Andrea Segre: el asesinato de Aldo Moro fue para frenar a Berlinguer

El director de 'La gran ambición' revela su teoría sobre el secuestro del líder democristiano en el contexto de la Guerra Fría

El cineasta italiano Andrea Segre ha desatado una polémica teoría sobre uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de Italia. Según el director, el secuestro y asesinato de Aldo Moro, líder de la Democracia Cristiana, no fue un simple acto terrorista, sino una maniobra estratégica de la inteligencia internacional diseñada para detener el ascenso del comunismo de Enrico Berlinguer.

En una entrevista concedida en Palma de Mallorca con motivo de su participación en el Atlàntida Mallorca Film Fest, Segre ha afirmado tajantemente que "mataron a Aldo Moro para parar a Berlinguer. No hay sombra de duda". Esta declaración impactante llega en el contexto del estreno en España de su película 'La gran ambición' ('Berlinguer. La grande ambizione'), un trabajo documental que explora la figura del que fuera secretario general del Partido Comunista Italiano (PCI).

El crimen de Moro, perpetrado por las Brigadas Rojas el 9 de mayo de 1978 tras 55 días de secuestro, conmocionó a la sociedad italiana y europea. Sin embargo, Segre sugiere que el verdadero objetivo no era el político democristiano, sino el líder comunista que había iniciado un acercamiento sin precedentes hacia la formación de Moro.

El contexto de la Guerra Fría

Para comprender esta teoría es fundamental situarla en el marco de la Guerra Fría. A finales de los años 70, el PCI se había consolidado como el partido comunista más poderoso del bloque occidental, superando el 25% de los votos y contando con una militancia de 1,5 millones de personas. Esta fortaleza, unida al carisma de Berlinguer, generó inquietud tanto en Moscú como en Washington.

El secretario general del PCI había marcado una línea independiente dentro del movimiento comunista internacional. Su crítica al modelo soviético y su búsqueda de una vía propia para Italia le convirtieron en una figura incómoda para las grandes potencias. Precisamente, este distanciamiento de Moscú y su capacidad para atraer a votantes moderados fue lo que, según Segre, desencadenó la operación.

El "compromiso histórico" que inquietó a las potencias

El punto álgido de esta inquietud fue el "compromiso histórico", una alianza política pactada entre Berlinguer y Moro que buscaba una cooperación entre comunistas y democristianos para formar gobierno. Esta convergencia, inédita en el contexto italiano, contaba con detractores incluso dentro de las propias filas del PCI.

Segre argumenta que este acercamiento representaba una amenaza para el statu quo internacional. "Berlinguer estaba encontrando la manera para lograr que su pensamiento influyera en la política nacional, y eso era un problema, no gustaba ni a Moscú ni a Washington", explica el cineasta.

La lógica detrás de esta afirmación es que si el asesinato de Moro hubiera sido perpetrado por cualquier otra organización sin vínculos con la izquierda, el efecto habría sido contrario: habría fortalecido a Berlinguer. Sin embargo, al atribuirse a las Brigadas Rojas, un grupo de extrema izquierda, se logró desacreditar el movimiento comunista italiano y, por extensión, a su líder.

La investigación en los archivos del PCI

Para construir su narrativa, Segre invirtió más de seis meses en la Fundación Gramsci, donde se custodian los archivos del PCI. Allí rescató entre 70 y 80 testimonios que ilustran la vida personal y política de Berlinguer, incluyendo discursos inéditos, manuscritos y correspondencia personal.

Este trabajo de archivo le permitió reconstruir no solo la trayectoria política del líder comunista, sino también su dimensión humana, sus dudas y sus convicciones. La película resultante busca recuperar una "memoria histórica que se había borrado tras la caída de la URSS", según afirma el director.

Aunque Berlinguer mantenía una postura crítica con la Unión Soviética, el PCI decidió cambiar su nombre, su historia y sus símbolos después de la caída del muro, temiendo que se le asociara con el "imperio caído". Este proceso de autodisolución, según Segre, contribuyó al olvido de la figura de su secretario general.

Las Brigadas Rojas como instrumento

Uno de los aspectos más controvertidos de la teoría de Segre es el papel atribuido a las Brigadas Rojas. El cineasta sugiere que los servicios de inteligencia, al descubrir las intenciones del grupo terrorista, decidieron no intervenir e incluso facilitar su acción.

"Cuando descubren que existen las Brigadas Rojas, que quieren hacer algo contra Berlinguer, se lo dejan hacer y de hecho les dan una mano", explica el director. Esta afirmación implica una complicidad pasiva o activa de los servicios secretos en el crimen.

Segre describe la operación como "un golpe de genio, una obra de arte absoluta" de la inteligencia militar. "No sé quién tendría la idea, no lo sabremos nunca, pero es un gran genio de la inteligencia militar", añade con una risa amarga que refleja la complejidad y la oscuridad del asunto.

La otra cara de la moneda

Mientras que el caso Moro ha inspirado numerosas películas y series, la figura de Berlinguer ha permanecido relativamente ausente del relato cinematográfico. Segre considera que su película cubre un vacío importante: "Es un trozo de memoria histórica que se había borrado".

El director italiano, que ha codirigido y coescrito el guion con Marco Pettenello, presenta a Berlinguer como un político visionario que buscaba una tercera vía para el comunismo, alejada tanto del capitalismo como del estalinismo. Su muerte prematura en 1984, durante un acto de campaña, puso fin a un proyecto político único en Europa.

El estreno de 'La gran ambición'

La película, que ya se ha estrenado en varios países europeos y en Brasil, llega a España este viernes. A través de material de archivo inédito y una cuidadosa reconstrucción histórica, Segre ofrece una visión alternativa de uno de los períodos más convulsos de la política italiana.

El trabajo del director no pretende ser una conclusión definitiva, sino una invitación a reflexionar sobre las maniobras ocultas del poder durante la Guerra Fría. Su teoría, aunque controvertida, se basa en años de investigación y en la convicción de que la historia oficial no siempre refleja toda la verdad.

En el panorama actual, donde las tensiones geopolíticas vuelven a acaparar la agenda internacional, la película de Segre resuena como una advertencia sobre cómo los intereses de las grandes potencias pueden moldear, destruir o manipular procesos políticos democráticos.

La figura de Berlinguer, con su honestidad intelectual y su búsqueda de un comunismo autóctono, emerge del olvido para recordarnos que hubo alternativas posibles, caminos no tomados que fueron bloqueados por la violencia y la conspiración. La muerte de Moro, en esta lectura, no fue solo un crimen terrorista, sino el episodio culminante de una operación de inteligencia cuyos efectos se dejaron sentir durante décadas en la política italiana y europea.

Referencias