El reciente triunfo de Rosa Rodríguez en Pasapalabra ha desatado una ola de reacciones en España. Con un premio de 2.716.000 euros, la concursante se convirtió en la persona que más dinero ha ganado sola en un concurso de televisión en nuestro país, superando todos los registros previos. La emisión, que congregó a 3,6 millones de espectadores y alcanzó una cuota de pantalla del 36,8%, demostró que la televisión tradicional sigue teniendo capacidad para generar eventos de masas.
Sin embargo, el éxito de Rodríguez no ha estado exento de polémica. En bares y redes sociales, numerosos espectadores cuestionaron cómo era posible conocer respuestas tan específicas como la que le permitió completar el Rosco. La pregunta que desató las sospechas fue: "Apellido del jugador de fútbol americano que, en 1968, fue elegido jugador más valioso de la NFL por la agencia AP". La respuesta, Earl Morrall, resultó desconocida para la mayoría del público.
Este hecho alimentó todo tipo de teorías de conspiración: desde que los concursantes reciben el temario con antelación, hasta que la producción facilita las respuestas cuando conviene que gane un perfil determinado. Curiosamente, estas especulaciones se intensificaron precisamente porque la ganadora es una mujer inmigrante, un perfil que algunos consideraron "conveniente" para el programa.
Lo cierto es que estas teorías no son nuevas. Cuando Óscar Díaz se llevó el bote en 2021, nadie cuestionó su conocimiento sobre el arquitecto Emil Fahrenkamp, diseñador de la Villa Wenhold en Bremen. Tampoco cuando Rafa Castaño respondió correctamente sobre el matemático Hermann Minkowski y sus teorías del espacio-tiempo en cuatro dimensiones. ¿Por qué entonces la victoria de Rosa Rodríguez ha generado tanta desconfianza?
La respuesta está en el desconocimiento sobre el proceso de preparación de los concursantes. Participar en Pasapalabra no es cuestión de suerte o talento innato exclusivamente. Los concursantes se preparan durante meses, incluso años, con un método que se asemeja al de una oposición. Estudian enciclopedias, diccionarios, almanaques y bases de datos especializadas. Crean sistemas de memorización, tarjetas de estudio y realizan simulacros constantes.
El formato del Rosco incluye un patrón predecible: 21 preguntas de dificultad media-baja y 4 "cerrojos" de alta complejidad. Estas últimas son las que separan a los buenos concursantes de los grandes campeones. Los temas recurrentes en los cerrojos incluyen nombres propios de campeones deportivos olvidados, enfermedades raras, tecnicismos científicos, topónimos de localidades poco conocidas, ganadores de premios minoritarios, accidentes geográficos, elementos químicos y especies vegetales poco comunes.
La pregunta sobre Earl Morrall encaja perfectamente en este patrón. El quarterback, aunque no es una figura mítica como Tom Brady, fue clave en la temporada perfecta de los Miami Dolphins y ganó el MVP de la NFL en 1968. Para un concursante que ha repasado décadas de premiados deportivos, este dato no es tan oscuro como parece al público general.
Roberto Leal, presentador del programa, ha defendido en múltiples ocasiones la integridad del concurso. Las preguntas se elaboran en un equipo de documentalistas y se someten a procesos de verificación. Los concursantes no acceden a ellas previamente. Lo que ocurre es que, tras años de estudio, desarrollan una base de conocimiento enciclopédica que les permite responder con aparente facilidad.
El caso de Rosa Rodríguez es paradigmático. Llegó al programa con una preparación exhaustiva. Durante sus semanas de participación, demostró consistencia y dominio en diversas áreas. Su triunfo no fue un golpe de suerte, sino el resultado de dedicación, método y memoria.
Las teorías conspirativas, además de infundadas, revelan un sesgo interesante. Cuando un hombre gana con conocimientos específicos, se le considera un "experto". Cuando una mujer lo hace, algunos recurren al chisme. Este doble rasero refleja prejuicios sociales que el éxito de Rodríguez pone de manifiesto.
La lección real del bote histórico es que el conocimiento sigue teniendo valor. En una era de información instantánea y memoria a corto plazo, dedicar tiempo a aprender datos concretos puede ser rentable. Muy rentable: 2,7 millones de euros rentable.
Para quienes aspiran a seguir sus pasos, el camino está claro: estudio sistemático, constancia y familiarización con los patrones del programa. Los concursos de cultura general no premian la inteligencia abstracta, sino la memoria trabajada y la capacidad de recuperación bajo presión.
El éxito de Pasapalabra radica precisamente en esto: convertir el conocimiento en espectáculo. Y Rosa Rodríguez, lejos de ser una beneficiaria de trucos, es el ejemplo perfecto de que la preparación supera cualquier sospecha.