Tasmania: guía completa de 10 días por la isla australiana

Descubre los paisajes virgenes, la fauna única y los encantos coloniales de Tasmania en un recorrido circular de diez días desde Launceston.

Tasmania, ese territorio insular que se extiende frente a las costas meridionales de Australia, representa uno de los destinos más cautivadores del hemisferio sur. Con una superficie comparable a la de la República de Irlanda, esta isla dista mucho de ser una mera prolongación de su país continental. Posee una identidad propia, marcada por paisajes que parecen surgidos de cuentos de hadas, una biodiversidad excepcional y un ritmo de vida que invita a la contemplación. Un recorrido circular de diez días resulta ideal para captar la esencia de este rincón del planeta, aunque, advertimos desde ya, despertará un deseo irrefrenable de prolongar la estancia.

El punto de partida perfecto es Launceston, la segunda ciudad más poblada de Tasmania, ubicada en el sector norteño. Desde aquí, los vuelos procedentes de Melbourne conectan con facilidad. La urbe se despliega en un escenario montañoso donde confluyen tres cursos fluviales: el North Esk, el South Esk y el Tamar. Sus calles inclinadas, bordeadas por construcciones de madera centenarias, y sus vastos parques verdes la convierten en un destino amable y accesible. Recorrerla a pie resulta un placer, especialmente en primavera cuando los jardines despliegan su máximo esplendor.

A escasa distancia se extiende el Tamar Valley, una de las regiones vinícolas más prestigiosas de la isla. Los viñedos se distribuyen en laderas suaves que descienden hacia el río, produciendo vinos de notable calidad, particularmente sauvignon blanc de perfil aromático y fresco. Las bodegas familiares abren sus puertas para degustaciones que combinan la excelencia del vino con vistas panorámicas. Este territorio representa el primer contacto con la vocación gastronómica de Tasmania, donde el producto local y la pasión por la cocina sostenible definen la identidad culinaria.

Hacia la costa este, el viaje continúa durante aproximadamente dos horas y media hasta llegar a Bicheno, un pueblo pesquero que funciona como base ideal para explorar las maravillas litorales. La ruta atraviesa bosques de eucaliptos y campos donde el verde intenso domina el paisaje. Bicheno mismo, con su atmósfera relajada y sus restaurantes especializados en mariscos frescos, merece una parada pausada.

Desde este punto de apoyo, dos destinos se imponen con carácter de obligatorio. Hacia el norte, la Bay of Fires constituye uno de los escenarios costeros más fotografiados de Australia. No se trata de una bahía en llamas, como podría sugerir su nombre, sino de una extensión de arena blanca y aguas cristalinas donde enormes rocas graníticas, cubiertas por líquenes naranja intenso, crean un contraste visual espectacular. La luz del atardecer potencia este efecto cromático, haciendo que el paisaje parezca encenderse desde dentro. La sensación de aislamiento es total, con playas prácticamente desiertas donde el único sonido es el murmullo de las olas.

En dirección sur, el Parque Nacional Freycinet se extiende en una península estrecha y alargada que alberga algunas de las playas más bellas del mundo. La ruta a pie hasta el mirador de Wineglass Bay representa un esfuerzo moderado recompensado con vistas de postal: una media luna de arena blanca perfecta, aguas turquesa y el perfil de las montañas de granito rosa como telón de fondo. Los senderos que atraviesan el parque permiten observar la transición entre ecosistemas, desde matorrales costeros hasta bosques de hoja perenne donde la biodiversidad florece.

La fauna autóctona constituye otro pilar de la experiencia tasmana. A ocho minutos en vehículo de Bicheno se ubica el East Coast Natureworld, un santuario dedicado a la conservación de especies endémicas en peligro de extinción. El centro se especializa en el rescate y rehabilitación de animales, ofreciendo un encuentro cercano y responsable con la vida salvaje. El demonio de Tasmania, ese marsupial carnívoro de porte robusto y voz estridente, representa la atracción principal. La enfermedad del tumor facial, sumada a la pérdida de hábitat, ha diezmado sus poblaciones, haciendo de cada avistamiento un momento de privilegio.

Además de los demonios, el santuario alberga ualabíes y pademelones, marsupiales de tamaño reducido que saltan con agilidad entre la vegetación; wombats, criaturas rechonchas y pacíficas que parecen peluches vivientes; emus, las aves no voladoras más grandes de Australia; canguros de diversas especies; y equidnas, cubiertos de púas y emparentados con los ornitorrincos. La visita se convierte en una lección sobre fragilidad ecológica: los responsables del centro explican cómo las enfermedades, el atropello en carreteras y la expansión urbana amenazan estas especies únicas. Los numerosos cadáveres que jalonan los arcenes son testimonio silencioso de esta lucha por la supervivencia.

El recorrido circular permite retornar a Launceston por rutas interiores que atraviesan la región de los lagos y las montañas centrales. Los cradle mountains, aunque no mencionados en el itinerario original, aparecen en el horizonte como una invitación a futuras exploraciones. Los bosques de antiguos árboles, cubiertos de musgo y líquenes, crean atmósferas primigenias donde el tiempo parece haberse detenido. Los lagos glaciales, con aguas de un azul profundo, reflejan el cielo en días despejados.

Para quienes decidan emprender esta aventura, algunas recomendaciones prácticas facilitarán la experiencia. Alquilar un vehículo resulta imprescindible, ya que la red de transporte público no cubre eficientemente las zonas naturales. La conducción se realiza por la izquierda, y las carreteras, aunque en buen estado, exigen precaución especial al anochecer por la presencia de animales salvajes. Encamping representa una opción popular y bien organizada: Tasmania cuenta con numerosos campings equipados con instalaciones modernas, muchos ubicados en entornos de excepcional belleza. Reservar con antelación durante la temporada alta (diciembre a febrero) se recomienda vivamente.

El clima es otra variable a considerar. Tasmania experimenta cuatro estaciones bien definidas, con veranos templados e inviernos fríos. La capa de ropa constituye la estrategia más inteligente, ya que las condiciones meteorológicas pueden cambiar rápidamente, especialmente en zonas costeras y montañosas. Un chubasquero ligero y calzado de trekking resultan equipamiento básico.

La gastronomía merece un capítulo aparte. Además del vino, Tasmania produce quesos artesanales, miel de alta calidad, mariscos de aguas frías y carne de canguro, un producto sostenible y bajo en grasas. Los mercados locales, como el de Salamanca en Hobart (aunque no incluido en esta ruta norteña), reflejan la cultura de proximidad que define la alimentación en la isla.

En definitiva, Tasmania ofrece una experiencia de viaje que combina naturaleza virgen, aventura accesible y conciencia ecológica. Los diez días propuestos permiten un muestreo representativo, pero la isla guarda secretos que requieren semanas para descubrir. Desde las playas desiertas hasta los bosques milenarios, desde la amabilidad de sus pueblos hasta la exquisitez de su oferta culinaria, cada kilómetro recorrido justifica el esfuerzo. El viajero regresa transformado, con una nueva apreciación por la fragilidad de los ecosistemas y la importancia de preservarlos. Tasmania no es solo un destino; es una reflexión sobre nuestro lugar en el mundo natural.

Referencias