La provincia de Cádiz vive un inicio de año meteorológicamente excepcional. Desde que comenzó 2026, una sucesión ininterrumpida de borrascas ha azotado la región, dejando cantidades de precipitación que ya forman parte de la historia climática de la zona. Grazalema, el municipio situado en el corazón de la Sierra de Cádiz, se ha convertido en el epicentro de este fenómeno extraordinario, acumulando en tan solo siete días más agua de la que registró durante todo el mes de enero del año anterior.
Los datos ofrecidos por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) resultan contundentes. Entre los días 20 y 26 de enero, el pluviómetro de Grazalema ha marcado la cifra de 658,6 litros por metro cuadrado, una cantidad que supera con creces los 630 litros que cayeron durante los treinta y un días de enero de 2025. Este registro no solo duplica la media histórica del municipio, establecida en 276 litros mensuales, sino que ya representa más del 83% del récord absoluto para un mes de enero, fijado en 793 milímetros en el año 2001.
El temporal ha estado marcado por la llegada de seis sistemas frontales consecutivos. La borrasca Francis inauguró el año, seguida de Goretti, Harry, Ingrid y Joseph. Desde el pasado miércoles, la borrasca Kristin ha intensificado aún más las condiciones adversas, convirtiendo la primera quincena del año en un periodo de constante alerta meteorológica. Los modelos de predicción anticipan al menos siete días más de precipitaciones significativas, lo que sitúa a enero de 2026 en una posición privilegiada para convertirse en el mes más lluvioso de la serie histórica de Grazalema.
La jornada del lunes 26 de enero resultó particularmente intensa. En apenas veinticuatro horas, el municipio recibió 138 litros por metro cuadrado, convirtiéndose en uno de los valores más altos registrados en toda España durante esa fecha. No obstante, el pico máximo de la semana se había producido tres días antes, el viernes 23, cuando las precipitaciones alcanzaron los 112,5 litros en un solo día. Estas cifras, sumadas a las precipitaciones constantes de los días previos, han saturado completamente el sistema de drenaje natural de la zona.
El impacto del fenómeno no se limita únicamente a las lluvias. El viento ha representado otro factor de riesgo considerable durante esta crisis meteorológica. El miércoles 28 de enero, las rachas alcanzaron velocidades extremas en múltiples puntos de la provincia. Olvera encabezó el ranking con una racha máxima de 106 kilómetros por hora, seguida muy de cerca por Tarifa con 103 km/h y Jerez de la Frontera con 102 km/h. Este podio refleja la intensidad del evento, que ha afectado de manera generalizada todo el territorio provincial.
Otros municipios costeros e interiores han experimentado igualmente vientos muy intensos. Chipiona registró 98 km/h, Barbate alcanzó 96 km/h y San Fernando llegó a 95 km/h. Un grupo de localidades que incluye San Roque, Medina Sidonia y Vejer de la Frontera compartió rachas de 88 km/h, mientras que Jimena de la Frontera se acercó a esa cifra con 87 km/h. Incluso en zonas más resguardadas del interior, como El Bosque (82 km/h) o la capital gaditana (79 km/h), el viento ha superado ampliamente los umbrales normales.
Las consecuencias de esta combinación de lluvias torrenciales y vientos huracanados han sido múltiples y graves. La red viaria provincial ha sufrido cortes en numerosas carreteras secundarias, mientras que el Puente de la Constitución de 1812, una de las infraestructuras más emblemáticas de la región, ha restringido el paso a motocicletas por seguridad. La caída de árboles y ramas de grandes dimensiones ha obligado a los servicios de emergencia a intervenir en decenas de ocasiones, y los centros educativos de varios municipios han suspendido las clases presenciales.
El sistema hidrológico de la provincia muestra niveles de saturación preocupantes. Además de los embalses, que operan con volúmenes superiores al 85% de su capacidad en la mayoría de casos, los tres arroyos salados que discurren por el cauce bajo del río Guadalete (Espera, Paterna y Caulina) han alcanzado sus cotas máximas históricas. Esta situación incrementa el riesgo de inundaciones en las zonas ribereñas y obliga a mantener activos los planes de emergencia municipal.
Los expertos en climatología consultados destacan que este evento responde a una configuración atmosférica excepcional, con una gota fría estacionaria sobre el Estrecho de Gibraltar que ha canalizado masas de aire húmedo y inestable de forma continua hacia el sur de la península. La orografía de la Sierra de Cádiz, y particularmente el efecto de encierro orográfico que experimenta Grazalema, ha potenciado estos valores hasta alcanzar cifras récord.
La población local, acostumbrada a un clima húmedo pero no a esta intensidad, ha mostrado una mezcla de asombro y preocupación. Los comerciantes del municipio serrano han visto reducida su actividad al mínimo, mientras que los agricultores temen por los cultivos de secano que no pueden soportar tanta agua acumulada. Los ganaderos, por su parte, han tenido que trasladar el ganado a zonas más altas para evitar problemas de podredumbre en las pezuñas y enfermedades respiratorias.
Desde la administración local se ha activado un dispositivo especial de vigilancia y seguimiento. El alcalde de Grazalema ha declarado que "nunca en la memoria reciente se había visto algo similar" y ha agradecido la labor de los servicios de limpieza y emergencias, que trabajan sin descanso para mantener la accesibilidad de las calles y carreteras. Se ha establecido un punto de información ciudadana para resolver dudas y atender posibles incidencias.
Las previsiones para los próximos días no ofrecen un respiro inmediato. Los modelos meteorológicos del ECMWF y del American GFS coinciden en mantener el flujo de borrascas atlánticas hacia la península ibérica al menos hasta el 5 de febrero. Esto significa que Grazalema y el resto de la provincia de Cádiz seguirán recibiendo precipitaciones, aunque probablemente con menor intensidad que en los días pasados. No obstante, cualquier cantidad adicional de lluvia agravará la situación de saturación del terreno.
El fenómeno ha puesto de manifiesto la importancia de contar con sistemas de predicción y alerta temprana eficaces. La AEMET ha emitido durante estas fechas múltiples avisos de nivel naranja y rojo que han permitido a la población prepararse y tomar medidas preventivas. La coordinación entre las diferentes administraciones ha sido clave para minimizar los daños personales y materiales.
Desde el punto de vista científico, este evento proporciona datos invaluable para el estudio del cambio climático en la región. Los investigadores del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (IFAPA) han instalado equipos de medición adicionales en la zona para recopilar información detallada sobre el escurrimiento, la infiltración y la erosión del suelo. Estos datos servirán para modelar futuros escenarios y diseñar medidas de adaptación al nuevo régimen pluviométrico.
La comparativa con años anteriores resulta esclarecedora. En enero de 2024, Grazalema registró 420 litros por metro cuadrado, una cifra ya considerable que queda pequeña frente a lo ocurrido en estos primeros días de 2026. La década pasada solo ha visto tres eneros superiores a los 500 litros, lo que sitúa al actual en una categoría propia. Si se confirman las predicciones y se superan los 793 litros del año 2001, se habrá establecido un nuevo hito climatológico para el municipio más lluvioso de la península ibérica.
Mientras tanto, los vecinos de Grazalema y de toda la provincia de Cádiz continúan con la mirada puesta en el cielo, esperando que la tormenta amaine pero consciente de que la historia meteorológica de la región está escribiendo uno de sus capítulos más memorables. La resiliencia de la población, probada en innumerables ocasiones por las inclemencias del tiempo, se muestra una vez más como el mejor activo para superar esta prueba de la naturaleza.