El surrealista penal de Pavlidis que condena al Benfica en Turín

El delantero griego se resbaló en el lanzamiento más crucial del partido ante la Juventus, dejando al equipo lisboeta al borde de la eliminación en la Champions League

La noche del miércoles en Turín quedará grabada en la memoria del aficionado del Benfica como una de esas jornadas europeas que prefieren olvidar. La derrota por 2-0 ante la Juventus en la Champions League no solo dejó al conjunto portugués contra las cuerdas en la clasificación, sino que también protagonizó una de las acciones más insólitas de la temporada: un penal fallado por Angelos Pavlidis que pasará a los anales por su naturaleza grotesca.

El encuentro en el estadio de la Vecchia Signora transcurría con normalidad hasta que, en los minutos finales, el árbitro señaló una falta dentro del área a favor de los lisboetas. La oportunidad era de oro para recortar distancias y mantener vivas las esperanzas de clasificación. Pavlidis, delantero griego de referencia, se colocó frente al balón con la responsabilidad de transformar la pena máxima. Sin embargo, lo que sucedió a continuación desafió toda lógica futbolística.

Justo en el instante previo al impacto, el pie de Pavlidis resbaló de forma inesperada sobre el césped turinés. El resultado fue un lanzamiento tan errático que el balón fue tocado en dos ocasiones por el mismo jugador, describiendo una trayectoria paralela a la línea de gol antes de abandonar el terreno de juego por la banda lateral. El portero juventino ni siquiera tuvo que moverse para detener el disparo, que nunca representó una amenaza real. La escena dejó atónitos a compañeros, rivales y a los más de 40.000 espectadores presentes en el estadio.

Las imágenes del fallo se viralizaron instantáneamente en redes sociales, convirtiéndose en meme antes de que concluyera el partido. Comparaciones con otros lanzamientos fallidos de la historia reciente de la competición no tardaron en aparecer, consolidando este momento como uno de los más desafortunados en la historia del torneo continental. El propio Pavlidis caminó hacia el centro del campo con la mirada perdida, consciente de que su error probablemente sellaría el destino de su equipo en esta edición de la Champions.

Más allá del episodio del penal, el Benfica mostró una imagen discreta durante los 90 minutos. La Juventus de Massimiliano Allegri demostró una superioridad evidente en todos los aspectos del juego, imponiendo su ritmo desde el pitido inicial y generando peligro con una facilidad preocupante para los intereses lisboetas. El dominio territorial de los italianos se tradujo en ocasiones claras que, de no ser por la intervención del portero visitante, habrían amplificado el marcador.

El primer golpe llegó en el minuto 55, cuando Khephren Thuram aprovechó un desajuste defensivo para batir la portería contraria con un disparo cruzado que dejó sin opciones al guardameta. La jugada nació de una transición rápida por la banda derecha, donde la defensa del Benfica mostró su peor cara, permitiendo el centro que el francés remató con contundencia. La celebración de Thuram reflejó el alivio de un equipo que necesitaba la victoria para mantenerse en puestos de clasificación.

El segundo tanto, obra de Weston McKennie en el 64, sentenció prácticamente el encuentro. El estadounidense, llegando desde la segunda línea, conectó un remate de cabeza tras un saque de esquina que la zaga portuguesa no supo despejar. El 2-0 reflejaba fielmente la diferencia de nivel entre ambos conjuntos durante la mayor parte del duelo. A partir de ese momento, la Juventus administró cómodamente su ventaja, concediendo la posesión al rival sin ceder ocasiones de peligro.

La clasificación del Benfica en la Champions League se ha complicado dramáticamente. Con seis puntos en su casillero, el equipo de Roger Schmidt ocupa la posición 29 en la tabla general, justo por debajo de la línea de corte que marca el acceso a la siguiente fase. La situación es crítica: necesita ganar sí o sí en la última jornada, pero además requerirá una combinación de resultados externa que parece, cuanto menos, improbable.

El próximo desafío no podría ser más intimidante. El Benfica recibirá en el Estadio da Luz al Real Madrid, actual campeón de Europa y líder indiscutible de su grupo. El conjunto blanco llegará a Lisboa con la moral por las nubes tras su victoria ante el Celtic y con la intención de cerrar la fase de grupos con un pleno de victorias. Para los portugueses, será una final anticipada donde no valdrá la mitad de la victoria.

El escenario que se presenta es complejo. El Benfica debe vencer al Madrid por una diferencia de goles considerable y, simultáneamente, esperar que otros resultados le sean favorables. Equipos como el Brujas, el Leipzig o el Milan también se juegan su futuro en la competición, y cualquier tropiezo de estos conjuntos podría abrir una puerta de esperanza para los lisboetas. No obstante, depender de terceros es siempre una situación incómoda en el máximo nivel del fútbol europeo.

La derrota en Turín, más allá de las cifras, ha dejado una herida emocional profunda en la plantilla. El error de Pavlidis, aunque involuntario, simboliza la mala suerte que ha perseguido al Benfica en esta fase de grupos. Los jugadores abandonaron el campo con la cabeza gacha, conscientes de que han desperdiciado una oportunidad de oro para seguir vivos en la competición que más prestigio otorga a nivel continental.

El cuerpo técnico tendrá ahora la difícil tarea de reconstruir la confianza de un grupo tocado anímicamente. Las sesiones de entrenamiento previas al duelo contra el Madrid se centrarán tanto en aspectos tácticos como psicológicos. La afición, tradicionalmente exigente, mostrará su apoyo en el Da Luz, pero también exigirá una reacción de orgullo ante uno de los gigantes del fútbol mundial.

El futuro inmediato del Benfica en la Champions League es incierto. Lo que parecía un grupo asequible se ha convertido en una pesadilla de resultados adversos y momentos de mala fortuna. El penal de Pavlidis en Turín será recordado como el símbolo de una campaña que, salvo milagro deportivo, terminará prematuramente para los portugueses. La próxima semana, en Lisboa, se escribirá el último capítulo de una historia que ya tiene su momento más oscuro en la memoria de todos los seguidores del club.

Referencias