Cuando un futbolista se convierte en pieza fundamental del rompecabezas táctico, su ausencia se siente con mayor intensidad. En el caso de Boca Juniors, la baja de Exequiel Zeballos ha desatado una verdadera preocupación en el cuerpo técnico dirigido por Claudio Úbeda. Mientras que otras ausencias pueden ser cubiertas con ajustes relativamente simples, la lesión muscular del extremo santiagueño representa un desafío de envergadura sin precedentes en el plantel actual.
La situación se vuelve más compleja cuando se analiza el contexto reciente. El equipo ya había superado con éxito la ausencia de tres delanteros centro de jerarquía: Miguel Merentiel, Edinson Cavani y Milton Giménez. A pesar de estas bajas simultáneas, el conjunto xeneize logró cosechar seis puntos de nueve posibles, improvisando con Nicolás Zufiaurre y Lucas Janson en posiciones poco habituales, e incluso sumando de urgencia a Ángel Romero para reforzar la delantera. Sin embargo, la pérdida de Zeballos perturba el equilibrio de un modo distinto.
Lo que distingue a Zeballos no es solo su velocidad punta o su capacidad para desbordar, sino una combinación excepcional de atributos que raramente se encuentran en un mismo ejecutor. El joven de 22 años domina tanto el juego en espacios amplios, donde su aceleración y despliegue físico se vuelven letales, como en los metros finales, donde su arranque explosivo y su gambeta fina le permiten sortear rivales en situaciones de estrecho margen. Esta dualidad lo convierte en un arma versátil e impredecible, capaz de resolver situaciones estancadas por sí mismo.
El reciente refuerzo del equipo, Ander Herrera, no tardó en percibir el potencial descomunal del santiagueño. "He compartido plantel con numerosos futbolistas que generan desequilibrio en duelos individuales, pero Zeballos posee algo único. Intento mantener conversaciones frecuentes con él, transmitirle lo que he aprendido a lo largo de mi trayectoria. Mi principal consejo gira en torno a la toma de decisiones: debe aprender a identificar el momento exacto para encarar directo al rival o buscar la combinación. Si logra perfeccionar ese criterio, dudo que exista otro talento similar en el fútbol argentino", expresó el español recientemente.
Bajo la tutela de Úbeda, el extremo ha experimentado una metamorfosis notable. No solo ha pulido sus condiciones técnicas y físicas, sino que también ha madurado emocionalmente, transformándose en un profesional más completo y consciente de su rol. Este crecimiento holístico se traduce directamente en números: goles decisivos, asistencias precisas y una influencia creciente en el rendimiento colectivo. Precisamente por esta razón, su ausencia deja un vacío que no puede ser colmado simplemente con un cambio de nombres en la planilla.
El cuerpo técnico enfrenta ahora el dilema de cómo recomponer el rompecabezas ofensivo sin su pieza más dinámica. La primera medida tangible ha sido la aceleración en la recuperación de Miguel Merentiel, quien aunque posee un perfil completamente diferente al de Zeballos, aporta experiencia, liderazgo en el área y un peso específico que se hace indispensable en momentos de crisis. Su retorno no busca imitar las características del Changuito, sino compensar la falta de peso ofensivo con otras virtudes.
La estrategia que baraja Úbeda parece apuntar a construir un frente de ataque alrededor de Merentiel como referencia, flanqueado por elementos que aporten desequilibrio técnico y rapidez. En este esquema, Gonzalo Gelini surge como candidato interesante por su descaro y audacia, aunque su falta de rodaje en competencias de alto vuelo y el hecho de jugar fuera de casa podrían restarle opciones. Por su parte, Ángel Romero ofrece talento consolidado y experiencia internacional, convirtiéndose en un complemento lógico para la banda contraria.
La lista de alternativas continúa con Iker Zufiaurre, quien ya tuvo minutos en posiciones adelantadas aunque no mostró su mejor versión lejos de su zona de confort natural. No obstante, su versatilidad lo mantiene en la consideración del cuerpo técnico. Finalmente, aparece la figura de Kevin Zenón, quien tuvo una oportunidad parcial ante Estudiantes y aunque no terminó de aprovecharla, su trayectoria previa y su conocimiento del sistema lo mantienen como opción viable que Úbeda no descarta.
El panorama permanece abierto y la decisión final dependerá de múltiples variables: el estado físico de los candidatos, el rival específico y el contexto del torneo. Lo que es indiscutible es que ninguna solución individual podrá replicar exactamente lo que ofrece Zeballos. La clave estará en encontrar una combinación colectiva que, aunque diferente, resulte igualmente efectiva. La práctica formal de este jueves será el escenario donde Úbeda comenzará a dar pistas concretas sobre cómo pretende suplir a un futbolista que, por sus condiciones, parece genuinamente irreemplazable.
El tiempo apremia y la pelota no espera. Mientras Zeballos se recupera, su equipo debe seguir compitiendo al más alto nivel, demostrando que el carácter colectivo puede superar la ausencia de individualidades excepcionales. La prueba de fuego está servida.