Como propietario de un iPhone 16 Pro, debo admitir que mi relación con el Control de Cámara es ambivalente. Sí, lo uso a diario, pero no precisamente para lo que Apple diseñó. En lugar de ajustar manualmente la exposición o el zoom con sus gestos táctiles, lo he convertido en un mero acceso directo a la cámara fotográfica y a Visual Intelligence. Y tras conversaciones con otros usuarios, detecto un patrón común: la subutilización de una función que prometía revolucionar la forma de capturar imágenes.
La polémica surge de una filtración originada en Weibo, la plataforma social china equivalente a Twitter, donde una fuente anónima ha desatado la especulación. Según este rumor, la compañía de Cupertino habría comunicado oficialmente a sus proveedores de componentes que el iPhone 18, previsto para 2026, no incluiría el sensor táctil ni los motores hápticos asociados a este controvertido botón. La decisión, si es cierta, ya estaría tomada en los despachos de Apple.
Las causas que se barajan no sorprenden a quienes siguen de cerca las estrategias de la marca. En primer lugar, la baja utilización real por parte del público general. Aunque inicialmente generó expectación, la mayoría de propietarios terminan empleándolo como simple atajo, desaprovechando su potencial para controles profesionales. En segundo lugar, los problemas ergonómicos y de usabilidad: su ubicación lateral hace que se active accidentalmente al agarrar el dispositivo, los gestos no siempre responden con la precisión esperada y dominar su interfaz requiere un tiempo de aprendizaje que pocos están dispuestos a invertir.
Este no sería el primer capítulo en la historia de Apple de funciones tecnológicamente avanzadas pero comercialmente fallidas. El paralelismo más evidente es la Touch Bar, esa franja táctil que sustituyó a las teclas de función en los MacBook Pro entre 2016 y 2021. Muchos profesionales, incluido este redactor, la encontraban genuinamente útiles para ajustes de brillo, volumen o herramientas contextuales en aplicaciones creativas como Photoshop o Final Cut Pro. Sin embargo, Apple decidió su descontinuación en 2021, regresando a las teclas físicas tradicionales. La razón oficial fue escuchar a los usuarios, pero los informes internos apuntaban a costes de mantenimiento y una fragmentación de la experiencia que no justificaba su existencia.
Antes de la Touch Bar ya tuvimos el 3D Touch, tecnología introducida en 2015 con el iPhone 6s que detectaba niveles de presión en la pantalla. Permitía vistas previas de contenido, menús contextuales rápidos y atajos intuitivos una vez superada la curva de aprendizaje. Su eliminación en 2019, sustituida por Haptic Touch, se justificó técnicamente como una medida de optimización, pero los analistas coinciden: su coste de fabricación era superior y gran parte de la base de usuarios nunca exploró sus capacidades avanzadas. El ecosistema Apple no perdonaba una función que no entendía el usuario medio.
El patrón se repite. La compañía de Tim Cook no duda en desechar innovaciones que no alcanzan la masa crítica de adopción, por muy sofisticadas que sean técnicamente. El Control de Cámara parece encajar en esta categoría: una solución en busca de un problema que la mayoría no tenía. Los gestos tradicionales en pantalla siguen siendo más rápidos e intuitivos para el 95% de las situaciones fotográficas.
Es crucial, no obstante, matizar la fiabilidad de esta información. La cuenta de Weibo que originó el rumor carece de un historial contrastado de aciertos. Su actividad se centra en recopilar especulaciones de fuentes diversas sin aportar evidencias directas. Apple mantiene su habitual hermetismo y no ha realizado comentarios oficiales. De hecho, el iPhone 17 que se presentará en septiembre de 2025 mantendrá sin duda este botón, por lo que cualquier cambio estaría a dos generaciones de distancia.
La lección es clara: en el diseño de productos de consumo masivo, la simplicidad vence a la complejidad tecnológica. Una función debe ser descubrible, intuitiva y resolver una necesidad palpable desde el primer uso. Si requiere un manual o un período de adaptación prolongado, su supervivencia está en entredicho. Apple lo sabe bien y tiene historial de cortar por lo sano, por muy doloroso que resulte para los early adopters que sí aprovechaban esas capacidades.
Mientras tanto, los usuarios del iPhone 16 Pro y del próximo iPhone 17 pueden seguir disfrutando (o ignorando) su Control de Cámara. La pregunta no es si la tecnología funciona, sino si justifica su espacio, coste y curva de aprendizaje. La historia, y este rumor, sugieren que la respuesta de Apple podría ser negativa. La innovación, en casa de los de Cupertino, siempre está sujeta a un juicio implacable: ¿lo usa la abuela? Si la respuesta es no, su futuro es incierto.