Renard ataca a Brahim Díaz: 'Su penalti fue una falta de respeto a Marruecos'

El exseleccionador de Marruecos critica duramente el lanzamiento de 'panenka' fallado por el madridista en la final de la Copa África, mientras figuras como Ramos y Luis Enrique le defienden

La final de la Copa África entre Marruecos y Senegal ha dejado una herida abierta en el fútbol africano que continúa supurando polémica. El foco no está en el campeón, sino en el protagonista de una acción que ha dividido opiniones: Brahim Díaz, la gran estrella del torneo, falló un penalti a lo 'panenka' en el último minuto del encuentro que hubiera significado la victoria para su selección. Lo que siguió fue una avalancha de reacciones que han puesto de manifiesto la crudeza del deporte de élite y la doble moral que rodea a los futbolistas en momentos de máxima presión.

El técnico francés Hervé Renard, quien dirigió a Marruecos entre 2016 y 2019, no ha dudado en cargar las tintas contra el jugador del Real Madrid. Sus palabras han resultado demoledoras y sin filtro: "¿El penalti panenka de Brahim Díaz? Tienes derecho a fallar un penalti, pero en ese caso soy categórico y no tengo ninguna compasión. Es una falta de respeto hacia todo un país y todo un pueblo que lleva 50 años buscando el éxito". Esta declaración, pronunciada en un contexto de evidente frustración, ha encendido el debate sobre la responsabilidad individual versus el peso colectivo en el fútbol.

La crudeza del juicio de Renard no solo apunta al error técnico, sino a la forma elegida para ejecutar el lanzamiento. El 'panenka' es un recurso considerado por muchos como una muestra de soberbia, un gesto de desprecio hacia el portero rival. Cuando funciona, el ejecutante es un héroe; cuando falla, se convierte en un villano. Brahim Díaz experimentó esta dualidad en su máxima expresión, pasando de ser el mejor jugador del torneo a convertirse en el blanco de las críticas más feroces.

Lo que hace especialmente significativas las palabras de Renard es su pasado como seleccionador marroquí. Conoce de primera mano la pasión desbordante de una nación entera por el fútbol, la presión que ejercen millones de personas sobre cada toque de balón. Durante su mandato, el francés intentó construir un equipo competitivo que pudiera hacer realidad los sueños de gloria de un país que, efectivamente, lleva décadas esperando un título continental. Su decepción, por tanto, parece surgir de un lugar de genuino afecto hacia la causa marroquí.

Curiosamente, Renard no solo se quedó en la crítica, sino que aprovechó para comparar la situación con una experiencia propia vivida al frente de Arabia Saudí. "En menor medida, experimenté lo mismo en la Copa Árabe contra Marruecos. Uno de mis jugadores, Abdullah Al-Hamdan, falló por completo su penalti a lo Panenka. Le pedí que me acompañara a la rueda de prensa posterior y se disculpara", reveló el entrenador. Esta anécdota muestra su firme convicción de que los errores de este calibre requieren asumir responsabilidades públicas, más allá de lo que sucede en el terreno de juego.

La postura de Renard, sin embargo, no es unánime en el mundo del fútbol. Sergio Ramos, capitán histórico del Real Madrid y compañero de club de Brahim, salió inmediatamente en defensa del joven. A través de sus redes sociales, el defensa dejó un mensaje contundente: "Solo fallan los que tienen la personalidad de tirarlos. Cabeza alta siempre, hermano. El fútbol siempre da revancha y nos has dado mucho más de lo que hoy se te ha escapado. A por la siguiente con más fuerza. Siempre en mi equipo". Estas palabras resaltan un valor esencial en el deporte: el coraje de asumir riesgos cuando todo está en juego.

Por su parte, Luis Enrique, quien tuvo a Brahim bajo su mando en la selección española, también se mostró protectivo con el futbolista. El actual entrenador del PSG no dudó en calificar de "injusto" el trato recibido por el jugador: "Brahim un jugador magnífico. Le conozco. Le llevé un partido para la selección. Es un jugador excepcional y una gran persona. Es injusto. Puedo comprender que es difícil aceptar eso. Lo más importante son los valores que puedes mostrar a los jóvenes. No es un asesino ni una mala persona. Hay que respetar". Su intervención pone el foco en la dimensión humana del deportista, recordando que detrás de cada error hay una persona con sentimientos y una carrera construida con esfuerzo.

El debate generado trasciende el mero análisis deportivo. Por un lado, Renard representa la exigencia máxima, la responsabilidad con una nación entera que ve en el fútbol una vía de escape y orgullo colectivo. Su frustración es comprensible: Marruecos tenía en sus manos una oportunidad histórica y la perdió de una forma que, para muchos, resultó irresponsable. La elección del 'panenka' en un momento tan crucial puede interpretarse como una falta de seriedad, una muestra de individualismo en un deporte que se juega en equipo.

Por otro lado, las defensas de Ramos y Luis Enrique abogan por una visión más comprensiva del error. En un mundo donde los futbolistas son expuestos a una presión mediática descomunal, donde cada gesto se analiza hasta el extremo, el valor de asumir responsabilidades debe ser valorado. Brahim Díaz no solo se atrevió a lanzar el penalti, sino que lo hizo con un estilo que requiere una confianza extrema. El hecho de que fallara no debería borrar su condición de mejor jugador del torneo, ni mucho menos cuestionar su compromiso con la causa marroquí.

La realidad es que el fútbol moderno vive de narrativas extremas. Se construyen héroes en cuestión de minutos y se destruyen ídolos con la misma velocidad. Brahim Díaz, con apenas 24 años, se ha visto inmerso en esta vorágine mediática que no perdona. Sus actuaciones previas en el torneo, donde fue el faro guía de Marruecos, han quedado eclipsadas por un solo gesto, por una decisión tomada en milésimas de segundo.

Desde una perspectiva psicológica, la reacción de Renard refleja el peso de las expectativas colectivas sobre los hombros de un individuo. En culturas donde el fútbol es una religión, donde representar a la selección es un honor supremo, el fracaso se vive con una intensidad desproporcionada. El técnico francés, aunque ya no dirige a Marruecos, sigue sintiendo esa conexión emocional con el proyecto que dejó, y su reacción visceral es el reflejo de millones de aficionados que vieron escapar una oportunidad única.

Sin embargo, la lección más valiosa que puede extraerse de este episodio no está en la crítica o la defensa, sino en la reflexión sobre cómo tratamos a quienes se equivocan en la élite deportiva. El mensaje de Ramos, que enfatiza que "solo fallan los que tienen la personalidad de tirarlos", es un recordatorio de que el riesgo es inherente al éxito. Sin jugadores dispuestos a asumir responsabilidades en los momentos decisivos, el fútbol perdería su esencia dramática.

Brahim Díaz ahora enfrenta el desafío de reconstruir su imagen y su confianza. La condena pública de una figura tan respetada como Renard puede marcar su carrera, pero también puede convertirse en un punto de inflexión. La historia del deporte está llena de ejemplos de atletas que resurgieron de sus cenizas tras errores clamorosos, convirtiendo la adversidad en motivación.

El tiempo dirá si esta polémica queda como un simple episodio de frustración deportiva o si marca un antes y un después en la forma de entender el liderazgo y la responsabilidad en el fútbol africano. Mientras tanto, Marruecos seguirá esperando su ansiado título, Brahim seguirá siendo un talento excepcional, y el debate sobre el 'panenka' fallado seguirá dividiendo a aficionados y expertos por igual. Lo que queda claro es que, en el fútbol, la línea entre la genialidad y la temeridad es tan fina como el margen de error desde los once metros.

Referencias