Durante décadas, Granada ha sido sinónimo de cultura de la tapa gratuita, una tradición arraigada que, paradójicamente, ha representado una barrera invisible a la hora de conquistar los máximos galardones gastronómicos. Esta costumbre tan arraigada en la ciudad, lejos de ser un obstáculo tangible, generaba una percepción externa que no encajaba con el modelo de excelencia que premia la Guía Michelin. La capital granadina aparecía en los circuitos gastronómicos nacionales por su oferta informal, pero nunca por la alta cocina. Hasta ahora.
El pasado 25 de noviembre, durante la ceremonia de entrega de estrellas en la que se presentó la nueva edición de la guía, Faralá, ubicado en la céntrica calle Gomérez, se convirtió en el primer restaurante de la ciudad de Granada en recibir esta distinción. El establecimiento, que dirige la chef Cristina Jiménez, ha logrado romper con esta tendencia histórica y colocar a la capital en el mapa de la alta gastronomía española. El reconocimiento llega tras siete años de trayectoria constante, durante los cuales el equipo ha trabajado sin descanso por consolidar una propuesta única.
La noticia, sin embargo, tiene un regusto agridulce para la provincia. Mientras Faralá estrenaba su primera estrella, La Finca, el restaurante del hotel La Bobadilla en Loja, perdía la suya, que había conseguido en 2022. Este contraste refleja la naturaleza implacable de los inspectores de la guía, donde la excelencia debe mantenerse año tras año sin concesiones. La jefa de sala y sumiller de Faralá, Lidia Outeda, no oculta su emoción: «Estamos disfrutando del premio con un vértigo horrible. Por fin se otorga un reconocimiento al productazo que tenemos».
Outeda, que comparte la dirección del proyecto con Jiménez, subraya que este logro es fruto de un esfuerzo colectivo y de una evolución constante. «Granada ha evolucionado gastronómicamente a pasos agigantados», afirma. Su visión es clara: este reconocimiento no es un punto final, sino el inicio de una nueva etapa. «Nosotros hemos abierto una brecha, pero tenemos aquí más restaurantes que merecen esta consideración y esperamos que esta estrella sea sólo la primera».
La propuesta culinaria de Faralá se articula en torno a tres menús degustación que llevan por título Susurros del Sacromonte, La magia del Albayzin y Alborán. Cada uno representa un viaje sensorial por los paisajes y sabores de la provincia, reinterpretando con técnicas contemporáneas las raíces más tradicionales. La chef Cristina Jiménez ha construido un discurso gastronómico basado en la actualización del recetario granadino, donde lo local se convierte en protagonista absoluto.
Entre los productos que destacan en su carta figuran la Saladilla, un pan tradicional de la ciudad; los guisantes de Huétor, reconocidos por su calidad excepcional; la carne del cordero segureño, con su sello de origen; el caviar ecológico de Riofrío, único en Europa por su producción sostenible; y combinaciones sorprendentes como la mezcla de hidromiel y tagates. Esta apuesta por la materia prima autóctona refleja la riqueza agroalimentaria de una tierra que cuenta con mar, montaña y huerta en un mismo territorio.
El concepto de Faralá se completa con El Quejío, un wine bar situado en la planta baja del mismo edificio. Este espacio ofrece una experiencia más informal, pero sin renunciar a la calidad. Su carta de vinos supera las 200 referencias, con presencia de todas las denominaciones de origen españolas y una selección internacional que incluye etiquetas de Francia, Australia, Portugal, Hungría y Alemania. Esta dualidad permite al establecimiento atender a diferentes públicos sin perder su identidad.
La pérdida de la estrella de La Finca, dirigido por el chef Fernando Arjona, recuerda que el camino de la excelencia es exigente. El establecimiento lojano había conseguido en 2022 la primera estrella de la provincia, abriendo un precedente que ahora Faralá recoge en la capital. Este vaivén refuerza la competitividad del sector y la necesidad de mantener estándares constantes. El reto para La Finca es recuperar el galardón en futuras ediciones, mientras que para Faralá comienza la presión de consolidar su posición.
El impacto de este reconocimiento trasciende el ámbito local. Granada se suma a una lista de ciudades andaluzas que este año han visto crecer su representación en la guía, con nuevas estrellas en Cádiz, Málaga, Córdoba y Sevilla. La región gastronómica del sur de España está viviendo un momento de efervescencia creativa, donde la tradición y la vanguardia encuentran puntos de encuentro cada vez más sólidos.
Para Lidia Outeda, el mensaje es claro: «Que España y el mundo aprecien desde ahora mucho más nuestra calidad gastronómica». La estrella de Faralá no es solo un trofeo para el restaurante, sino un reconocimiento a todo un ecosistema productivo y creativo que durante años ha permanecido en segundo plano. La barrera psicológica ha caído, y con ella, el llamado maleficio que mantenía a Granada fuera del selecto club de las ciudades con estrella. El futuro, ahora, es una página en blanco llena de posibilidades para la gastronomía granadina.