Urko Izeta: la sorpresa de Valverde que casi cambia la suerte del Athletic

El delantero guipuzcoano, con solo 66 minutos en LaLiga, fue titular en Sevilla y dejó su huella en el gol de Navarro antes de dar paso al joven Hierro

La visita del Athletic Club al Ramón Sánchez Pizjuán ya prometía ser un examen complicado por sí misma, pero Ernesto Valverde decidió añadirle una capa extra de intriga con un once inicial que nadie vio venir. Mientras todos los focos apuntaban a la vuelta de Berenguer o a la consolidación de Unai Gómez como referente ofensivo en lugar del sancionado Guruzeta, el técnico bilbaíno dio un golpe de efecto rotundo: Urko Izeta, el futbolista de campo con menos minutos en toda la plantilla rojiblanca, saltaba al césped como titular.

La decisión no carecía de lógica si se analizaba con detenimiento. Izeta, formado en Lezama y con una temporada de récord en el Mirandés (15 goles en 44 partidos de Liga Hypermotion), llevaba prácticamente inédito en el primer equipo. Sus 66 minutos repartidos en 20 jornadas de LaLiga eran una muestra de su ostracismo, salvo su participación en la Copa ante el Ourense, donde actuó desplazado a la banda izquierda. Sin embargo, Valverde vio algo que el resto de mortales no percibía: la necesidad de un delantero móvil, incisivo y sin complejos para agitar una delantera que últimamente carecía de chispa.

Desde el pitido inicial, Izeta demostró que no había venido a cumplir un trámite. Su activud fue la de quien tiene algo que demostrar, de quien sabe que las oportunidades en el fútbol de élite se miden en minutos, no en horas. En punta, moviéndose entre líneas, buscando espacios donde otros solo veían muros defensivos, el guipuzcoano se convirtió en una pesadilla para la zaga sevillista. Su primera intervención de peso llegó cuando presionó al porterio Vlachodimos fuera de su área, forzando un error que a punto estuvo de convertirse en el primer gol, pero Ruiz de Galarreta no logró definir con acierto.

El premio a su insistencia llegó en el ecuador de la primera mitad. Tras un desmarque inteligente en el corazón del área, Izeta recibió un balón en la frontal y disparó con convicción. El meta griego consiguió tocar el esférico, pero su rechace fue tan corto que Robert Navarro, atento como un halcón, apareció para empujar el balón a la red. El 0-1 era justa recompensa a la valentía de un Athletic que había salido a por todas, y especialmente a Izeta, autor intelectual de la jugada aunque no figurara como goleador en el acta.

Pero el fútbol tiene estas cosas. La alegría duró lo que tarda en llegar un suspiro. El Sevilla reaccionó con la contundencia de un equipo curtido en mil batallas europeas, y antes del descanso ya había dado la vuelta al marcador. Izeta, lejos de desanimarse, tuvo incluso la ocasión de empatar antes del pitido final de la primera parte, pero su remate con el pecho en boca de gol se marchó desviado. Era el preludio de su despedida del encuentro.

En el minuto 57, con el Sevilla ya 2-1 arriba, Valverde decidió que Izeta había cumplido su misión. El cambio, sin embargo, no fue el esperado. Navarro abandonó el campo para dar entrada a Nico Williams, mientras que el propio Izeta dejaba su lugar a un jovencísimo Hierro, otro producto de la cantera que apenas había tenido contacto con el primer equipo. La apuesta doble del Txingurri buscaba revolucionar el ataque con velocidad y frescura, pero el resultado fue justamente el contrario.

El Athletic perdió la movilidad que Izeta aportaba en punta. Hierro, pese a su entrega y su capacidad para ganar duelos aéreos, carecía de la experiencia necesaria para moverse con soltura entre los centrales rivales. Durante media hora, el delantero estuvo prácticamente desconectado del juego, sin apenas toques de balón que le permitieran demostrar su calidad. La sensación era que el equipo se había quedado sin referente ofensivo, naufragando en un mar de imprecisiones y falta de ideas.

El desenlace del partido dejó una imagen para el recuerdo, aunque no precisamente feliz para los intereses rojiblancos. En el minuto 91, con el Athletic volcado en busca del empate, Hierro tuvo en sus botas la ocasión del empate. Un balón suelto dentro del área le cayó como manna del cielo, pero su remate, lejos de ser un golpe certero, salió desviado por completo. Era la última ocasión clara del encuentro, y con ella se esfumaban los puntos en el estadio hispalense.

La derrota dejó un sabor agridulce en el vestuario rojiblanco. Por un lado, la confirmación de que el equipo sigue sin encontrar la regularidad necesaria para competir con los grandes. Por otro, la sensación de que, quizás, Valverde ha encontrado una pieza interesante en Izeta. El guipuzcoano demostró que puede ser una alternativa válida en ataque, con movilidad, sacrificio y olfato de gol. Su cesión al Mirandés no fue un espejismo, sino el bautismo de fuego que necesitaba para crecer como futbolista.

El futuro inmediato de Izeta dependerá de cómo gestione esta oportunidad. Con Guruzeta como titular indiscutible y la competencia de Williams, Berenguer y otros, los minutos no serán fáciles de conseguir. Pero el fútbol premia a los que están preparados cuando llega su momento, y ante el Sevilla, Izeta demostró que su reloj interno no está desfasado. Su actuación fue un mensaje en clave para Valverde: cuenta con él.

Por su parte, Hierro vivió su propia experiencia de aprendizaje. El fallo en la ocasión del 91 no debe ensombrecer su proyección. Todos los grandes delanteros han errado ocasiones clamorosas en sus inicios. Lo importante es la capacidad de superación, y el joven ariete demostró durante sus minutos en el campo que tiene físico, coraje y vocación de área. Le falta pulir detalles, pero la materia prima es de calidad.

El Athletic se enfrenta ahora a una semana de reflexión. La derrota en Sevilla no es un desastre, pero sí un aviso. La plantilla necesita encontrar equilibrio entre veteranía y juventud, entre experiencia y frescura. Las apariciones de Izeta y Hierro no son simples anécdotas, sino ventanas hacia el futuro. Un futuro que, tarde o temprano, tendrá que pasar por la apuesta decidida por la cantera y por dar minutos a quienes demuestran en los entrenamientos que los merecen.

Valverde tiene en sus manos la difícil tarea de gestionar esta transición. El técnico sabe que no puede descartar a nadie en una temporada tan larga y exigente. Izeta ha puesto su nombre en la agenda. Ahora le toca al entrenador decidir si ese nombre aparece con más frecuencia en los onces iniciales o vuelve a quedarse en el olvido estadístico de los minutos residuales. Lo que está claro es que, por una noche en el Pizjuán, el delantero de Aia demostró que los sueños se construyen con trabajo, paciencia y la valentía de aprovechar la oportunidad cuando llama a tu puerta. Y en el fútbol, esas puertas se abren con la misma frecuencia con la que se cierran. La clave está en estar preparado. Izeta lo estaba. Y eso, en el mundo del deporte de élite, es la mitad del camino hacia el éxito.

Referencias