El Adviento 2025 marca el inicio de un periodo especial para el cristianismo, un tiempo de espera y preparación que abre las puertas a la celebración del nacimiento de Jesucristo. Este año, el primer domingo de Adviento cae el 30 de noviembre, coincidiendo exactamente con la festividad de San Andrés Apóstol. Desde esa fecha hasta el 24 de diciembre, fieles de todo el mundo vivirán unas semanas de reflexión, conversión y esperanza, cerrando además el Jubileo 2025 en la Iglesia Católica.
Qué significa el Adviento y su origen
La palabra Adviento proviene del término latino adventus, que en la antigua Roma designaba la llegada solemne del emperador o alguna autoridad importante a una ciudad. Con el tiempo, el cristianismo adoptó este concepto para referirse a la venida de Cristo, entendiéndola en tres dimensiones: el nacimiento en Belén, la presencia actual en la vida de los creyentes y la segunda venida al final de los tiempos.
Este tiempo litúrgico constituye el inicio del año litúrgico para la Iglesia Católica, un ciclo que estructura la vida espiritual de los fieles a lo largo de las estaciones. El Adviento siempre abarca cuatro domingos, comenzando entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre, dependiendo de cuál sea el domingo más próximo a la fiesta de San Andrés (30 de noviembre).
Características del Adviento 2025-2026
El año litúrgico 2025-2026 se configura como un Ciclo A y año par, lo que determina que las lecturas dominicales del Evangelio se tomen principalmente del Evangelio según San Mateo. Esta rotación, que sigue un ciclo trienal, permite a los creyentes profundizar de manera sistemática en los diferentes relatos evangélicos.
Un aspecto destacado de este Adviento es que servirá como despedida del Jubileo 2025, un Año Santo extraordinario convocado por el Papa. Según lo establecido, el Jubileo finalizará el domingo 28 de diciembre de 2025 en las iglesias diocesanas, mientras que el cierre oficial en Roma tendrá lugar el 6 de enero de 2026 con la ceremonia de clausura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, presidida por el Papa León XIV.
Las dos etapas del tiempo de Adviento
La celebración del Adviento se articula en dos momentos distintos, cada uno con su propio enfoque espiritual:
Las dos primeras semanas se centran en la dimensión escatológica, invitando a los creyentes a meditar sobre el fin de los tiempos y la segunda venida de Cristo en gloria. Es un llamado a la vigilancia y a mantenerse preparados, cultivando una actitud de conversión constante.
Las dos últimas semanas, en cambio, giran en torno al misterio de la Encarnación. La liturgia prepara directamente la celebración del nacimiento de Jesús, reflexionando sobre el significado histórico y teológico de este acontecimiento para la humanidad.
Símbolos y tradiciones del Adviento
Durante estas cuatro semanas, las iglesias y muchos hogares adoptan diversas prácticas que materializan la espera espiritual:
El color morado se impone en los ornamentos litúrgicos y las vestimentas de los sacerdotes, simbolizando la preparación y la penitencia. No obstante, este color también evoca la esperanza, recordando que la preparación tiene un objetivo luminoso.
El tercer domingo de Adviento, conocido como Gaudete («alegraos»), introduce el color rosa como signo de gozo. Esta variación cromática quiere transmitir que la espera está llegando a su cumplimiento y animar a los fieles a no desfallecer en el camino.
La corona de Adviento, aunque no constituye un signo litúrgico oficial, se ha extendido como una tradición popular muy arraigada. Formada por ramas de abeto o pino con cuatro velas, representa las cuatro semanas del tiempo. Cada domingo se enciende una vela más, y la luz va creciendo progresivamente hasta alcanzar su plenitud en Navidad, cuando se celebra la llegada de Cristo, la Luz verdadera. El verde de las ramas simboliza la vida eterna, aunque se marchite, renacerá con nueva fuerza.
Según explica Ramón Navarro Gómez, director del secretariado de la Comisión Episcopal para la Liturgia, esta corona «nos va haciendo presente el camino de nuestra preparación espiritual» y sugiere que, si es posible, también se puede realizar en el ámbito doméstico como recurso pedagógico y de oración.
La celebración litúrgica y la preparación espiritual
En las parroquias, cada domingo se celebran las misas de Adviento, con lecturas específicas que recorren el itinerario espiritual de este tiempo. La liturgia invita a la reflexión profunda sobre el misterio de Cristo que vino, que viene y que vendrá, y sobre la huella indeleble que su nacimiento dejó en la historia de la humanidad.
La preparación de la Navidad no se limita a lo externo, sino que implica una conversión interior, una apertura al cambio de vida que la llegada del Señor propone. La austeridad en el ambiente, con pocas flores y una ornamentación sobria, ayuda a centrar la atención en lo esencial: la espera activa y la esperanza cristiana.
Consejos para vivir el Adviento
Para vivir intensamente este tiempo, se recomienda:
- Participar en las celebraciones dominicales y, si es posible, en la Eucaristía diaria.
- Encender las velas de la corona de Adviento en familia, acompañado de una breve oración o lectura evangélica.
- Practicar actos de caridad y cercanía a los más necesitados, preparando el corazón al estilo del Niño Jesús.
- Dedicar unos minutos cada día al examen de conciencia y a la oración personal.
- Leer pasajes del Evangelio de Mateo para acompasar la liturgia dominical.
El Adviento es, en definitiva, una invitación a esperar con sentido, a no dejarse arrastrar por la prisa consumista que anticipa la Navidad, sino a cultivar una esperanza profunda que transforma la vida desde dentro. En 2025, esta espera adquiere un matiz especial al coincidir con el cierre del Jubileo, haciendo de estas semanas un puente entre el perdón recibido y la nueva vida que Cristo trae al mundo.