Movistar Estudiantes conquista su primera Copa España en un final épico

Los colegiales superan al Súper Agropal Palencia 73-69 con una actuación estelar de Lotanna Nwogbo, MVP del torneo, y Jayson Granger en los minutos decisivos

La historia se escribió este domingo en el pabellón de Palencia. El Movistar Estudiantes logró lo que parecía una quimera durante décadas: alzar la Copa España por primera vez en su historia. Lo hizo con un triunfo de prestigio ante un rival que peleó hasta el último suspiro, el Súper Agropal Palencia, con un marcador final de 73-69 que no refleja la intensidad vivida sobre la parqueta.

El conjunto colegial demostró una vez más por qué el baloncesto español vive uno de sus mejores momentos en categorías de formación y competición. Frente a un Palencia que llegaba con la moral por las nubes tras una temporada excepcional, los de Toni Ten supo capear las adversidades y encontrar en sus estrellas la chispa necesaria para encender la mecha del triunfo.

El partido comenzó con un ritmo vertiginoso. El Estudiantes salió más enchufado al parquet, imponiendo su ley en el primer cuarto con un parcial de 24-18 que hacía presagiar una noche cómoda. Sin embargo, el baloncesto tiene estas cosas. El Palencia, liderado por un Borg incansable y un Vrankic que se erigió en referente ofensivo, no se arrugó. El segundo periodo fue un intercambio de golpes constante, con los palentinos recortando distancias y dejando el electrónico en 37-31 al descanso.

La segunda mitad trajo consigo la tensión propia de una final. El tercer cuarto se convirtió en un pulso táctico donde cada posesión valía su peso en oro. El Palencia, con un Wintering que arrastraba molestias físicas evidentes, intentó sacar provecho de su dominio en la pintura. Los de casa capturaron nada menos que 14 rebotes ofensivos, una cifra astronómica que mantuvo vivas sus esperanzas. Pero la puntería falló cuando más se necesitaba: un 8 de 28 en triples es difícil de digerir en un partido de estas características.

Por su parte, el Estudiantes mostró una madurez envidiable. A pesar de verse superado en el juego interior, supo encontrar soluciones desde el perímetro y en transiciones rápidas. La defensa en zona del Palencia fue un quebradero de cabeza que los colegiales supieron desmontar con paciencia y acierto en los momentos clave.

Pero si hay algo que permanecerá en la retina de los aficionados es el desenlace. A falta de dos minutos, el marcador reflejaba un empate a 69 que ponía los pelos de punta a ambas aficiones. Fue entonces cuando la experiencia y la calidad de los jugadores grandes se hizo patente.

Jayson Granger, el capitán y alma del equipo, no pasaba por su mejor momento físico. Los minutos acumulados y la intensidad del torneo habían pasado factura. Sin embargo, cuando el equipo más lo necesitaba, el uruguayo apareció. Con la sangre fría que le caracteriza, decidió atacar directamente la zona palentina, provocando una falta que le llevó a la línea de tiros libres. Los dos puntos fueron un bálsamo: 69-71.

La respuesta del Palencia no se hizo esperar, pero en la siguiente jugada, Lotanna Nwogbo demostró por qué fue elegido MVP de la final. El pívot estadounidense, de 203 centímetros, se midió en un duelo individual contra Wintering, más bajo pero rápido. La defensa de Nwogbo fue impecable, forzando un error que le dio la posesión a su equipo. El contragolpe fue letal: Granger penetró con decisión y dejó un mate servido sobre la bandeja para su compañero. 69-73 a falta de segundos.

El broche de oro llegó con una acción defensiva que resume a la perfección el espíritu del Estudiantes. Nwogbo, con la autoridad que da haber sido el mejor jugador de la cancha, levantó los brazos y bloqueó un intento de Borg que hubiera devuelto la emoción al partido. El tapón cerró el encuentro y abrió las puertas de la gloria.

Los números de Nwogbo hablan por sí solos: 16 puntos, 8 rebotes y 25 de valoración. Pero más allá de las estadísticas, su impacto emocional fue determinante. Granger, por su parte, firmó 12 puntos y 5 asistencias para 19 de valoración, con un 3 de 5 en triples que demuestra su eficiencia cuando el reloj aprieta.

El resto del equipo también aportó su granito de arena. Vaulet y Garino aportaron solidez defensiva y puntos valiosos. Silverio, desde el banquillo, inyectó energía con 9 puntos que resultaron cruciales. Cada jugador cumplió su rol a la perfección en un equipo que ha encontrado la química perfecta.

El triunfo tiene un sabor especial para la entidad colegial. Supone el séptimo título histórico del club, pero el primero en esta competición. Además, es el tercer trofeo que levantan en los últimos cinco años en la Primera FEB, lo que confirma el excelente trabajo de cantera y la apuesta por un proyecto sostenible.

Las consecuencias de este título trascienden lo puramente deportivo. El club embolsa 50.000 euros en premios, una cantidad nada despreciable para una entidad que vive con austeridad. Pero quizá lo más importante sea la ventaja competitiva que obtiene: serán primeros cabezas de serie en el playoff de ascenso, siempre que no logren el ascenso directo. En caso de terminar entre los ocho primeros, ocuparán la segunda posición en el sorteo, lo que facilita enormemente el camino hacia la ACB.

El trabajo de Toni Ten desde el banquillo merece un capítulo aparte. El técnico ha sabido gestionar un vestuario con veteranos y jóvenes talentos, creando un grupo cohesionado que no se desmorona ante la adversidad. Esta Copa supone la confirmación de que su método da resultados y que la maldición de perder contra rivales directos ha quedado desterrada.

La afición, fiel como siempre, tiene ahora un nuevo motivo para sentirse orgullosa. Los seguidores del Estudiantes han demostrado una paciencia infinita, apoyando al equipo en los malos momentos y celebrando con intensidad cada victoria. Este título es para ellos, para los que llenan el pabellón en cada partido y para los que sueñan con ver a su equipo de nuevo en la élite del baloncesto español.

El Palencia, pese a la derrota, puede irse con la cabeza bien alta. Su temporada ha sido excepcional y la ausencia de Kunkel, lesionado, y las molestias de Wintering condicionaron demasiado sus opciones. El 14-0 en rebotes ofensivos demuestra su garra, pero el acierto exterior les falló en los momentos decisivos. Tienen tiempo para reponerse y demostrar su valía en la fase regular.

El baloncesto español gana con este tipo de finales. Competitivas, emocionantes y con jugadores que asumen su responsabilidad. El Estudiantes ha demostrado que la constancia y el trabajo bien hecho tienen su recompensa. Ahora queda el reto más grande: la lucha por el ascenso a la ACB, donde esperan los grandes.

La noche palentina quedará en la memoria como una de las más especiales para el club colegial. El primer título de la Copa España es un hito que nadie podrá quitarles. La foto de Nwogbo levantando el trofeo, con Granger sonriendo a su lado, será la imagen del año para una entidad que vuelve a soñar en grande. La historia continúa, pero este domingo, el Estudiantes escribió su nombre con letras de oro en el palmarés del baloncesto español.

Referencias