El Deportivo de La Coruña no pudo aprovechar su condición de local y cayó derrotado por 0-1 ante el Racing de Santander en un encuentro marcado por la expulsión de Álvaro Mantilla y la incapacidad coruñesa para transformar las ocasiones generadas. El duelo, correspondiente a la competición doméstica de segunda división, dejó un sabor amargo en la parroquia deportivista que vio cómo los suyos desperdiciaron numerosas oportunidades para al menos rescatar un empate.
Desde el inicio del compromiso, el ritmo fue intenso pero desordenado. Ambos conjuntos mostraron imprecisiones en la elaboración, lo que derivó en una primera mitad con más lucha que fútbol. Las faltas se sucedieron con insistencia, interrumpiendo constantemente el flujo del juego y dificultando que ninguno de los dos equipos pudiera imponer su dominio territorial de forma clara. El árbitro tuvo trabajo temprano, mostrando tarjetas amarillas que reflejaban la dureza del encuentro.
La segunda mitad trajo consigo más emoción, pero también más frustración para los locales. El Racing de Santander logró adelantarse en el marcador en una jugada aislada que aprovechó la relajación defensiva del Deportivo. A partir de ese momento, el guion del partido cambió radicalmente. El conjunto gallego se vio obligado a salir en busca del empate, mientras el cuadro cántabro se replegó para proteger su ventaja.
El momento decisivo llegó cuando Álvaro Mantilla vio la tarjeta roja directa, dejando a su equipo con diez hombres en el tramo final del encuentro. Esta circunstancia debería haber sido una ventaja decisiva para el Deportivo, que disponía de más efectivos sobre el campo para asediar la portería rival. Sin embargo, la realidad fue bien distinta. Los de Riazor mostraron una falta de ideas preocupante y una incapacidad crónica para finalizar las jugadas con acierto.
Las ocasiones más claras para el cuadro local llegaron a través de Charlie Patino y Yeremay Hernández. El primero tuvo una oportunidad de oro con un remate desde el lado izquierdo del área que se marchó rozando el poste, mientras que el segundo intentó suerte desde fuera del área pero sin fortuna. Stoichkov también tuvo su opción desde el centro del área, pero el balón se perdió por la derecha de la portería sin crear peligro real. Estos fallos en momentos clave condenaron al Deportivo a una derrota que sabe a poco.
Por su parte, el Racing demostró una solidez defensiva admirable, especialmente tras la expulsión. Los jugadores cántabros se entregaron en cada disputa, sacrificando cuerpo y alma para mantener su arco en cero. Las tarjetas amarillas se acumularon para los visitantes: Gustavo Puerta, Marco Sangalli y Charlie Patino vieron la cartulina amarilla por entradas peligrosas que el colegiado no dudó en sancionar. La defensa del Racing, liderada por su capitán, supo sufrir y aguantar la presión local en los minutos finales.
El entrenador del Deportivo movió el banquillo en busca de soluciones. Las entradas de Sergio Escudero y Charlie Patino intentaron dar frescura al ataque, pero los cambios no surtieron el efecto deseado. La falta de acierto fue un mal endémico que no se pudo curar con las sustituciones. Por su parte, el técnico del Racing también realizó modificaciones tácticas, introduciendo a Javi Castro, Suleiman Camara y Maguette Gueye para reforzar el medio campo y la delantera, buscando contragolpes que mataran el partido.
El tiempo añadido, que ascendió a seis minutos, fue un suplicio para los visitantes y una oportunidad de oro para los locales. El Deportivo dispuso de varios córners consecutivos que no supo aprovechar, mientras que el Racing se defendió con uñas y dientes. La pelota no quiso entrar, y cuando lo hizo, el colegiado anuló la jugada por fuera de juego de Stoichkov, una decisión que generó protestas entre los aficionados presentes en el estadio.
El análisis del encuentro revela problemas estructurales en el conjunto coruñés. La falta de un delantero referente que transforme las ocasiones en goles es una carencia que se hace evidente partido tras partido. La creación de juego no es el problema, ya que el equipo genera ocasiones, pero la definición es pésima. Por el contrario, el Racing demostró que con una defensa bien ordenada y un golpe de efectividad puede sacar puntos de cualquier estadio.
La expulsión de Mantilla, lejos de ser un handicap, se convirtió en un factor motivacional para el equipo cántabro, que se sintió más unido que nunca. La capacidad de sacrificio y el trabajo colectivo fueron las claves para mantener la ventaja. Los jugadores del Racing entendieron perfectamente que el fútbol no siempre se gana con dominio, sino con eficacia.
Para el Deportivo, esta derrota supone un revés importante en sus aspiraciones de ascenso. Dejar escapar puntos en casa ante un rival directo es un error que puede pagar caro al final de la temporada. El equipo necesita reflexionar urgentemente sobre sus problemas de cara al gol y encontrar soluciones antes de que la distancia con los puestos de privilegio sea insalvable. La afición, que apoyó sin descanso durante los noventa minutos, se fue del estadio con una sensación de frustración justificada.
El campeonato es largo y quedan muchas jornadas por delante, pero los partidos contra rivales directos marcan mucho las diferencias. El Racing se lleva tres puntos de oro que le sientan como anillo al dedo, mientras que el Deportivo debe levantarse rápido si no quiere perder el tren de la promoción. La próxima jornada será crucial para ambos conjuntos, que necesitan sumar de tres en tres para mantenerse en la pelea por los objetivos marcados a principio de temporada.
La lección del partido es clara: en fútbol, no basta con tener la posesión ni con generar ocasiones. Es imprescindible ser efectivo y saber sufrir cuando las circunstancias lo requieren. El Racing demostró tener esas cualidades, mientras que el Deportivo sigue buscando su identidad en un campeonato que no perdona los errores. La temporada está lejos de acabar, pero cada partido es una final, y en esta ocasión, los cántabros supieron jugar mejor sus cartas.