Zodiac Killer Project: el documental que desmonta el morbo del true crime

Charlie Shackleton reimagina el mito del Zodiac en Filmin con un ensayo cinematográfico que apuesta por la elipsis y la ausencia sobre el sensacionalismo

Imaginar una sesión de cine doble contemporánea y adulta podría llevarnos a proyectar, de forma consecutiva, la cinta de David Fincher Zodiac (2007) y este nuevo trabajo de Charlie Shackleton, Zodiac Killer Project (2025), disponible desde hace pocos días en la plataforma Filmin. Ambas piezas convergen en la exploración de una de las figuras más enigmáticas de la criminalidad estadounidense: el asesino del Zodiaco, inmortalizado por el investigador Robert Graysmith en dos libros fundamentales, Zodiac (1986) y Zodiac Unmasked (2002). A partir de estas obras, Fincher construyó lo que muchos consideran su obra cumbre dentro de una filmografía ya de por sí excepcional. La película de Fincher se caracterizó por su meticulosidad periodística, su obsesión por los detalles forenses y su capacidad para transmitir la frustración de una investigación que nunca llegó a buen puerto. Desde la inquietud que desprende el filme del director de Seven, surge este documental que rompe con las convenciones del género y propone una vía radicalmente distinta.

El llamado Asesino del Zodiaco se convirtió en el equivalente californiano de Jack el Destripador a finales de la década de 1960. Su identidad nunca fue revelada, sus crímenes permanecieron sin castigo y su existencia se desarrolló en un contexto espacio-temporal próximo al escenario donde la masacre de Sharon Tate y sus acompañantes a manos de los seguidores de Charles Manson marcó el ocaso de una era y la muerte de una ilusión colectiva. Ambos casos, el del Zodiac y el de Manson, simbolizaron el fin de la inocencia de la década de los 60 en California, aunque el primero lo hizo desde el misterio anónimo y el segundo desde el terror escandaloso y mediático.

La esencia del misterio

Al igual que el mítico asesino de Whitechapel, el Zodiaco nunca fue capturado, ni siquiera identificado con certeza. Surgieron múltiples sospechosos, todos fallecidos hoy en día. Lo que realmente sembró el pánico en la sociedad californiana fue su actividad epistolar: cartas cifradas, desafíos a la policía y jactancias sobre 37 víctimas, aunque la justicia solo pudo atribuirle oficialmente siete asesinatos. Estos hechos cultivaron un clima de terror que erosionó la sensación de libertad ciudadana. La figura del Zodiac se convirtió en un espectro que acechaba a toda una comunidad, un símbolo de la violencia irracional que podía aparecer en cualquier momento y lugar.

Una mirada disruptiva

Charlie Shackleton no procede de California ni creció en San Francisco. Nació en 1991 en el Hospital de St. Mary's de Londres, a escasos kilómetros del territorio donde Jack el Destripador sembró el caos en el siglo XIX. Su formación proviene del mundo del arte y la crítica cinematográfica, lo que le confiere un lenguaje visual despojado de artificios. Apuesta todo al poder de la palabra y, con elementos mínimos, desnuda la puesta en escena para apuntar a objetivos de gran calado. Su biografía resulta significativa: un creador británico que mira el mito californiano desde la distancia, sin las ataduras emocionales que podría tener un director local.

Este Zodiac Killer Project se erige como una negación contundente al sensacionalismo documental que impera en plataformas como Netflix o en cadenas de televisión convencionales. Esos productos, saturados de lágrimas y efectismos, buscan el impacto fácil mediante recreaciones morbosas. Shackleton, en cambio, ofrece una propuesta escalofriante que trasciende su propio tema: es un ensayo fílmico que pregunta sin esperar respuesta sobre un asesino que, quizás, nunca existió como entidad única y definida. La película sugiere que el Zodiac podría ser menos un individuo concreto y más un constructo social, una sombra colectiva donde proyectamos nuestros miedos.

