Descubre el primer spa de Valencia: los baños árabes del Palau del Almirall

Un viaje al siglo XIV para explorar el hammàm más antiguo de la ciudad, oculto bajo un palacete gótico en el corazón del Casco Antiguo

El término spa evoca imágenes de relajación, bienestar y tratamientos basados en el agua. Según la Real Academia Española, se trata de un establecimiento que ofrece terapias de relajación utilizando principalmente agua corriente no medicinal. Esta palabra, que proviene de la ciudad belga de Spa, famosa por sus aguas curativas, ha encontrado en España una tradición milenaria que se remonta a las civilizaciones que habitaron nuestra península. En Valencia, esa huella se hace especialmente visible en los baños árabes del Palau del Almirall, un tesoro patrimonial oculto bajo las calles del Casco Antiguo.

Situado en la calle que lleva su mismo nombre, el Palau del Almirall es un edificio gótico del siglo XIV que encierra en su interior una historia fascinante. Propiedad del almirante de la Corona de Aragón, Pere de Vila-Rasa, este palacete contaba con todas las comodidades de la época: horno propio, estancias domésticas, patios y huertos. Sin embargo, su mayor joya permanece oculta bajo la superficie: un complejo de baños árabes que representa el primer spa urbano de la ciudad.

La construcción de este hammàm data de 1313, cuando el Rey Jaime II concedió licencia a la familia Vila-Rasa para edificar un baño de vapor al estilo árabe. Este tipo de instalaciones, heredadas de la cultura islámica, no solo respondían a necesidades de higiene, sino que constituían verdaderos centros sociales donde el cuerpo y el espíritu encontraban equilibrio. El proyecto se materializó en un espacio subterráneo que ha resistido el paso de los siglos, conservando gran parte de su estructura original.

El acceso a estos baños se realiza mediante un descenso por una de las esquinas del edificio, superando las dependencias administrativas que actualmente ocupa la Conselleria de Hacienda. Al llegar a la cota cero, se abre ante los visitantes un amplio vestíbulo rectangular que funcionaba como sala de descanso. Esta primera estancia, concebida como zona de transición, preparaba a los usuarios para la experiencia que les aguardaba en las cámaras interiores.

La arquitectura del hammàm sigue el modelo tradicional islámico, con diferentes estancias climatizadas que se distribuyen en torno a una sala central. Las bóvedas de ladrillo, las columnas decoradas y los sistemas de calefacción por hipocausto demuestran la sofisticación técnica alcanzada en la época. El agua, elemento fundamental, circulaba por canales y aljibes que garantizaban su renovación constante, creando un ambiente de vapor ideal para la relajación y la purificación.

Durante siglos, estos baños cumplieron su función como espacio de bienestar y convivencia. No solo eran un lugar para la higiene personal, sino que albergaban celebraciones y encuentros sociales, convirtiéndose en un punto neurálgico de la vida cultural valenciana. Las crónicas de la época mencionan tertulias, música e incluso negociaciones que se llevaban a cabo entre los vapores y las paredes de piedra.

Sin embargo, el paso del tiempo no ha sido benévolo con este patrimonio. Desde hace aproximadamente una década, los baños permanecen clausurados al público, inaccesibles para los ciudadanos y turistas que desean conocer esta joya histórica. La falta de mantenimiento y la ausencia de un plan claro de reapertura han generado preocupación entre los expertos en patrimonio y la comunidad local. La administración autonómica, responsable del edificio, no ha desvelado fechas ni condiciones para una posible rehabilitación.

El estado de conservación actual, según fuentes consultadas, es estable pero requiere intervención urgente. La humedad, el deterioro de algunas estructuras y la necesidad de adaptación a normativas modernas son los principales obstáculos. No obstante, la solidez de la construcción original y la documentación histórica disponible facilitarían cualquier proceso de restauración.

El valor de estos baños trasciende lo arquitectónico. Representan un testimonio excepcional de la convivencia cultural en la Valencia medieval, donde las tradiciones islámicas se integraron en la sociedad cristiana post-conquista. Su existencia demuestra que el legado árabe no se limitó a murallas y monumentos, sino que permeó las costumbres cotidianas, las prácticas de salud y los espacios de ocio.

En comparación con otros hammàms de la península, como los de Granada, Córdoba o Girona, los baños del Palau del Almirall ofrecen una particularidad única: su ubicación en un palacio privado de la aristocracia medieval. Mientras que la mayoría de estos espacios eran públicos o dependían de mezquitas, los valencianos formaban parte de una residencia señorial, lo que habla de la importancia que se concedía al bienestar personal en las élites de la época.

La posible reapertura de estos baños genera expectación. Expertos en turismo cultural y patrimonial ven en ellos una oportunidad única para diversificar la oferta de la ciudad, complementando los atractivos más conocidos como la Catedral, la Lonja o la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Un spa histórico en funcionamiento, aunque con fines turísticos y culturales, podría convertirse en un referente nacional.

Mientras tanto, los valencianos y visitantes deben conformarse con contemplar la fachada del Palau del Almirall, sin sospechar el tesoro que yace bajo sus pies. La calle Palau, con su encanto medieval, guarda el secreto de un espacio donde el tiempo parece haberse detenido en el siglo XIV, entre vapores, mármol y la sabiduría de una civilización que entendía el cuerpo como templo del espíritu.

La conservación del patrimonio no es solo una cuestión de ladrillos y mortero, sino de memoria colectiva. Los baños árabes del Palau del Almirall son un recordatorio tangible de que Valencia ha sido, a lo largo de su historia, un cruce de culturas, tradiciones y conocimientos. Su reapertura no solo enriquecería el panorama cultural de la ciudad, sino que reforzaría la identidad de un lugar que ha sabido integrar sus múltiples capas históricas.

En un momento en el que el turismo de experiencias y el bienestar cobran protagonismo, recuperar este espacio sería una apuesta estratégica. Imaginar un recorrido que combine la historia del hammàm con tratamientos inspirados en las tradiciones árabes, respetando el entorno patrimonial, abre un abanico de posibilidades. No se trata de convertir el monumento en un spa moderno, sino de interpretar su función original para acercarla al público contemporáneo.

La tarea pendiente es considerable. Requiere voluntad política, inversión económica y un proyecto riguroso que conjugue conservación, accesibilidad y sostenibilidad. Pero el resultado justificaría el esfuerzo: devolver a Valencia un espacio único, donde el agua vuelva a fluir por los canales medievales y los ciudadanos puedan conectar con su pasado de forma directa y sensorial.

Mientras se toman decisiones, los baños permanecen en silencio, esperando. Sus paredes han visto pasar siete siglos de historia, han escuchado conversaciones en árabe, catalán y castellano, han acogido a nobles y plebeyos, han resistido guerras, inundaciones y transformaciones urbanas. Ahora solo necesitan un empujón para volver a la vida, para contar su historia a quienes están dispuestos a escucharla entre sus vapores.

El futuro de este patrimonio está en nuestras manos. La sociedad valenciana tiene la oportunidad de reclamar la apertura de un espacio que les pertenece por derecho histórico. Los baños árabes del Palau del Almirall no son solo un monumento, son un legado vivo que espera su reencuentro con la ciudad que lo vio nacer.

Referencias