El actor y escritor Pablo Rivero, reconocido por su larga trayectoria en Cuéntame cómo pasó y por una consolidada carrera literaria, ha abierto su corazón en una reciente entrevista en el programa Y ahora Sonsoles. Con la honestidad que le caracteriza, Rivero ha abordado uno de los temas que más le inquieta y, paradójicamente, más le inspira: la paternidad.
Durante la conversación, el artista desmontó con naturalidad los mitos que rodean la crianza de hijos. Lejos de ofrecer recetas mágicas o consejos universales, Rivero confesó que gran parte de su producción literaria nace precisamente de la falta de respuestas claras que este rol conlleva. "Escribo mucho sobre ello porque no hay respuestas y es lo que más nos aterra", reconoció, dejando entrever que esa incertidumbre es el combustible de su creatividad.
La reflexión de Rivero llega en un momento en el que la sociedad demanda perfección en todos los ámbitos, incluida la parentalidad. Sin embargo, el actor señala que precisamente esa imposibilidad de control total es lo que hace tan enriquecedora y humana la experiencia. No existen manuales infalibles ni soluciones predefinidas para cada situación, y esa realidad, lejos de paralizarle, le sirve como motor creativo para explorar las emociones más profundas en sus novelas.
El artista no eludió hablar de las renuncias personales que la paternidad exige. Reconoció que ser padre implica dejar atrás parte de la libertad individual, los espacios propios y ciertas ambiciones profesionales. No obstante, matizó que estas concesiones no son pérdidas, sino transformaciones que abren nuevas puertas. "La familia es mi mayor pasión", aseguró, dejando claro que el balance final es tremendamente positivo.
Esta dualidad entre sacrificio y recompensa se convierte en el eje central de su obra literaria. Rivero ha sabido trasladar a la ficción esos momentos de duda, esos interrogantes sin respuesta que surgen al educar a un hijo. Sus personajes, muchos de ellos padres o figuras maternas, navegan por mares turbulentos donde la certeza brilla por su ausencia. Es precisamente esa autenticidad emocional lo que ha resonado tanto en su público lector.
La conexión entre su vida personal y su trayectoria creativa no es casual. Rivero explica que cada etapa de crianza le ha aportado nuevas capas de complejidad a su escritura. Desde los primeros miedos de un padre primerizo hasta las dilemas adolescentes, cada fase se ha traducido en páginas que han cautivado a una audiencia fiel. Su capacidad para transformar la incertidumbre en narrativa es, quizás, su mayor talento.
En el contexto actual, donde los influencers parentalizantes prometen soluciones infalibles, el mensaje de Rivero resulta revitalizante y necesario. El actor invita a aceptar la vulnerabilidad, a reconocer que el miedo y la duda son compañeros de viaje legítimos. Esta perspectiva desmitificadora no solo alivia la presión sobre otros padres, sino que también normaliza la experiencia humana de la crianza.
El impacto de sus palabras trasciende el ámbito personal. Al hablar con tanta franqueza, Rivero está contribuyendo a un diálogo social más honesto sobre lo que realmente significa formar una familia. Su discurso desafía la narrativa de la perfección parental y abre espacio para conversaciones más reales, donde el error y el aprendizaje tienen cabida.
Para los seguidores de su carrera, esta revelación sobre su proceso creativo añade una nueva dimensión a sus libros. Leer sus novelas ahora implica reconocer los fantasmas personales que habitan cada línea, las noches de insomnio ante un problema sin solución, las conversaciones con otros padres que buscan respuestas igual de perdidos. Esa autenticidad desnuda es lo que convierte su literatura en algo más que entretenimiento: es un espejo compasivo.
La familia, insiste Rivero, no es un obstáculo para su arte, sino su principal fuente de inspiración. Mientras otros artistas buscan en lugares exóticos o experiencias extremas el material para sus obras, él lo encuentra en la cotidianidad de la crianza, en los pequeños grandes dramas del hogar. Esa capacidad de ver lo extraordinario en lo ordinario es lo que distingue su mirada.
Finalmente, el mensaje que deja el actor es uno de esperanza y creatividad. Aunque la paternidad no ofrezca respuestas fáciles, precisamente esa complejidad es lo que enriquece la vida y la obra de quien la abraza. Las preguntas sin respuesta no son fracasos, sino oportunidades para explorar, para escribir, para crear. Y en ese proceso, tanto el padre como el artista encuentran su verdadero propósito.
La entrevista de Pablo Rivero en Y ahora Sonsoles no solo ha ofrecido una visión íntima de su experiencia parental, sino que ha desvelado el alma de su creatividad. En un mundo que teme la incertidumbre, él la abraza como musa. En una época que exige certezas, él celebra las preguntas. Y en esa valiente honestidad radica tanto su éxito como padre como su brillantez como narrador.