La poética de la ausencia

La película, de 92 minutos de duración, se ha convertido en una de las revelaciones del festival de Sundance y ha sido invitada a numerosos certámenes internacionales. Su estructura se aleja radicalmente del reportaje televisivo tradicional. No busca reconstruir las masacres con detalles explícitos ni satisfacer la curiosidad morbosa del espectador. En su lugar, Shackleton construye un discurso basado en la elipsis, el silencio y la imagen vacía. La ausencia se convierte en el verdadero protagonista: la ausencia del asesino, de respuestas, de un final cerrado.

El documental explora cómo el mito del Zodiac se ha alimentado de vacíos, conjeturas y la necesidad humana de encontrar narrativas coherentes en el caos. Cada carta cifrada, cada pista falsa, cada sospecho descartado ha contribuido a construir una leyenda que resiste la resolución. Shackleton entiende que el verdadero terror no reside en la violencia explicitada, sino en la incertidumbre permanente. Su cámara se detiene en paisajes urbanos desolados, en rostros anónimos, en documentos que no hablan. La banda sonora, minimalista, deja espacio al silencio, a la reflexión.

El contexto cultural

El trabajo de Shackleton resulta especialmente relevante en el momento actual, donde el true crime ha explotado como género de consumo masivo. Los documentales que inundan las plataformas digitales suelen seguir una fórmula predecible: entrevistas emotivas, reconstrucciones dramáticas, música tensionante y un ritmo que busca enganchar al espectador a cualquier precio. Zodiac Killer Project rompe con esta lógica. Su ritmo es pausado, su estética minimalista y su propuesta conceptual arriesgada. En lugar de ofrecer una versión edulcorada del mal, nos enfrenta a su incomprensibilidad.

El director británico nos recuerda que el cine documental puede ser un arte de pensamiento, no solo un producto de entretenimiento. Su película funciona como un ensayo filosófico sobre la naturaleza del mito criminal y la forma en que las sociedades procesan el trauma colectivo. La pregunta no es quién era el Zodiac, sino por qué necesitamos que existiera. Por qué, décadas después, seguimos fascinados por su figura. Por qué el misterio insoluble nos atrae más que la verdad revelada.

Disponibilidad y formato

Producida en Estados Unidos y con una duración de 92 minutos, Zodiac Killer Project ya puede verse en Filmin, la plataforma especializada en cine de autor y propuestas independientes. Su presencia en este servicio garantiza que llegará a un público interesado en el cine como forma de reflexión, no como mero pasatiempo. Filmin se ha consolidado como el espacio ideal para este tipo de propuestas que, en otro contexto comercial, difícilmente encontrarían su hueco.

La película se ha ganado el respeto de la crítica especializada por su audacia formal y su rechazo al sensacionalismo. En Sundance, donde se estrenó, muchos vieron en ella una respuesta necesaria al tsunami de contenido basura que ha invadido el género del true crime. Shackleton no pretende dar soluciones, sino problematizar las preguntas. Su obra invita al espectador a convivir con la duda, a encontrar belleza en la ambigüedad.

Conclusión: más allá del mito

En definitiva, Zodiac Killer Project no es un documental más sobre un asesino en serie. Es una meditación cinematográfica sobre la ausencia, el mito y la construcción narrativa del mal. Charlie Shackleton ha creado una obra que habla de nuestro tiempo, de nuestra relación con el misterio y de nuestra necesidad de respuestas en un mundo que rara vez las ofrece.

Para los espectadores que buscan una experiencia que los desafíe intelectualmente, que cuestione los límites del género y que ofrezca una perspectiva fresca sobre un caso histórico, este documental es imprescindible. No encontrarán sangre, ni juicios, ni culpables. Encontrarán, en cambio, un espacio para el pensamiento, la duda y la reflexión sobre qué significa habitar un mundo donde algunos crímenes, y algunos criminales, se resisten a ser categorizados. Shackleton nos regala una obra de arte que, lejos de resolver un misterio, nos enseña a convivir con él.

Referencias