Grave lesión de Shaqueel Van Persie en el Betis-Feyenoord

El hijo del mítico delantero holandés sufrió una rotura de rodilla en La Cartuja y recibió una emotiva ovación del público

La noche europea en el estadio de La Cartuja dejó un sabor agridulce para el Feyenoord. Mientras el Real Betis celebraba su pase a la siguiente fase de la UEFA Europa League con autoridad, el conjunto neerlandés se despedía de la competición con un doloroso episodio que trascendió el terreno de juego. La eliminación deportiva quedó eclipsada por una tragedia personal para su técnico, Robin Van Persie, quien vio cómo su hijo Shaqueel se retiraba del campo en camilla con una aparentemente grave lesión en la rodilla derecha.

El encuentro había transcurrido con un dominio claro del equipo hispalense, especialmente durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Las bandas del Betis se convirtieron en un auténtico quebradero de cabeza para la defensa visitante, con dos futbolistas que desequilibraron constantemente: Antony y Ez Abde. Sus regates, cambios de ritmo y precisión en los centros desestabilizaron por completo al Feyenoord, que apenas pudo contener el vendaval ofensivo local.

Por su parte, el ataque del conjunto de Rotterdam echó de menos la puntería de Cyle Larin, delantero con experiencia en la máxima categoría del fútbol español. El canadiense tuvo múltiples ocasiones para acortar distancias, pero la fortuna le resultó esquiva. Falló desde diversas posiciones y situaciones, demostrando que aquel jueves no era su noche. Sin embargo, el verdadero golpe para el Feyenoord llegaría en los instantes finales, cuando la eliminación ya era un hecho consumado.

El fatídico momento llegó en el minuto 83. Robin Van Persie decidó dar entrada a su hijo Shaqueel, de 19 años, en sustitución del desacertado Larin. La ilusión del joven futbolista por demostrar su valía en una competición europea se vio truncada de forma brutal y prematura. En una acción aérea, disputando un balón con el experimentado central del Betis Diego Llorente, Shaqueel saltó para ganar la posición. El aterrizaje, sin embargo, fue desastroso. Su pierna derecha se dobló de manera antinatural y el dolor fue instantáneo.

Inmediatamente, el joven extremo se derrumbó sobre el césped, con las manos agarrando su rodilla derecha y una mueca de dolor que anticipaba lo peor. Llorente, consciente de la gravedad de la situación y con su propia experiencia reciente de una lesión de larga duración, acudió enseguida a su lado. El madrileño, que conoce de primera mano la frustración de verse alejado de los terrenos de juego por una lesión grave, fue el primero en ofrecer consuelo al joven promesa holandesa.

Los servicios médicos del Feyenoord acudieron rápidamente al lugar del incidente. Tras una primera exploración, determinaron que la situación requería la asistencia de una camilla. Mientras era atendido, el público presente en La Cartuja reaccionó con una magnífica demostración de deportividad. Tanto los 3.385 seguidores holandeses que habían viajado hasta Sevilla como la mayoría de los 42.688 espectadores béticos que llenaban el estadio se pusieron en pie para ovacionar a Shaqueel Van Persie. Una muestra de cariño y respeto que traspasaba colores y banderas.

En el banquillo, Robin Van Persie vivió una de las escenas más duras para cualquier padre. El mítico exdelantero, autor de tantos goles memorables en su carrera, vio cómo su hijo se retiraba del campo entre lágrimas. En ese momento, dejó de ser el entrenador del Feyenoord para convertirse únicamente en un padre preocupado. Se acercó a Shaqueel, le tocó el rostro con ternura, se agachó para hablarle con palabras de ánimo. La dualidad de su rol quedó patente: la profesionalidad del técnico que debe gestionar la derrota y la vulnerabilidad del progenitor que ve sufrir a su hijo.

Shaqueel Van Persie representa una de las promesas más brillantes del fútbol neerlandés. Nacido en Londres hace 19 años, cuando su padre defendía los colores del Arsenal, ha crecido con el balón como compañero de viaje. Su formación en las categorías inferiores de la selección de Países Bajos ha sido impecable, y su progresión en el Feyenoord meteórica. Ante el Betis disputaba su sexto encuentro con el primer equipo, el tercero en competición continental. En esa corta trayectoria ya había dejado huella: dos goles y una asistencia que hablaban de su calidad y potencial ofensivo.

La lesión, por desgracia, no parece de corta duración. Los gestos de los médicos y la evidente gravedad de la acción apuntan a una rotura de ligamentos que podría mantenerle alejado de los terrenos de juego durante varios meses. Un contratiempo brutal para un joven que acaba de comenzar a abrirse camino en el fútbol de élite. La trayectoria de su padre, marcada también por serias lesiones a lo largo de su carrera, sirve como referencia de superación, pero en ese instante el dolor físico y emocional era lo único real.

Lo que sí se lleva Shaqueel de Sevilla es el cariño incondicional de una afición que supo valorar el esfuerzo y la desgracia ajena. Esa ovación, unánime y sentida, será un bálsamo para su recuperación. En un mundo donde el fútbol a menudo se olvida de sus valores, La Cartuja ofreció una lección de humanidad. Los béticos, pese a la alegría de la clasificación, tuvieron un gesto de nobleza que no pasará desapercibido en Rotterdam.

El Feyenoord se despide de Europa con una derrota contundente y una lista de lesionados que crece de manera preocupante. Pero más allá del resultado, la institución neerlandesa guardará en su memoria el gesto de deportividad del Betis y su afición. Ahora, el foco está en la recuperación de Shaqueel Van Persie, en las pruebas médicas que confirmarán el alcance exacto de la lesión, y en el apoyo que recibirá de su familia, su club y un sector del fútbol que, por una noche, dejó de lado la rivalidad para abrazar a un joven herido.

La carrera de Shaqueel apenas comienza y ya enfrenta su primera gran prueba. La resiliencia, el apoyo y su propio talento serán las herramientas para volver más fuerte. Mientras tanto, el recuerdo de esa ovación en La Cartuja permanecerá como un testimonio de que, en el fútbol, la humanidad siempre debe estar por encima de cualquier resultado.

Referencias