El documental Flores para Antonio representa un hito en la trayectoria de Alba Flores. A sus 39 años, la actriz emprende una exploración profunda de la figura paterna, el músico Antonio Flores, fallecido en 1995 cuando ella contaba apenas ocho años. Bajo la dirección de Isaki Lacuesta y Elena Molina, la película se configura como un ejercicio de memoria y amor que trasciende el mero homenaje familiar.
La premisa central del trabajo radica en la necesidad de Alba de comprender quién fue realmente su progenitor. Durante décadas, su existencia ha estado marcada por la ausencia de respuestas a preguntas que no se atrevía a plantear abiertamente. El fallecimiento de Antonio Flores, producto de una sobredosis accidental de medicamentos y sustancias, dejó una herida que la actriz ha cargado en silencio, influyendo incluso en su relación con la música. Este duelo inconcluso ha perdurado durante casi treinta años, modelando su personalidad y sus decisiones artísticas.
El largometraje utiliza un enfoque intimista, construyendo su narrativa a partir de materiales personales: dibujos infantiles, collages artísticos, grabaciones sonoras inéditas y maquetas musicales del cantante. Estos elementos sirven como vehículo para que el público acompañe a Alba en su búsqueda, no solo de su padre, sino también de su propia identidad artística. La película se convierte así en un diálogo intergeneracional donde el pasado se entreteje con el presente, creando un tapiz emocional complejo y rico en matices.
La figura de Lola Flores, la abuela de Alba, irradia presencia a lo largo de todo el metraje. La intensa relación entre la Faraona y su hijo Antonio constituye uno de los ejes narrativos fundamentales. El documental recupera anécdotas como la del bautizo de Antonio, al que asistió hasta la actriz Ava Gardner, ilustrando el estatus de la familia en el panorama artístico español. Las voces de Lolita Flores y Rosario Flores, las tías de Alba, así como la de su prima Elena Furiase, enriquecen el relato con testimonios cariñosos y cercanos que aportan capas de significado a la historia familiar.
La madre de Alba, Ana Villa, ofrece una perspectiva crucial sobre la vida del músico. Sus declaraciones, junto con las de amigos cercanos, permiten dibujar un retrato más complejo y humano de Antonio Flores: sus éxitos profesionales, pero también sus inseguridades y debilidades personales. Esta multiplicidad de voces evita la hagiografía, presentando una figura real, con luces y sombras, que trasciende el mito para mostrar la persona detrás del artista.
Uno de los momentos más impactantes del documental ocurre cuando se reproduce un archivo doméstico donde una pequeña Alba, recostada en un sofá, canta junto a su padre. La escena captura la pureza de una infancia que se quebró tras la pérdida. La actriz confiesa que abandonó el canto por rabia tras la muerte de Antonio, y que este proyecto le ha permitido reencontrarse con esa faceta artística. La naturalidad con la que muestra su dolor resulta desarmante, evidenciando una vulnerabilidad que contrasta con su habitual imagen pública. Este momento se convierte en el corazón emocional de la película.
El documental logra equilibrar perfectamente la emotividad con el rigor. No cae en el sensacionalismo, sino que construye un relato pausado y reflexivo. La dirección de Lacuesta y Molina respeta el ritmo de su protagonista, dándole el espacio necesario para que su voz sea la verdadera protagonista. El resultado es una obra que funciona tanto como terapia personal como como documento cultural sobre una de las dinastías más importantes del espectáculo en España. La película se convierte en un testimonio vivo de cómo el arte puede servir como herramienta de sanación.
Flores para Antonio se estrena el 28 de noviembre de 2025 con una duración de 98 minutos. Más allá de su calidad cinematográfica, el valor del filme reside en su capacidad para cerrar ciclos. Alba Flores no solo rinde homenaje a su padre, sino que recupera su propia voz, literal y metafóricamente. La película concede a la actriz la última palabra en un duelo que ha durado casi tres décadas, transformando el dolor en creación y la memoria en futuro. Este trabajo se posiciona como uno de los documentales más personales y conmovedores del cine español reciente.
La recepción del documental anticipa un impacto significativo tanto en la crítica especializada como en el público general. La honestidad de Alba Flores al desnudar su vulnerabilidad establece un nuevo paradigma en los documentales biográficos familiares, donde la intimidad no se explota, sino que se comparte con respeto y profundidad. La película invita a la reflexión sobre cómo las familias públicas procesan el duelo y cómo las segundas generaciones construyen su identidad bajo la sombra de leyendas. Finalmente, Flores para Antonio no es solo un retrato de Antonio Flores, sino el testimonio de una hija que encuentra en el recuerdo la fuerza para cantar de nuevo.