La actriz madrileña Marta Fernández Muro ha recibido el Premio Feroz de Honor, un galardón que pone el broche de oro a una trayectoria profesional que ya supera los cincuenta años. Con una energía contagiosa y una humildad que la caracteriza, Fernández Muro confiesa que este reconocimiento le resulta especialmente emotivo porque le permite sentir el cariño del público y la industria. 'Notas que la gente te quiere, que eres bien recibida', expresa con sincera gratitud.
Durante más de cinco décadas, su presencia ha sido constante en los escenarios de teatros de toda España, así como en la pequeña y gran pantalla. Sin embargo, a pesar de su dilatada experiencia, la intérprete se muestra asombrada ante la velocidad con el tiempo ha transcurrido. 'Me parece increíble que ya lleve 50 años en esto', reconoce, demostrando que su pasión por la interpretación sigue intacta.
La eterna 'chica divertida' del cine y el teatro español
A lo largo de su extensa carrera, Marta Fernández Muro se ha consolidado como la actriz cómica por excelencia del panorama nacional. Su especialidad ha sido dar vida a personajes que despiertan la sonrisa del público, desde criadas entrañables hasta monjas traviesas, pasando por farmacéuticas graciosas o primas cómicas. Esos papeles, a menudo catalogados como secundarios, han sido el pilar de su trayectoria.
La etiqueta de 'secundaria de lujo' es una que la actriz acoge con orgullo, entendiendo el valor de la comedia en la interpretación. En una ocasión, escuchó a la gran Carmen Maura afirmar que 'ser una actriz cómica es como tener un estanco, te proporciona una carrera muy larga'. Esta reflexión resume perfectamente la filosofía de Fernández Muro, quien ha demostrado que el talento para hacer reír es un activo duradero en la industria del entretenimiento.
Su versatilidad le ha permitido trabajar con algunos de los directores más destacados del cine español, como Fernando Colomo, José Luis Garci y Benito Zambrano. Sin embargo, hay un nombre que destaca especialmente en su historial: Pedro Almodóvar.
El episodio con Almodóvar: un 'no' que aún le hace dudar
La relación profesional entre Marta Fernández Muro y Pedro Almodóvar tiene un capítulo controvertido que la actriz aborda con humor y distanciamiento. Según la versión que ha circulado durante años, la intérprete rechazó una propuesta del cineasta manchego en una época en la que su foco estaba puesto exclusivamente en el teatro.
'Tuve algunos titubeos, un jaleo grande', admite Fernández Muro al recordar aquel momento. En aquella etapa de su vida, su prioridad era consolidarse en el mundo teatral y le apetecía darse a conocer principalmente en ese ámbito. Con optimismo, confiaba en que su conexión previa con Almodóvar haría que el teléfono volviera a sonar en el futuro. Pero la realidad fue diferente.
Con su característico sentido del humor, la actriz especula sobre lo que pasó por la cabeza del director: 'Debió pensar: "esta es medio tonta"'. Lo que no anticipó Fernández Muro fueron los egos descomunalmente grandes que a veces dominan la industria. Años después, con el delito ya prescrito, la actriz prefiere aplicar una filosofía desenfadada al asunto, similar a la canción de Natti Natasha y Thalía: 'si no me acuerdo, no pasó'.
Sin embargo, en un tono más reflexivo y juguetón, confiesa: 'Ahora mismo, yo pienso que no es verdad'. Esta declaración deja entrever las dudas que incluso ella misma tiene sobre la veracidad de aquel rechazo, o tal vez sobre su relevancia en el presente. Lo que está claro es que, sea cual sea la verdad histórica, el episodio forma parte del folclore de su carrera.
Una 'vida loca' que pasó por Londres en los 70
Más allá de los escenarios y los platós, la biografía de Marta Fernández Muro incluye un capítulo tan fascinante como arriesgado. En plena década de los setenta, la actriz decidió empacar sus maletas y trasladarse a Londres en busca de nuevas experiencias. Lo que encontró fue un contexto social y político complejo, donde ser español estaba mal visto debido al franquismo que agonizaba.
'Estaba fatal visto ser española fuera de nuestras fronteras: te daba vergüenza decirlo', recuerda. En aquella época, la imagen de España en el exterior estaba marcada por la dictadura, y muchos jóvenes españoles se enfrentaban a prejuicios en sus viajes por Europa.
