La edición 2025 de la Feria de Puebla ha dejado un saldo económico que trasciende lo musical. Con una inversión pública que supera los 261.6 millones de pesos, el Gobierno del Estado apostó por una cartelera de lujo que reunió a algunas de las bandas más icónicas del rock y el pop mundial. Documentos oficiales revelan que este desembolso, gestionado a través del organismo público descentralizado Convenciones y Parques, tenía como objetivo principal atraer a Maroon 5, The Killers y Scorpions, nombres que garantizaban un flujo masivo de visitantes y proyección internacional para la entidad.
La decisión de destinar tal cantidad de recursos en un contexto de austeridad fiscal ha generado debate, pero también ha posicionado a Puebla como una de las capitales culturales más activas del país durante casi tres semanas de intensa actividad. La transparencia en la rendición de cuentas, a través del acceso a los contratos, permite ahora analizar con detalle cómo se distribuyó cada peso de esta millonaria inversión y evaluar su impacto real en la comunidad.
La pieza clave detrás de esta mega producción fue la empresa RP Espectáculos, especializada en la gestión de eventos masivos. La compañía se hizo acreedora del contrato mediante la licitación pública nacional GEP-SPFA-LPN-011-114/2025, un proceso que, según registros oficiales, marcó la cuarta ocasión consecutiva que esta firma se hacía cargo de la organización integral de la feria.
Este vínculo establecido entre el OPD Convenciones y Parques y RP Espectáculos ha permitido desarrollar una experiencia acumulativa, donde cada edición refina los procesos logísticos y artísticos. El convenio establecía no solo la contratación de artistas, sino también la coordinación de seguridad privada, limpieza, producción técnica y difusión, cubriendo un periodo que se extendió del 24 de abril al 11 de mayo. La continuidad de esta relación contractual sugiere un modelo de gestión que prioriza la experiencia previa y la capacidad demostrada sobre la rotación de proveedores, aunque también plantea preguntas sobre la competencia real en los procesos de licitación.
El epicentro de la inversión fue indiscutiblemente el Teatro del Pueblo, que concentró 189 millones 248 mil 200 pesos, equivalente al 72% del presupuesto total. Este espacio, tradicionalmente el corazón de la feria, se transformó en un escenario de nivel internacional para albergar a 11 artistas nacionales y 8 internacionales cuidadosamente seleccionados por su prestigio y capacidad de convocatoria.
La estrategia de programación abarcó géneros diversos: desde el rock de Scorpions y The Killers, hasta el pop de Maroon 5 y Reik, pasando por el reggaetón de Wisin, la banda de El Recodo, lo tropical de Pepe Aguilar y un festival de música electrónica con un DJ de fama mundial cuya identidad no fue revelada en el contrato.
La inauguración el 24 de abril con Maroon 5 estableció el tono de la feria, mientras que la presencia de Pitbull consolidó el atractivo para el público joven. La noche del 5 de mayo, una fecha simbólica para México, presentó un cartel especial con Capital Cities y Water Castle. Las leyendas del rock no podían faltar: Scorpions demostraron por qué siguen siendo una referencia viva del género, mientras que The Killers ofrecieron un show que los fans calificaron como "inolvidable" en redes sociales. El cierre estuvo a cargo de Intocable, asegurando que la feria terminara con la energía de la música regional mexicana.
La diversidad de la oferta artística reflejó una estrategia clara: cubrir todos los segmentos demográficos y generacionales, desde los admiradores del rock clásico hasta los seguidores de la música urbana contemporánea. Este enfoque multidisciplinario justifica en parte la elevada inversión, al buscar maximizar la asistencia y el impacto social del evento, aunque también incrementa los costos de producción al requerir equipos técnicos especializados para cada género.
Más allá del glamour escénico, la feria requirió 72 millones de pesos en conceptos operativos esenciales. La logística de boletaje y acreditaciones consumió cinco millones 113 mil 659 pesos, un rubro crítico para controlar el acceso a los conciertos gratuitos que superaron la capacidad esperada en múltiples ocasiones.
Los espectáculos paralelos también representaron una inversión significativa: nueve millones 974 mil 840 pesos en el show de patinaje sobre hielo, y tres millones 825 mil 680 pesos en el circo contemporáneo. El foro cultural, dedicado a actividades artísticas más intimistas y talleres comunitarios, requirió tres millones 906 mil 957.95 pesos, mientras que el espectáculo de pirotecnia sumó dos millones 782 mil 840 pesos.
La infraestructura física fue otro pilar del gasto. La instalación de carpas, barandales, módulos, torres de base multidireccional, gradas, stands, sanitarios portátiles y sillas demandó 18 millones 887 mil 495.84 pesos, garantizando la seguridad y comodidad de los visitantes. Los pabellones institucionales también tuvieron su parte: la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural invirtió cuatro millones mil 884 pesos; la Secretaría de Turismo, tres millones 701 mil 618; la Secretaría de Desarrollo Económico y Trabajo, dos millones 394 mil 251.40; y el pabellón de museos con la Secretaría de Arte y Cultura, 139 mil 884 pesos. Adicionalmente, el plafón de tela requirió un millón de pesos.
Esta distribución refleja la complejidad de organizar un evento de esta magnitud, donde cada detalle, desde la seguridad hasta la estética visual, demanda recursos específicos y justificados. La coordinación de múltiples proveedores y la logística para mantener operativos todos estos espacios simultáneamente representa un desafío administrativo considerable.
La Feria de Puebla 2025 representa una de las apuestas más ambiciosas por el entretenimiento masivo en la región. La inversión de 261.6 millones de pesos, aunque cuestionada por algunos sectores, logró posicionar a Puebla como un destino cultural relevante, atrayendo no solo a poblanos, sino a turistas de estados vecinos que buscaban experiencias musicales de calidad sin costo de entrada.
La presencia de bandas internacionales de primer nivel generó un impacto económico indirecto en hotelería, restauración y comercio local, aunque estas cifras no fueron cuantificadas en el contrato. La experiencia acumulada de RP Espectáculos se reflejó en la coordinación de múltiples eventos simultáneos, aunque no estuvo exenta de incidentes: el concierto de Scorpions registró momentos de tensión cuando fans tiraron vallas y hubo peleas por acceder al frente del escenario, situaciones que ponen en tela de juicio la capacidad de control de masas.
En definitiva, la feria dejó un saldo complejo: por un lado, una experiencia cultural inigualable para cientos de miles de asistentes; por otro, un debate abierto sobre la eficiencia del gasto público en eventos de esta magnitud. Lo cierto es que Puebla demostró capacidad para organizar eventos de nivel internacional, sentando las bases para futuras ediciones que deberán balancear calidad artística con responsabilidad fiscal, transparencia en la contratación y resultados medibles en términos de retorno social y económico para la ciudadanía. La lección principal es que el éxito de un evento no se mide solo por la calidad de las actuaciones, sino por la capacidad de generar valor duradero para la comunidad.