Albert Serra ha conseguido lo que parecía imposible: colocar el cine más radical y experimental en el corazón de la industria cinematográfica española. Su documental Tardes de soledad, una mirada introspectiva al mundo de la tauromaquia a través de la figura del torero Andrés Roca Rey, le ha valido una histórica nominación a los premios Goya en la categoría de Mejor Director. Un logro sin precedentes, ya que es el primer creador en recibir tal reconocimiento con una obra documental en toda la historia de estos galardones.
La película, estrenada en septiembre de 2024 durante el Festival de San Sebastián, no ha dejado indiferente a nadie. Su capacidad para generar repulsa y fascinación simultáneamente ha convertido a Serra en uno de los cineastas más controvertidos y discutidos del momento. Sin embargo, el propio director se muestra ajeno a las expectativas y al impacto mediático. "Nunca pensé en lo que le pasaría a esta película ni cómo sería. Yo no pienso en esos términos", afirma con la mezcla de convicción y provocación que le caracteriza.
En una entrevista reciente con un grupo reducido de periodistas españoles en el hotel Dorint de Berlín, con motivo de los Premios del Cine Europeo, Serra reflexionó sobre su trayectoria y su particular visión del séptimo arte. Su película competía simultáneamente en las categorías de documental y obra dramática, una doble nominación que, aunque no se tradujo en premio, consolidó su posición como creador único en el panorama cinematográfico.
La filosofía de Serra se aleja radicalmente de los convencionalismos de la industria. Para él, el cine no es un producto de consumo masivo, sino una forma de expresión auténtica y personal. "No es lo mismo estar trabajando para la gloria que estar trabajando para ganar dinero", sentencia. Esta frase resume su postura vital: la motivación artística supera con creces cualquier ambición comercial. "La motivación es otra, las dificultades de la vida las encajas de otra manera. Lo otro si no hay dinero, ya se acabó y todo es un valle de lágrimas", añade, evidenciando su rechazo al pragmatismo empresarial que domina gran parte del sector.
El cineasta, actualmente afincado en Bilbao, defiende con vehemencia el underground como el espacio más genuino para la creación. "Eso no me preocupa demasiado [llegar a mucho público], siempre se está mejor en el underground. Se está más cómodo", explica. Esta postura no es una pose, sino el resultado de una carrera construida al margen de los circuitos comerciales, donde el riesgo y la experimentación han sido sus señas de identidad.
Mientras disfruta de este reconocimiento inédito, Serra ya trabaja en su próximo proyecto: Out of this world, una película que explorará el viaje de una delegación estadounidense a Rusia en plena guerra de Ucrania. El propio director admite la incertidumbre creativa que rodea esta obra: "No sé si será una comedia o política, no sé si será una farsa o una cosa visionaria. No tengo ni idea de cuál va a ser el mensaje de mis películas, yo solo escojo las mejores imágenes o las que me atraen a mí personalmente".
Esta actitud refleja su método de trabajo, basado en la improvisación y la intuición más que en la planificación meticulosa. "No soy como otros que ya tienen la película hecha hace medio año y están allí durmiendo y pensando. No, yo en el último momento, que es una gran virtud española: la improvisación y la anarquía", afirma con orgullo. Para Serra, esta forma de crear es "todo lo contrario a lo que pasa en otros lugares de Europa. No hay que prever tanto, joder porque al final no vives. Si todo es preparación de la vida, no hay vida".
La trayectoria de Serra se entrelaza curiosamente con la de otro cineasta español: Oliver Laxe. Ambos han crecido alejados de lo comercial, profundizando en lo radical y compartiendo experiencias en el extranjero. En 2019, coincidieron en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, donde presentaron Liberté y Lo que arde respectivamente. Sin embargo, Serra se distancia de cualquier comparación: "Yo no voy con nadie más que conmigo mismo, no me metáis en el saco de otras personas".
Esta declaración de independencia define su carrera. Mientras otros cineastas buscan el reconocimiento popular o el éxito en taquilla, Serra construye un universo propio, donde la autenticidad y el riesgo son los únicos valores que importan. Su nominación a los Goya no representa una traición a sus principios, sino la conquista de un territorio inexplorado para el cine experimental.
El impacto de Tardes de soledad trasciende lo cinematográfico para convertirse en un fenómeno cultural. Una película sobre la tauromaquia, un tema profundamente español, ha logrado resonar en el ámbito internacional, convirtiendo un hecho nacional en un fenómeno global. Esta capacidad de universalizar lo particular es quizás el mayor logro de Serra como artista.
En un momento en que la industria del cine parece dominada por franquicias, superhéroes y algoritmos de streaming, la figura de Albert Serra representa una resistencia creativa. Su éxito demuestra que existe espacio para el cine de autor, para la experimentación y para las voces que se atreven a desafiar el statu quo.
La carrera de Serra es un recordatorio de que el verdadero arte no se mide en taquilla ni en seguidores en redes sociales, sino en la capacidad de provocar, cuestionar y abrir nuevas vías de expresión. Su nominación a los Goya no es solo un reconocimiento personal, sino una victoria para todo el cine independiente y underground español.
Mientras prepara Out of this world y disfruta de este momento de reconocimiento, Albert Serra permanece fiel a su esencia: un creador inquieto, impredecible y radicalmente auténtico. Su legado no se escribirá en los libros de taquilla, sino en la memoria de aquellos que buscan en el cine algo más que mero entretenimiento: una ventana a la verdad, por incómoda que esta pueda resultar.