Para sobrevivir en la capital británica, Fernández Muro trabajó en una peluquería, lavando cabezas en una situación que califica como 'ilegal'. Esta experiencia le permitió fraguar una amistad entrañable con el quiosquero de su barrio londinense. Cada día, al pasar por su puesto, le formulaba la misma pregunta: '¿Se ha muerto ya Franco?'.
La esperanza de la joven actriz era que la muerte del dictador abriera un nuevo horizonte para España. Y llegó el día deseado: 'Un día, llegué y sin que se lo preguntara dijo: "¡¡¡yes!!!"'. Aquel momento marcó el fin de una era y el comienzo de la transición española, que también significó para Fernández Muro el cierre de su aventura londinense.
El reconocimiento tardío pero bienvenido
Aunque su rostro es familiar para varias generaciones de espectadores, el Premio Feroz de Honor representa para Marta Fernández Muro un reconocimiento institucional que llega en el mejor momento. La actriz ha demostrado que la constancia, el talento y la capacidad de reinventarse son valores esenciales para una carrera duradera en el mundo del espectáculo.
Su reciente participación en series como Poquita fe demuestra que su talento sigue vigente y en demanda. A sus 50 años de trayectoria, Fernández Muro no muestra señales de desaceleración. Al contrario, cada nuevo proyecto la llena de la misma ilusión que la caracteriza desde sus inicios.
La lección de su trayectoria es clara: el éxito no siempre viene de los papeles protagonistas, sino de la capacidad de brillar dondequiera que se te ubique. En una industria obsesionada con el estrellato, Marta Fernández Muro ha construido su legado sobre la base de la profesionalidad, el humor y la autenticidad.
Reflexiones sobre el oficio actoral
En sus declaraciones, Fernández Muro deja entrever una profunda comprensión de su oficio. No se queja de los estereotipos cómicos que ha interpretado, sino que los celebra como la fuente de su longevidad profesional. Su actitud refleja madurez artística y una visión realista de un sector donde la competencia es feroz y las oportunidades, a veces, caprichosas.
El episodio con Almodóvar, ya sea real o exagerado, ilustra las complejidades de las relaciones profesionales en el cine español. Los egos, las prioridades cambiantes y las decisiones apresuradas pueden cerrar puertas que parecían permanecer abiertas. Sin embargo, Fernández Muro ha demostrado que una puerta cerrada no define una carrera.
Su experiencia en Londres, por otro lado, habla de una generación de artistas españoles que buscaban respuestas fuera de las fronteras nacionales. En plena transición política, muchos jóvenes veían en el extranjero una forma de escapar de las limitaciones del franquismo y de explorar nuevas formas de vida y creación.
Un legado de humor y profesionalidad
A medida que recibe este premio, Marta Fernández Muro se convierte en un referente para aquellas actrices y actores que aspiran a una carrera sostenida en el tiempo. Su ejemplo demuestra que no es necesario ser el rostro principal de una producción para dejar huella. Al contrario, la consistencia en el trabajo secundario puede construir una trayectoria igual de respetable y querida.
La clave de su éxito radica en su capacidad para encontrar la humanidad en cada personaje, por pequeño que sea. Ya sea haciendo reír como una criada traviesa o como una monja pecadora, Fernández Muro infunde autenticidad a cada interpretación. Este don ha sido reconocido tanto por el público como por sus compañeros de profesión.
En un momento en que la industria del entretenimiento español busca nuevos referentes y celebra la diversidad de talentos, el reconocimiento a Marta Fernández Muro llega como un recordatorio de que las carreras largas y fructíferas se construyen con paciencia, dedicación y amor al oficio.
Conclusiones: el premio como punto de inflexión
El Premio Feroz de Honor no es solo un reconocimiento a 50 años de trabajo, sino una celebración de una forma particular de entender la interpretación. Marta Fernández Muro representa el valor del carácter, la importancia de la comedia en nuestra cultura y la resistencia de aquellos artistas que han sabido mantenerse relevantes sin necesidad de los focos principales.
Su historia, desde los escenarios de teatro hasta su aventura londinense, desde sus encuentros con directores de renombre hasta su particular relación con el mito de Almodóvar, conforma un mosaico de la España cultural de las últimas cinco décadas. Una España que ha cambiado radicalmente, pero que sigue necesitando de artistas como ella para reírse de sí misma y encontrar la alegría en lo cotidiano.
Marta Fernández Muro ha demostrado que la verdadera grandeza no está en el estrellato efímero, sino en la capacidad de mantener la ilusión intacta después de medio siglo. Y eso, sin duda, merece ser celebrado.