El 8M une feminismo y pacifismo: el 'No a la guerra' se impone

Miles de personas marchan en Madrid bajo el lema 'Feministas Antifascistas' mientras el Ejecutivo vincula la lucha de las mujeres con la defensa de la paz internacional.

La celebración del Día Internacional de la Mujer este 8 de marzo ha adquirido en Madrid una dimensión inédita al conjugarse con un mensaje contundente de paz. La tradicional marea violeta que inunda las calles de la capital española cada año se ha visto este domingo teñida de un tono pacifista, con el lema 'No a la guerra' como uno de los principales protagonistas de la jornada. La iniciativa, impulsada desde el propio Gobierno de coalición, busca establecer un puente directo entre la lucha feminista y la defensa de la paz internacional.

La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha encabezado la representación del Ejecutivo en la manifestación convocada por la Comisión 8M, acompañada por el ministro de Cultura, Óscar López, y las ministras Isabel Rodríguez y Sara Aagesen. En declaraciones previas al inicio de la marcha, Saiz ha dejado claro el posicionamiento oficial: 'Porque el feminismo también es pacifismo y por eso alzamos la voz y decimos No a la guerra. Y condenamos todas las violencias, la violencia contra la mujer aquí y en cualquier lugar del mundo'. Esta declaración llega apenas días después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, relanzara el lema pacifista ante los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.

El discurso oficial ha buscado reforzar el papel del gobierno de coalición progresista como dique de contención frente al avance ultra, tal y como ha enfatizado Saiz. La ministra ha prometido 'poner freno y seguir avanzando en derechos' para hacer 'irreversibles' los logros feministas, mencionando expresamente la subida del salario mínimo interprofesional 'un 66% desde que Pedro Sánchez es presidente', así como las mejoras en pensiones orientadas a reducir las brechas entre hombres y mujeres.

Por su parte, Óscar López ha dirigido sus críticas hacia la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a quien ha acusado de 'encabezar una ola ultra que lleva mucho tiempo ya atacando al feminismo' y que 'siempre ataca a los mismos: a quienes discrepan, a quienes piensan de una forma diferente'. El ministro ha vinculado esta 'campaña de odio desatada' en la región con episodios como la situación del alcalde de Móstoles, que permanece en su puesto, y las cancelaciones de obras culturales por motivos feministas.

La manifestación ha congregado a miles de personas -unas 150.000 según las estimaciones de las convocantes a Europa Press-, que han marchado por el Paseo del Prado desde las 12:30 horas. La pancarta principal, con el lema 'Feministas Antifascistas. Somos más. En todas partes', ha sido acompañada por cánticos como 'feministas antirracistas', 'arriba el feminismo que va a vencer' o el ya omnipresente 'no a la guerra'. Entre los carteles individuales, se podían leer mensajes contundentes como 'no es no también a la guerra', evidenciando la conexión que los manifestantes hacían entre ambas causas.

Las organizadoras han justificado esta convergencia de reivindicaciones al señalar que salen 'con rabia organizada' para 'defender los derechos de todas y de todes' y gritar un 'no a la guerra, no a ninguna guerra'. Esta postura refleja una tendencia creciente en el movimiento feminista de entender la violencia de género como parte de un sistema más amplio de violencias estructurales, incluida la militarista.

El contexto internacional no ha podido estar más presente. La escalada bélica en Oriente Medio, con el ataque conjunto estadounidense-israelí contra instalaciones iraníes, ha provocado una oleada de preocupación en la comunidad internacional. El Gobierno español, a través de su representación en la manifestación, ha querido dejar claro que su compromiso con la paz no es retórica vacía, sino una línea de acción que se materializa tanto en la política exterior como en la interior.

La ministra Saiz no ha dudado en cargar contra el Partido Popular por lo que considera un 'encubrimiento en el caso Móstoles' y por su 'hipocresía' al 'mercadear con los derechos de las mujeres intentando alcanzar pactos ultras, diciendo que el feminismo de Vox es el feminismo del Partido Popular'. Esta afirmación refleja la estrategia del Ejecutivo de presentarse como el único garante de los derechos feministas ante lo que califica como amenazas de la derecha.

La manifestación de Madrid se enmarca en una jornada de movilizaciones en toda España, pero la presencia de altos cargos del Gobierno y el énfasis en el mensaje pacifista la convierten en el epicentro de la celebración oficial. La confluencia entre feminismo y antimilitarismo no es nueva en el movimiento, pero nunca antes había tenido un respaldo institucional tan explícito y mediatizado.

Los participantes han destacado que el feminismo es igualdad y motor de transformación social, conceptos que el Ejecutivo ha asumido como propios. La subida del SMI y las políticas de pensiones son presentadas como pruebas tangibles de que la igualdad de género no es solo un discurso, sino una política de Estado con resultados medibles.

A medida que la marcha avanzaba por el centro de Madrid, el ambiente era festivo pero reivindicativo. La presencia de banderas violetas se mezclaba con pancartas contra la guerra, creando un mosaico visual que reflejaba la diversidad de preocupaciones del movimiento. La conexión entre la lucha local por los derechos de las mujeres y la solidaridad global con las víctimas del conflicto bélico ha resonado especialmente entre las manifestantes más jóvenes.

El futuro del movimiento feminista en España parece abocar a una mayor politización y a una alianza estratégica con otros movimientos sociales, incluido el pacifista. El Gobierno, consciente de los desafíos que representan las próximas citas electorales, ha decidido abrazar esta confluencia como una forma de movilizar a su electorado y de diferenciarse de una derecha que, según sus palabras, 'mercadea con los derechos'.

La jornada ha concluido sin incidentes, dejando como saldo una imagen potente: la marea violeta no solo reclama igualdad en las calles, sino que también alza la voz contra los bombardeos en cualquier rincón del planeta. Un mensaje que, según los organizadores, debe resonar más allá del 8 de marzo y convertirse en una línea de acción permanente.

Referencias