La derrota cosechada por el Real Zaragoza en la difícil cancha de Andorra ha desencadenado una crisis institucional sin precedentes en la entidad maña. Lo que podría haber sido un simple tropiezo futbolístico se ha convertido en el detonante de una situación que pone en jaque a las figuras más visibles del organigrama deportivo: el entrenador Rubén Sellés y el director deportivo Txema Indias. Ambos se encuentran contra las cuerdas en un escenario donde los números, el juego exhibido y la creciente presión social han creado una tormenta perfecta.
El técnico valenciano, que llegó al banquillo zaragocista en noviembre con el objetivo de revitalizar un proyecto estancado, vive ahora su momento más vulnerable. Los resultados no han acompañado las expectativas generadas, y la falta de identidad futbolística del equipo ha generado un descontento creciente entre la afición. Aunque desde la directiva se intenta transmitir una falsa calma y se habla de confianza en el cuerpo técnico, la realidad es que el tiempo se agota y las opciones se reducen drásticamente.
La próxima jornada ante el Burgos, programada para el próximo sábado en el Ibercaja Estadio, se ha convertido en una auténtica final para Sellés. Se trata de su última bala, la oportunidad definitiva para demostrar que el proyecto tiene rumbo y que los malos resultados son solo una mala racha pasajera. Un nuevo fracaso podría significar el final de su etapa en el club, algo que ya se baraja abiertamente en los pasillos de la institución.
Sin embargo, la crisis no afecta únicamente al entrenador. Txema Indias, el director deportivo, también se encuentra en una situación límite. Su gestión en la confección de la plantilla y en las decisiones estratégicas está siendo cuestionada seriamente. La falta de resultados deportivos pone en entredicho su trabajo y muchas voces dentro del club consideran que cualquier cambio en el banquillo debería ir acompañado de una reestructuración en la dirección deportiva.
En este contexto de incertidumbre, la figura de Mariano Aguilar cobra una relevancia fundamental. Este consejero, siempre en la penumbra y moviéndose tras los telones del club, es quien realmente tripula las decisiones deportivas en estos momentos. Su influencia es máxima y su criterio será determinante para decidir el futuro inmediato de Sellés e Indias. Aguilar opera siempre en la sombra, lejos de los focos mediáticos, pero su poder dentro de la SAD es indiscutible.
La toma de decisiones en el Real Zaragoza es especialmente compleja debido a su heterogénea estructura de propiedad. Por un lado, están los ejecutivos afincados en Madrid, que gestionan el día a día de la sociedad anónima deportiva. Por otro, el presidente Jorge Mas, quien reside en Miami y marca la línea estratégica a largo plazo desde la distancia. Esta dualidad geográfica y funcional genera una cadena de mandos complicada donde las decisiones deben ser consensuadas entre diferentes actores, lo que ralentiza los procesos y dificulta la agilidad necesaria en momentos de crisis.
Mientras se debate el futuro del técnico y del director deportivo, en la recámara ya se prepara una alternativa. David Navarro aparece como la opción más viable para sustituir a Sellés en caso de que el resultado contra el Burgos no sea favorable. Su conocimiento del club y de la dinámica del vestuario lo convierten en un candidato natural, aunque su llegada también dependerá de los movimientos que se produzcan en la dirección deportiva.
El partido contra el Burgos no es solo un duelo de tres puntos en la tabla. Es un cruce de destinos donde se juega mucho más que la posición en la clasificación. Sellés necesita no solo ganar, sino también convencer con una imagen de equipo sólido y competitivo. La presión es máxima y el margen de error es inexistente. Cada decisión táctica, cada cambio, cada gesto en el banquillo será analizado al milímetro por una afición desesperada por ver a su equipo competir con garantías.
La situación de Txema Indias añade otra capa de complejidad al escenario. Si el club decide despedir al entrenador, ¿debe también cesar al director deportivo? Muchos argumentan que la continuidad de Indias con un nuevo técnico sería incoherente, mientras que otros consideran que su trabajo va más allá de los resultados inmediatos. La decisión final dependerá del criterio de Aguilar y de cómo valore la propiedad el trabajo realizado en las últimas temporadas.
El descontento social es otro factor que no puede ignorarse. La afición del Real Zaragoza es exigente y no entiende de medias tintas. Las críticas en redes sociales, los murmullos en las peñas y la falta de ilusión generalizada son señales de alarma que la directiva no puede pasar por alto. Un club de la historia y la entidad del Zaragoza no puede permitirse estar en una situación de permanente precariedad deportiva.
La complejidad de la cadena de mandos en la SAD zaragocista también juega en contra de la agilidad necesaria. Las decisiones deben pasar por múltiples filtros: el consejero Aguilar, los ejecutivos de Madrid, el presidente Mas en Miami. Esta estructura, diseñada para garantizar el control y la estabilidad, se convierte en una traba cuando se necesitan soluciones rápidas y contundentes.
El futuro inmediato del Real Zaragoza pasa por el resultado del sábado. Una victoria podría dar un respiro temporal, aunque no resolvería los problemas estructurales. Una derrota, por el contrario, desencadenaría una reestructuración profunda que afectaría a múltiples estratos del organigrama. El club se encuentra en un punto de inflexión donde cada paso será crucial para las próximas temporadas.
La figura de Mariano Aguilar será clave en las próximas horas. Su capacidad para leer la situación, ponderar los riesgos y tomar decisiones firmes marcará el rumbo del club. Aguilar sabe que cualquier movimiento tendrá consecuencias a corto y medio plazo, y que la estabilidad no se consigue con cambios continuos, pero tampoco con la inacción ante una evidencia clara de fracaso.
El Real Zaragoza vive una de sus crisis más profundas en los últimos años. La combinación de malos resultados, falta de identidad deportiva y descontento social ha creado un caldo de cultivo perfecto para el cambio. Sellés e Indias saben que el reloj corre en su contra y que solo una victoria contundente y convincente contra el Burgos podría alterar el curso de los acontecimientos.
Mientras tanto, David Navarro espera su oportunidad. Conoce el club a la perfección, sabe lo que significa vestir la camiseta maña y entiende la exigencia de la grada. Su posible llegada al banquillo no sería una solución mágica, pero sí una apuesta por la continuidad y el conocimiento del entorno, algo que en momentos de crisis puede ser más valioso que cualquier revolución.
El próximo sábado será un día decisivo en la historia reciente del Real Zaragoza. Más allá de los tres puntos en juego, se decidirán destinos profesionales, se trazarán líneas estratégicas y se definirá el rumbo de un club que no puede permitirse más errores. La pelota está en el campo de Sellés e Indias, pero la decisión final está en manos de Aguilar y la propiedad. El tiempo se agota y la última bala está a punto de ser disparada.