Dos figuras legendarias del cine cubano, Jorge Perugorría y Mirtha Ibarra, han desembarcado en el Festival de Málaga para presentar su más reciente colaboración cinematográfica. Se trata de "Neurótica anónima", un proyecto que trasciende la simple ficción para convertirse en un sincero alegato a favor del séptimo arte y la resistencia cultural. La cinta, dirigida y coescrita por Perugorría con Ibarra como coautora y protagonista absoluta, explora las vicisitudes de una mujer cuya vida ha estado ligada irremediablemente a una sala de cine a punto de desaparecer.
El filme nos sumerge en la historia de Iluminada, una acomodadora que ha dedicado más de treinta años de su existencia al cine Cuba, un emblemático espacio cinematográfico que ahora enfrenta su cierre definitivo. Su matrimonio con un hombre alcohólico y dominante la ha sumido en una existencia insatisfactoria, lejos de los sueños juveniles que alguna vez alimentó. La desaparición de su lugar de trabajo se convierte en el detonante que la obliga a confrontar su pasado, sus frustraciones y esa aspiración truncada de convertirse en actriz que ha mantenido reprimida durante décadas.
Este drama personal se desarrolla en un contexto social particularmente complejo: la Habana contemporánea, asfixiada tanto por el bloqueo estadounidense como por lo que los cineastas describen como una pandemia de salud mental que afecta a la población. La película no elude estas realidades, sino que las integra como parte esencial del telón de fondo emocional y político de la narrativa.
El origen de este proyecto se remonta a una década atrás, cuando Mirtha Ibarra escribió una obra teatral que ya presentó en el mismo festival malagueño. "Precisamente la estrené aquí en Málaga, con Joel Angelino, quien también participa en la versión cinematográfica", recuerda la actriz. Después de años centrada en el teatro, Ibarra sintió la necesidad de regresar al cine y planteó la idea a Perugorría, quien vio el potencial para expandir la historia. "Comencé a reescribir el guion, incorporando todas esas películas y referencias cinematográficas que significan tanto para la protagonista, ya que están intrínsecamente ligadas a su historia personal y sus neurosis", explica el director.
La transformación de la obra teatral a lenguaje cinematográfico implicó una profunda reelaboración donde el cine mismo se convierte en personaje. Las referencias fílmicas no son meros homenajes, sino elementos narrativos que configuran la psicología de Iluminada, moldeando sus expectativas, sus decepciones y su visión del mundo.
Para Jorge Perugorría, esta cinta representa algo más que un simple proyecto profesional. "Es una carta de amor a nuestra amistad y complicidad, a todas estas décadas trabajando codo con codo, desde mucho antes de 'Fresa y chocolate' (1993)", confiesa el cineasta. Su relación con Ibarra se ha consolidado como una de las colaboraciones más fructíferas y duraderas del cine iberoamericano. "Para mí es un honor ser amigo de Mirtha, una de las actrices más icónicas y queridas del cine cubano, con la que he tenido la suerte de contar en casi todas las películas que he dirigido", añade con evidente cariño.
El proceso de filmación resultó ser una empresa de resistencia creativa. "Fue un rodaje extenuante, porque disponíamos de muy pocos días para completar la producción, y Mirtha es la protagonista absoluta en prácticamente cada escena", reconoce Perugorría. Sin embargo, destaca la entrega inquebrantable de su compañera: "Ella no se quejó ni una sola vez. Es el ejemplo vivo del amor por la interpretación".
Mirtha Ibarra, por su parte, define la película como "una carta de amor al cine y a la manera de amar al cine. Algo que aprendí de Tomás Gutiérrez Alea". Esta declaración sitúa la obra en el linaje de la mejor tradición cinematográfica cubana, heredera de maestros como Alea, quien supo conjugar compromiso social y profundidad artística.
