La victoria del Atlético de Madrid frente al Real Mallorca dejó mucho más que tres puntos en juego. Dentro del vestuario rojiblanco, la actuación de Thiago Almada está generando un debate interno que podría redefinir las rotaciones de Diego Simeone en las próximas jornadas. El mediocampista argentino, que partió desde el banquillo, demostró en apenas unos minutos por qué su talento sigue siendo una de las grandes apuestas del club para el presente y el futuro.
El futbolista surgido de Fuerte Apache aprovechó al máximo su tiempo en el campo para marcar su tercer gol en LaLiga esta temporada, consolidando una efectividad que llama poderosamente la atención cuando se analizan los números con detenimiento. Su tanto ante los baleares se suma a los que ya había conseguido contra Osasuna y Sevilla, demostrando una capacidad de llegada a la zona de definición que el equipo necesita desesperadamente en momentos clave.
Lo más significativo de la actuación de Almada no fue únicamente el gol, sino la solidez técnica y la personalidad que desplegó cada vez que tocó el balón. Sus movimientos entre líneas, la calidad en el último pase y la determinación en los metros finales son cualidades que no han pasado desapercibidas para el cuerpo técnico ni para la afición que llena el Estadio Metropolitano. Cada intervención suya genera expectación y, sobre todo, resultados.
En una semana donde los rumores sobre su futuro comenzaban a ganar fuerza, el propio Almada tomó la iniciativa para cortar cualquier especulación. En una entrevista concedida a AFA Play, el argentino fue tajante: "Me voy a quedar en el Atlético de Madrid, quiero demostrarle al entrenador que me merezco los minutos". Esta declaración de intenciones no solo refleja su compromiso con la entidad, sino que también establece un desafío directo a sus competidores por una plaza en el once titular.
Precisamente, esa competencia directa tiene nombre y apellidos: Álex Baena. El centrocampista andaluz, llegado con gran expectación tras su brillante temporada en el Villarreal, atraviesa por un momento complicado en su adaptación al sistema de Simeone. A pesar de contar con la confianza del Cholo, los números no acompañan su titularidad.
Baena suma ya seis encuentros consecutivos sin ver portería ni registrar asistencias, una sequía preocupante para un futbolista cuyo perfil ofensivo debería ser su principal carta de presentación. Su última participación directa en un gol se remonta al duelo ante el FC Barcelona en el Camp Nou, antes de la lesión que lo mantuvo alejado de los terrenos de juego. Desde entonces, su contribución al juego ofensivo del Atlético ha sido discreta, por no decir insuficiente.
Las estadísticas en LaLiga hablan por sí solas. Baena ha disputado 20 partidos y acumula 1.024 minutos sobre el césped, tiempo más que suficiente para haber dejado una huella más profunda. Sin embargo, su bagaje se limita a dos goles y una asistencia, cifras que distan mucho de los 7 tantos y 10 pases de gol que firmó la pasada campaña con el Villarreal. La diferencia es abismal y plantea interrogantes sobre su rendimiento actual.
Aquí es donde la comparación con Almada se vuelve inevitable y, para el argentino, extremadamente favorable. Con 298 minutos menos sobre el campo, el sudamericano ya ha superado el número de goles de su compañero. Esta eficiencia escandalosa no es fruto de la casualidad, sino el reflejo de un futbolista que aprovecha cada segundo para demostrar su valor.
El perfil de Almada aporta soluciones diferentes al ataque colchonero. Su capacidad para jugar entre líneas, asociarse en espacios reducidos y llegar con peligro desde la segunda línea son características que el Atlético necesita explorar más a fondo. Mientras tanto, Baena parece encasillado en una dinámica donde su talento no termina de explotar por completo dentro del esquema de Simeone.
La situación genera un dilema interesante para el cuerpo técnico. Por un lado, Baena cuenta con el respaldo explícito del entrenador, que lo ha situado como titular en múltiples ocasiones pese a la falta de efectividad. Por otro, Almada levanta la mano con cada intervención, exigiendo con hechos una oportunidad más amplia que le permita demostrar su capacidad de manera continuada.
El mensaje del argentino es claro: si las lesiones le respetan, está preparado para convertirse en una pieza fundamental en el tramo decisivo de la temporada. Su actitud, combinada con su talento indiscutible, podrían obligar a Simeone a replantearse la jerarquía en la zona de creación del equipo.
El contexto de la temporada también juega a favor de Almada. El Atlético necesita variantes ofensivas frescas, especialmente en los momentos donde el plan A no funciona. La versatilidad del argentino para desempeñarse en varias posiciones del ataque lo convierte en un recurso valioso para los objetivos del club en competiciones domésticas y europeas.
Para Baena, el reto es superar esta crisis de confianza y demostrar por qué el club invirtió en su fichaje. La calidad no se discute, pero el rendimiento sí. En el fútbol moderno, los minutos se ganan con impacto inmediato, y actualmente Almada supera con creces a su competidor en este aspecto.
La afición rojiblanca ya ha comenzado a hacerse eco de esta situación en redes sociales, donde los comentarios elogiando la efectividad de Almada se multiplican. El sentimiento general es que el argentino merece una oportunidad más consistente, mientras que Baena necesita un punto de inflexión que reactive su versión más brillante.
Lo que está claro es que la competencia interna solo puede beneficiar al colectivo. Si Almada mantiene esta progresión y Baena logra recuperar su mejor nivel, el Atlético de Madrid contará con dos futbolistas de gran talento para decidir los partidos más importantes. La clave estará en cómo Simeone gestione esta situación y si decide premiar la efectividad por encima de la continuidad.
El gol ante el Mallorca fue más que tres puntos. Fue una declaración de intenciones, un aviso directo y una demostración de que el talento, cuando se combina con oportunidad, puede cambiar el rumbo de una temporada entera. Almada lo sabe, Baena lo siente y Simeone deberá tomar una decisión que podría marcar el futuro inmediato del equipo.