El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, afronta la segunda mitad de su séptimo mandato con la mirada puesta en dos grandes objetivos: resolver la crisis de la vivienda y culminar uno de los proyectos culturales más ambiciosos y pendientes de la ciudad, el Auditorio de la Música. En una reciente entrevista, el regidor ha vuelto a poner sobre la mesa lo que considera un "déficit histórico" para la capital costasoleña, recordando que en la década de los 80 existía una oportunidad única que la ciudad no supo aprovechar.
Durante aquellos años, el Ministerio de Cultura asumía íntegramente el coste de construcción de grandes infraestructuras musicales en las ciudades españolas. Sin embargo, Málaga no se sumó a esta iniciativa estatal, una decisión que, según De la Torre, ha marcado negativamente el desarrollo cultural de la ciudad durante décadas. "Perdimos una oportunidad dorada cuando el Ministerio los pagaba al 100%", afirma el alcalde, quien ahora ve necesario explorar vías alternativas de financiación, incluida la colaboración con el sector privado.
El futuro Auditorio de la Música, cuyas obras el alcalde confía que puedan iniciarse antes de que finalice 2026, representa para el municipio más que un simple edificio. Se trata de una infraestructura estratégica que consolidaría la posición de Málaga como referente cultural a nivel nacional e internacional. La apuesta por la financiación privada, no obstante, genera debate sobre el modelo de gestión cultural y la sostenibilidad a largo plazo de equipamientos de esta envergadura.
Málaga, ciudad de referencia y sus desafíos
El regidor malagueño reconoce que la capital ha experimentado una transformación sin precedentes que la ha convertido en objeto de deseo para inversiones, empresas tecnológicas y turismo de calidad. Aunque algunos califican este fenómeno como "estar de moda", De la Torre prefiere hablar de "ciudad excelente" y de una metamorfosis basada en decisiones estratégicas y planificación a largo plazo.
Este auge, sin embargo, no está exento de complejidades. La popularidad de Málaga ha disparado la demanda de vivienda, encareciendo el mercado inmobiliario y generando tensiones sociales. El alcalde identifica el acceso a la vivienda como el "objetivo número uno" de su gestión actual, conscientes de que la escalada de precios amenaza la esencia de la ciudad y la capacidad de los residentes históricos para continuar viviendo en sus barrios.
La llegada masiva de nuevos residentes y trabajadores, especialmente en sectores como la tecnología —donde actualmente hay unas 2.000 vacantes sin cubrir—, la hostelería y la construcción, ha creado una presión adicional sobre el mercado residencial. De la Torre advierte que si la ciudad no gestiona correctamente este crecimiento, los beneficios de la transformación podrían convertirse en una carga insostenible para la población local.
Formación local como palanca de desarrollo
Uno de los ejes fundamentales de la estrategia municipal radica en la apuesta por la formación de los jóvenes malagueños. El alcalde insiste en que las oportunidades laborales que genera el auge de la ciudad deben beneficiar primero a los residentes locales. Para ello, considera imprescindible fortalecer la educación reglada, la Formación Profesional (FP) y los programas de especialización que respondan a las demandas del mercado actual.
"Quiero que, por pura lógica, sean primero los malagueños", enfatiza De la Torre, quien ve en la capacitación local la clave para evitar que los puestos de trabajo se ocupen exclusivamente por talento procedente de otras regiones. Esta política de "malagueños primero" no solo busca garantizar el empleo local, sino también mitigar el impacto de la demanda de vivienda, ya que una población estable y bien remunerada tiene más capacidad de acceso al mercado inmobiliario.
El reto es considerable: la competencia por el talento cualificado es feroz, y Málaga debe ofrecer no solo oportunidades laborales, sino también condiciones de vida atractivas y asequibles. La estrategia pasa por crear un ecosistema educativo y formativo de calidad que funcione como imán para los jóvenes malagueños y evite la fuga de cerebros hacia otras capitales.
El equilibrio entre crecimiento y sostenibilidad
El alcalde es consciente de que una ciudad en el foco internacional enfrenta ventajas e inconvenientes en igual medida. Por un lado, la inversión, el empleo de calidad y la proyección global son indudables. Por otro, la presión sobre los servicios públicos, el encarecimiento de la vida diaria y la posible pérdida de identidad son riesgos reales que requieren una gestión cuidadosa.
La reflexión sobre cómo mantener la esencia de Málaga mientras se abraza el progreso es un tema recurrente en el discurso municipal. De la Torre defiende que la planificación urbana, la protección de los barrios tradicionales y la creación de nuevas centralidades son herramientas clave para lograr este equilibrio. La apuesta por la innovación social y la cohesión territorial aparece como complemento necesario al crecimiento económico.
Financiación cultural y modelo de gestión
Volver al Auditorio, el debate sobre su financiación pone de manifiesto un cambio de paradigma en la política cultural española. Mientras en las décadas pasadas el Estado central asumía la totalidad de los costes, hoy las administraciones locales deben ser creativas para hacer realidad proyectos de esta magnitud. La implicación del sector privado, mediante patrocinios, mecenazgo o colaboraciones público-privadas, se presenta como la única vía viable ante la falta de recursos públicos.
Este modelo, sin embargo, plantea interrogantes sobre la independencia artística y la accesibilidad de la programación. El reto para el Ayuntamiento será diseñar un marco de colaboración que garantice que el futuro Auditorio mantenga una oferta cultural diversa, de calidad y al alcance de todos los ciudadanos, sin quedar supeditado únicamente a criterios comerciales.
El alcalde mantiene el optimismo respecto a los plazos y confía en que la obra pueda iniciarse en los próximos dos años. Esta previsión depende de múltiples factores, desde la aprobación de los proyectos ejecutivos hasta el cierre de los acuerdos de financiación. La ciudad, mientras tanto, sigue debatiendo sobre qué tipo de auditorio quiere y necesita para las próximas décadas.
Lecciones del pasado, desafíos del futuro
La reflexión sobre la oportunidad perdida en los 80 sirve como lección para la Málaga actual. La capacidad de anticiparse a las necesidades futuras y aprovechar las ventanas de oportunidad que ofrece la administración central es crucial para el desarrollo equilibrado de la ciudad. El alcalde insiste en que la planificación a largo plazo y la unión de esfuerzos entre lo público y lo privado son las claves para no repetir errores del pasado.
La transformación de Málaga es un hecho incontestable, pero su sostenibilidad depende de decisiones valientes y consensuadas. Entre la construcción del Auditorio, la gestión de la vivienda y la formación del talento local, el Ayuntamiento tiene sobre la mesa los tres pilares que definirán el futuro de la ciudad: cultura, cohesión social y oportunidades para sus habitantes.
El camino no es sencillo, pero la ambición de convertir a Málaga en una "ciudad excelente" sigue vigente. El reto ahora es materializar esa ambición sin dejar a nadie atrás, garantizando que el crecimiento beneficie a quienes han hecho posible esta transformación: los malagueños.