Cyle Larin: el misterio del delantero que no encuentra el gol en el Feyenoord

El canadiense, cedido por el Mallorca, suma cero goles en la Eredivisie y solo uno en Europa League, generando dudas sobre su futuro

La cesión de Cyle Larin al Feyenoord se presentaba como la oportunidad perfecta para revitalizar la carrera de un delantero que había perdido fuelle en el RCD Mallorca. Sin embargo, lo que debía ser un trampolín hacia la recuperación de su mejor versión se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para el club neerlandés, el jugador y la entidad bermellona, que confiaba en revalorizar una inversión de 7,5 millones de euros.

Las cifras son, cuanto menos, preocupantes. En lo que va de temporada en la Eredivisie, Larin no ha conseguido anotar ni un solo gol. Su único tanto oficial llegó en la Europa League, concretamente ante el Panathinaikos, lo que deja un bagaje extremadamente escaso para un atacante de su calibre. Esta sequía goleadora ha generado un círculo vicioso: el canadiense no marca, por lo que no juega, y al no jugar, pierde las opciones de romper su mala racha.

La situación ha llegado a tal punto que en los últimos días han surgido rumores sobre una posible petición de salida por parte del futbolista. La falta de minutos bajo las órdenes de Robin van Persie, leyenda viva del fútbol neerlandés en su faceta de entrenador, ha convertido su experiencia en Rotterdam en una pesadilla profesional. No es titular y apenas cuenta con minutos esporádicos, lo que dificulta enormemente que pueda encontrar el ritmo necesario para demostrar su valía.

El partido de anoche en el estadio de La Cartuja ante el Betis sirvió como un símil perfecto de su temporada. El escenario no podía ser más simbólico: volvía al lugar donde, junto al Mallorca, disputó la final de la Copa del Rey en 2024. Pero la historia se repitió con guión conocido para los aficionados bermellones que han sufrido sus imprecisiones.

Durante el encuentro, Larin tuvo al menos cuatro ocasiones claras para marcar. En la primera, recibió un balón en el área quedando solo ante Pau López, pero un control defectuoso le impidió definir con garantías. Posteriormente, se encontró de nuevo mano a mano con el portero andaluz, que esta vez acertó a desviar su remate. En otra jugada, remató con el hombro cuando la situación pedía un cabezazo técnico. Por si fuera poco, logró batir la portería, pero el gol fue anulado por fuera de juego previo de un compañero. El ciclo se cerró con otro mano a mano fallado ante Pau López.

El rostro de Van Persie en el banquillo decía más que mil palabras. El técnico, uno de los máximos artilleros de la historia del fútbol, se giraba hacia su cuerpo técnico buscando respuestas que no encontraba. La frustración era evidente en cada gesto. Cómo un delantero con las condiciones físicas y técnicas de Larin puede tener tanta dificultad para transformar las ocasiones en goles es un enigma que parece irresoluble.

El problema no radica en su actitud. Larin no se esconde en el campo. Al contrario, va a todas las jugadas, brega con los defensas, utiliza su cuerpo para ganar posiciones y muestra una velocidad envidiable. Siempre está en el lugar correcto en el momento adecuado. La capacidad de generar ocasiones no es el problema; la dificultad está en la definición, en esa fracción de segundo donde la mente debe estar tan afilada como la técnica.

La diferencia entre un futbolista profesional y un gran futbolista a menudo reside en la cabeza. La mentalidad, la confianza, la capacidad de sobreponerse a la presión son cualidades intangibles pero fundamentales. Larin parece atrapado en una espiral psicológica donde cada fallo refuerza la duda, y cada duda aumenta las probabilidades de fallar. No es un mal tipo, no falta compromiso, pero algo no funciona en el momento de la verdad.

El colmo de la desgracia para Van Persie llegó cuando decidió sustituir a Larin. Al ver que ni siquiera con dos días consecutivos de partido iba a ver portería, dio entrada a su hijo Shaqueel Van Persie, de 19 años. Sin embargo, el joven futbolista se lesionó gravemente de rodilla a los pocos minutos, dejando al técnico desconsolado en el banquillo. La imagen de un padre preocupado por su hijo contrastaba con la frustración profesional de no poder sacar partido a un recurso como Larin.

La pregunta que se hacen todos es: ¿quién puede ayudar a Larin? El Mallorca, que invirtió una cantidad considerable en su fichaje, contempla con preocupación cómo se diluye el valor de su activo. La cesión al Feyenoord tenía como objetivo claro que el jugador recuperara confianza y minutos de calidad para regresar a Palma con garantías. Sin embargo, la realidad es bien distinta.

Los analistas apuntan a que el problema puede ser multifactorial. Por un lado, la adaptación a una liga tan táctica como la neerlandesa requiere tiempo. Por otro, la falta de continuidad no ayuda a generar la confianza necesaria. Algunos expertos sugieren que necesitaría un psicólogo deportivo para desbloquear su mente, mientras que otros creen que un cambio de aires más radical sería la única solución.

Lo cierto es que el caso Larin es único en la memoria reciente del Mallorca. No se recuerda un delantero con tantas ocasiones generadas y tan pocos goles convertidos. Su ratio de conversión es alarmantemente bajo, y cada partido que pasa sin marcar agrava el problema. La presión mediática, las dudas de los aficionados y la frustración de los técnicos crean un caldo de cultivo poco favorable para la recuperación.

En el fútbol moderno, donde los datos y el rendimiento son todo, un delantero que no marca es un problema insostenible. Los clubes no pueden permitirse el lujo de mantener a un jugador que no cumple con su función principal, por mucho que genere oportunidades. Larin se encuentra en una encrucijada: o encuentra la manera de romper esta mala racha o su carrera en el máximo nivel se verá seriamente comprometida.

El tiempo juega en su contra. Cada partido sin marcar es un paso más hacia la confirmación de que algo no funciona. La confianza de Van Persie es limitada, y en el fútbol los entrenadores no pueden esperar eternamente. La necesidad de resultados inmediatos en un club como el Feyenoord, que compite por títulos, no deja margen para proyectos a largo plazo con jugadores en crisis.

Para el Mallorca, la situación es un dolor de cabeza económico y deportivo. La inversión de 7,5 millones de euros requiere un retorno que, de momento, no llega. La cesión al Feyenoord era la apuesta por revitalizar un activo depreciado, pero los resultados están siendo contrarios a lo esperado. La entidad bermellona debe empezar a plantearse alternativas: ¿seguir apostando por Larin? ¿Buscar otra cesión? ¿Intentar una venta aunque sea con pérdidas?

El futuro inmediato de Larin pasa por romper esta dinámica negativa. Necesita un gol, cualquier gol, que le devuelva la confianza perdida. Pero ese gol no llega, y cada intento frustrado refuerza la narrativa de un delantero maldito. El fútbol es a veces cruel con quienes no encuentran la manera de superar sus propios demonios.

La pregunta sigue en el aire: ¿es un problema técnico, mental o simplemente una mala racha extrema? Mientras no se encuentre la respuesta, Linar seguirá siendo el enigma del Feyenoord, el delantero que lo intenta todo pero no consigue nada. Y el reloj sigue corriendo.

Referencias