La presentación del nuevo sencillo de La Oreja de Van Gogh ha marcado un antes y un después en la trayectoria del grupo donostiarra. La vuelta de Amaia Montero a la vocalía ha sido el acontecimiento musical más comentado de los últimos meses, pero no solo por el reencuentro con la voz que popularizó sus mayores éxitos. El lanzamiento de Todos estamos bailando la misma canción ha desatado una intensa polémica en redes sociales y medios especializados, centrada en un presunto parecido con Rayando el sol, el clásico indiscutible de Maná.
El escenario elegido para este regreso no pudo ser más simbólico: el Palacio Miramar de San Sebastián, frente al mar, donde la banda celebró la llegada de 2026 con una actuación que calificaron como el inicio de una etapa "decisiva e histórica". La fecha y el lugar no fueron casuales, sino una declaración de intenciones sobre su conexión con sus raíces y su público. Sin embargo, lo que debía ser una noche de celebración se convirtió en el punto de partida de un debate que ha dividido a oyentes y expertos.
El corazón de la polémica: ¿inspiración o coincidencia?
Los primeros análisis de Todos estamos bailando la misma canción destacaron su sonido característico, heredero de la época dorada del grupo a principios de los 2000. Precisamente esa familiaridad es lo que ha puesto el foco sobre el estribillo. Numerosos usuarios en plataformas digitales han señalado que la progresión armónica y la cadencia melódica del coro recuerdan de forma innegable a Rayando el sol, el tema que catapultó a Maná a la fama internacional en los años 90.
La comparación no se limita a una impresión subjetiva. Varias grabaciones en TikTok y YouTube han superpuesto ambas canciones, destacando similitudes en la estructura del estribillo y en ciertos patrones rítmicos. Estos videos han acumulado cientos de miles de reproducciones, alimentando un debate que trasciende el ámbito puramente musical para adentrarse en cuestiones de originalidad creativa y ética artística.
Es importante contextualizar que en la industria musical las coincidencias no son infrecuentes. La música popular opera con un vocabulario limitado de acordes y progresiones que se repiten a lo largo de décadas. Expertos en teoría musical explican que ciertas secuencias, como las que se cuestionan en este caso, forman parte del patrimonio común del pop rock latino y han sido utilizadas por innumerables artistas antes y después de Maná.
Perspectiva técnica y legal: el umbral del plagio
Desde el punto de vista jurídico, establecer un plagio musical requiere mucho más que una percepción de parecido. Los tribunales exigen un análisis forense detallado que demuestre una copia sustancial y no meras coincidencias estilísticas. Elementos como la melodía principal, la armonía subyacente, la letra y la estructura general deben ser evaluados por peritos especializados.
Hasta el momento, ni La Oreja de Van Gogh ni su discográfica han emitido comunicados al respecto. Tampoco se ha registrado ninguna demanda o acción legal por parte de Maná o sus representantes. Este silencio oficial sugiere que, al menos por ahora, se trata de una controversia mediática sin trascendencia jurídica.
Los profesionales del sector suelen diferenciar entre inspiración legítima, uso de fórmulas comunes y copia deliberada. Muchos de los grandes éxitos de la historia han bebido de fuentes anteriores, reinterpretrándolas con personalidad propia. La cuestión es si La Oreja de Van Gogh ha cruzado la línea o simplemente ha utilizado un lenguaje musical compartido.
El regreso de Amaia Montero: más que una simple vuelta
Más allá de la polémica, este lanzamiento representa un cambio de ciclo fundamental para la banda. La salida de Leire Martínez, quien ocupó el puesto de vocalista durante más de una década, cerró una etapa de transición que generó opiniones encontradas entre el público. La vuelta de Amaia no es solo un retorno a las andadas, sino una reclamación de la identidad sonora que les hizo vender millones de discos.
La letra de Todos estamos bailando la misma canción parece contener una metáfora sobre el reencuentro y la continuidad, casi como si anticipara las críticas y las respondiera con un mensaje de unidad. La puesta en escena en San Sebastián, con la bahía como telón de fondo, reforzó esta narrativa de retorno a los orígenes.
Para la industria, este movimiento es un ejemplo de nostalgia comercial estratégicamente planificada. En un momento donde los sonidos de los 2000 viven una segunda juventud, La Oreja de Van Gogh apuesta por recuperar su esencia original sin renunciar a la madurez adquirida. La pregunta es si esta polémica enturbiará o, por el contrario, potenciará el impacto de su regreso.
Impacto y reacciones del público
La respuesta de los seguidores ha sido polarizada. Los fans más veteranos celebran la vuelta al sonido clásico y minimizan las similitudes, argumentando que toda música pop comparte ADN. Otros, más críticos, consideran que la banda debería haber sido más cuidadosa al evitar cualquier sombra de duda sobre su originalidad.
En redes sociales, el hashtag #OrejaVanGoghMana ha tendido durante días, con memes y análisis que oscilan entre el humor y la indignación. Algunos usuarios han señalado que, independientemente de la polémica, la canción logra su objetivo: es pegadiza, emotiva y suena exactamente como lo que se espera de La Oreja de Van Gogh.
Los programas de radio y podcasts musicales han dedicado horas de debate a desglosar ambos temas, con musicólogos explicando que la progresión de acordes de I-V-vi-IV, común en ambas canciones, es una de las más utilizadas en la historia del pop. Esta perspectiva técnica ha ayudado a matizar la conversación, alejándola de la acusación directa hacia un entendimiento más profundo de cómo se construye la música popular.
Lo que viene: gira y nuevos proyectos
La polémica no ha alterado los planes de la banda. La gira prevista para 2026, que pasará por las principales ciudades españolas, mantiene su calendario intacto. Los conciertos ya anunciados en Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao han agotado entradas en cuestión de horas, demostrando que el interés por el regreso de Amaia Montero supera con creces cualquier cuestionamiento sobre la originalidad de su nuevo material.
La discográfica ha optado por una estrategia de comunicación basada en el silencio respecto a las acusaciones, centrando su mensaje en el emotivo reencuentro y en la calidad del nuevo trabajo. Esta postura, lejos de debilitarles, les permite mantener el control narrativo y no amplificar una controversia que, en última instancia, podría desvanecerse por sí sola.
Para el sector, este caso sirve como recordatorio de los desafíos de la creatividad en la era digital, donde cualquier parecido es inmediatamente detectado y difundido. La presión por la originalidad absoluta choca con la realidad de que la música, como cualquier forma de arte, se construye sobre lo existente. La habilidad está en hacerlo con personalidad y honestidad.
Mientras tanto, los oyentes seguirán bailando, debatiendo y comparando. Y quizás, como sugiere el título de la canción, al final todos estemos bailando la misma canción, independientemente de quién la compuso primero o cómo llegó a nuestras orejas. La polémica, al menos, ha conseguido que hablemos de música con pasión, y eso siempre es un buen síntoma para la salud del pop rock en español.