en combate durante buena parte del encuentro, mostró una desconexión total tanto en la fase positiva del partido como en la final, que terminó viendo desde el banquillo. Su ausencia de ritmo y su incapacidad para generar juego lastraron las opciones del Baskonia, que echó de menos una mayor implicación de su base titular. La falta de respuesta de Forrest obligó a Galbiati a buscar alternativas, pero ninguna dio el resultado esperado.
El apartado de escoltas dejó luces y sombras. Howard arrancó de puntillas, casi sin incidencia en el primer tiempo, pero estalló tras el paso por vestuarios con un parcial de 11 puntos en apenas tres minutos y medio. Ese arreón hizo soñar a la afición con una remontada, pero su posterior enfriamiento y un preocupante 1 de 7 en triples frenaron cualquier atisbo de reacción. La inconsistencia en el tiro exterior se convirtió en un lastre para un equipo que necesitaba puntos fáciles.
En la misma posición, Spagnolo demostró una vez más su versatilidad, asumiendo cada vez más funciones de base. Su aportación en anotación fue sólida y supo aprovechar los minutos que le arrebató a Forrest. No obstante, cuando el partido exigió liderazgo en los últimos compases, el italiano no estuvo a la altura. Su juventud se notó en la falta de experiencia para gestionar la presión de un duelo de máxima exigencia, aunque su progresión es evidente y augura un futuro prometedor.
El juego exterior del Baskonia encontró en Kurucs su referente de regularidad. El alero letón mantuvo un duelo interesante con Melli, aunque finalmente resultó derrotado en la mayoría de los enfrentamientos directos. A pesar de ello, fue el jugador más constante del equipo durante los 40 minutos, marcando el listón competitivo que el resto de compañeros no siempre alcanzó. Su entrega y su capacidad para mantener el nivel en todas las facetas del juego le convirtieron en un pilar básico para Galbiati.
La sorpresa de la convocatoria fue Joksimovic, que entró en la lista por delante de Nowell y Villar. El joven alero serbio partió como titular pero apenas disputó tres minutos con escasa incidencia. Su presencia fue más un mensaje del entrenador que una verdadera opción para el partido, una apuesta por el futuro que no tuvo tiempo de desarrollarse. La experiencia le jugará a favor en próximos compromisos.
Sin embargo, la gran estrella fue Cabarrot. El francés no solo firmó excelentes estadísticas, sino que transmitió una seguridad que contagió a compañeros y afición. Su capacidad para anotar 20 puntos en cualquier noche lo convierte en una amenaza constante, aunque en esta ocasión su rendimiento fue de más a menos. A pesar de eso, su liderazgo ofensivo y su capacidad para crear su propio tiro le valieron el MVP azulgrana. Cuando el Baskonia necesitaba un referente, Cabarrot estuvo ahí, aunque la falta de apoyo acabó minando sus esfuerzos.
En el ala-pívot, Radzevičius ofreció una buena entrada hasta que el propio Cabarrot le eclipsó. Es un jugador cumplidor que se equivoca poco, aunque le falta un plus de talento para ser decisivo en partidos de este calibre. Su trabajo silencioso en tareas secundarias es valioso, pero el equipo necesitaba más en ataque.
Omoruyi sigue ganando peso en la rotación. Cuando muestra solidez, se convierte en una gran ayuda para el juego interior, aportando físico para defender mejor y presencia en el rebote. Su evolución es positiva y cada vez tiene más minutos de calidad, lo que habla de la confianza que le tiene el cuerpo técnico.
Los pívots no tuvieron un papel protagonista. Frisch disputó seis minutos de esfuerzo y voluntad en el rebote, pero se fue sin lanzar pese a que el tiro es una de sus virtudes. Su participación fue insuficiente, aunque con la baja de Sedekerskis, se abre una oportunidad para que demuestre su valía en los próximos encuentros. Necesita más confianza y minutos para desarrollar su juego.
Diakite, por su parte, sobresalió en el rebote ofensivo al inicio del encuentro, pero su incidencia decayó conforme avanzaba el partido. La falta de continuidad en su rendimiento y la escasa participación en ataque limitaron su impacto. El Baskonia necesita más de su interior franco-ivorense, especialmente en la lucha bajo los aros.
En definitiva, el Baskonia mostró un potencial ofensivo interesante liderado por Cabarrot, pero las carencias defensivas y la falta de regularidad en momentos clave condenaron al equipo. La Euroleague no perdona estos detalles, y si el conjunto vasco quiere pelear por los puestos de privilegio, debe corregir urgentemente sus griegas defensivas y encontrar un líder estable en la base. El camino es largo, pero el tiempo se agota.