El cantante español Miguel Bosé visitó el plató de El Hormiguero y compartió una profunda reflexión sobre el paso del los años y su impacto en la perspectiva vital. A sus 69 años, el artista desmintió cualquier atisbo de pesimismo asociado a la madurez, asegurando que cada año añadido representa una ganancia en lucidez, enfoque y autenticidad.
Durante la conversación con Pablo Motos, Bosé reveló que su mentalidad se mantiene tan activa y creativa como cuando contaba 40 años. Esta afirmación no responde a una negación del tiempo, sino a una celebración de lo que este aporta. Para el intérprete de Amante bandido, el envejecimiento no implica una decadencia, sino una transformación donde la experiencia se convierte en la mejor herramienta para interpretar la realidad.
La industria del entretenimiento, conocida por su obsesión con la juventud, rara vez ofrece espacios para este tipo de reflexiones. Sin embargo, Bosé aprovechó la ocasión para reivindicar la madurez como un valor añadido. Según sus palabras, la inocencia que se pierde con los años no desaparece, sino que evoluciona hacia una verdad más profunda y sostenible. Es una mutación necesaria donde las ilusiones simples dan paso a convicciones sólidas.
El artista también abordó su reciente recuperación vocal, un proceso que le obligó a detenerse y escuchar su cuerpo. Este episodio, lejos de frustrarle, le sirvió como metáfora perfecta de su filosofía actual: algunas pausas son imprescindibles para volver con más fuerza y claridad. La paciencia, aprendida con las décadas, se reveló como su mejor aliada.
Su mensaje trasciende el ámbito musical. En una sociedad que teme al envejecimiento, Bosé propone una visión alternativa donde los años se acumulan como anillos de un árbol, cada uno aportando robustez y sabiduría. La lucidez de la que habla no es meramente intelectual, sino emocional: la capacidad de priorizar, de decir no, de enfocarse en lo que realmente importa.
La entrevista dejó claro que el artista no solo ha aceptado su edad, la ha abrazado como su mejor etapa creativa. Sin la presión de demostrar nada, su arte se vuelve más honesto. La verdad que menciona no es un concepto abstracto, sino la coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace, un lujo que solo se puede permitir quien ha vivido suficiente para conocerse a sí mismo.
En definitiva, Miguel Bosé ofrece en El Hormiguero una lección de vida valiosa: el tiempo, lejos de restar, suma. Y en su caso, suma claridad, propósito y una autenticidad que solo se alcanza cuando se deja de correr para empezar a caminar con conciencia.