El personaje de Iluminada encarna una metáfora poderosa sobre la redención a través del arte. "Uno de los aspectos más hermosos de este personaje es que, en su intento por salvar el cine, termina salvándose a sí misma", analiza Perugorría. La protagonista rompe con una existencia sometida a un marido machista e intolerante que ha sistemáticamente frustrado sus ambiciones artísticas. Al luchar por preservar el espacio cinematográfico, recupera la fuerza de esa joven que un día desafió a su familia para perseguir el sueño de la actuación. "Me parece muy bella la metáfora de que intentando salvar al cine se salve ella misma", reflexiona el director.
Esta dualidad entre salvación individual y colectiva atraviesa toda la película. El cierre del cine Cuba no es solo la pérdida de un edificio, sino la desaparición de un espacio de identidad, memoria y resistencia cultural. Iluminada lucha por el cine porque es, literalmente, luchar por su propia supervivencia emocional y espiritual.
El contexto de producción resulta paradigmático de las dificultades que atraviesa la industria cinematográfica cubana actual. Perugorría no duda en señalar las barreras materiales: "La semana pasada iba a iniciar el rodaje de otra película, pero a pesar de tener todo preparado tuvimos que detener la producción. No podemos filmar porque no hay combustible". Esta situación extrema ilustra las limitaciones bajo las cuales operan los creadores en la isla.
El director expande esta reflexión hacia una dimensión más amplia: "La película también funciona como metáfora de esa crisis que arrastramos desde hace tanto tiempo, que nos lleva casi a vivir una especie de pandemia de salud mental". La obra convierte así la experiencia individual de su protagonista en un reflejo de la condición colectiva cubana, donde la escasez material y la presión política generan secuelas psicológicas profundas.
"Neurótica anónima" se presenta, por tanto, como un acto de fe cinematográfica. En medio de la adversidad, Perugorría e Ibarra han logrado materializar un proyecto que celebra la resistencia del arte y la posibilidad de la redención personal. La película no se limita a denunciar las dificultades, sino que propone el cine mismo como terapia, como espacio de sanación y como herramienta para reconstruir la identidad.
La presencia del filme en el Festival de Málaga cobra especial relevancia. No solo porque el certamen ha sido testigo del nacimiento teatral del proyecto hace una década, sino porque representa una ventana al cine cubano contemporáneo, a sus desafíos y a su inagotable capacidad de creación. Los cineastas cubanos encuentran en Málaga un espacio de diálogo y visibilidad crucial para sus producciones.
La película invita a la reflexión sobre el papel del cine en la sociedad moderna. En una era dominada por las plataformas digitales y la desaparición de las salas tradicionales, "Neurótica anónima" defiende la experiencia cinematográfica como ritual colectivo, como memoria viva y como posibilidad de transformación personal. Iluminada no solo quiere salvar un edificio; quiere preservar una forma de entender la vida, de soñar y de resistir.
La obra también plantea cuestiones sobre el género y la opresión doméstica. El marido de Iluminada representa un arquetipo de control masculino que ha limitado el desarrollo femenino durante generaciones. La liberación de la protagonista pasa por reconectar con su vocación artística, subvirtiendo así las expectativas patriarcales que la han mantenido cautiva.
En definitiva, "Neurótica anónima" es mucho más que una película sobre una mujer y un cine. Es un documento emocional sobre la resistencia cultural cubana, un homenaje a la amistad creativa y una declaración de principios sobre el poder redentor del arte. Perugorría e Ibarra, con décadas de trayectoria compartida, han creado una obra que habla tanto de su propia complicidad artística como de la situación de su país.
El filme se erige como testimonio de que, incluso en las circunstancias más adversas, el cine mantiene su capacidad para narrar historias que sanan, conectan y resisten. En la Habana de 2024, donde la falta de combustible puede paralizar un rodaje, "Neurótica anónima" demuestra que la verdadera energía creativa no depende de recursos materiales, sino de la pasión y el compromiso de sus creadores.