Marbella: La fiscal que desafía a los abogados de la mafia

Natalia de Molina protagoniza la segunda temporada de la serie de Movistar Plus+ que se sumerge en el crudo mundo del narcotráfico en la Costa del Sol

La Costa del Sol vuelve a ser el escenario principal de una de las producciones más ambiciosas del panorama audiovisual español. Movistar Plus+ estrena este jueves la segunda entrega de Marbella. Expediente judicial, una serie que en esta ocasión cambia radicalmente su punto de vista para adentrarse en la compleja labor de quienes combaten el crimen organizado desde las aulas judiciales.

La primera temporada dejó un poso de expectación entre el público, pero los creadores han decidido dar un giro de tuerca narrativo que promete mayor intensidad. Ahora la historia no se centra en los delincuentes, sino en quienes persiguen sus redes de poder desde la legalidad. Esta transformación conceptual convierte a la ficción en un ejercicio de denuncia social que retrata las dificultades reales de la justicia española cuando se enfrenta a entramados mafiosos consolidados.

Natalia de Molina se pone en la piel de Carmen Leal, una fiscal antidroga decidida a desmantelar las organizaciones criminales que han convertido Marbella en su particular paraíso de operaciones. Su interpretación ofrece una mirada humana y vulnerable de una profesional que, pese a contar con el respaldo institucional, se encuentra con múltiples obstáculos para hacer cumplir la ley. A través de su voz en off, los espectadores accederán a sus pensamientos más íntimos durante los seis episodios que componen esta nueva entrega.

El planteamiento dramático es contundente: la fiscal Leal está convencida de que la única forma de acabar con los cárteles es atacar su estructura de defensa legal. Para ello, identifica a tres abogados clave que, desde sus despachos, proporcionan no solo asesoramiento jurídico, sino también una capa de impunidad a los capos de la droga. Esta premisa pone el foco en un aspecto poco explorado del narcotráfico: la complicidad de la élite profesional que blanquea, defiende y perpetúa el crimen organizado.

Los responsables creativos de la serie, Alberto Marini y Dani de la Torre, han defendido esta nueva perspectiva como una necesidad narrativa. En declaraciones recientes, De la Torre explicaba que el objetivo era mostrar "la vida de una fiscal y todas las trabas que tiene para sacar los casos adelante". Por su parte, Marini añadía que les resultaba "interesante meternos en la piel de alguien que intenta defender el Estado de Derecho en un territorio que está a punto de convertirse en una tierra sin ley". Estas palabras reflejan la intención de la producción: humanizar a las instituciones y visibilizar su lucha cotidiana.

El salto cualitativo también se percibe en el escenario geográfico. Si la primera temporada se movía principalmente en la opulencia de la ciudad malagueña, ahora la acción se traslada al Campo de Gibraltar, considerado el auténtico patio trasero de las operaciones narco. Esta zona estratégica, donde España mira hacia África, se ha convertido en el corredor más activo de entrada de hachís y cocaína a Europa. La serie no elude este contexto y, por el contrario, lo utiliza como telón de fondo para narrar historias de supervivencia y codicia.

Uno de los aspectos más destacados de esta temporada son las persecuciones en alta mar. El equipo de producción se desplazó hasta la bahía de Algeciras para rodar secuencias que, según afirman, no tienen precedentes en la ficción española. La complejidad técnica de estas escenas requirió la colaboración de la Agencia Tributaria, ya que las embarcaciones tipo narcolancha están prohibidas por la legislación vigente. Las patrulleras y el helicóptero que aparecen en pantalla son vehículos oficiales operados por pilotos expertos, lo que aporta un realismo sin concesiones.

El jefe de localizaciones, Jorge Bernos, ha asegurado que "no se han rodado persecuciones de lanchas a esta velocidad como hemos rodado nosotros". Esta afirmación subraya el esfuerzo desplegado por lograr una experiencia visual impactante que, al mismo tiempo, respete la veracidad de los procedimientos policiales. La tensión de estas escenas contrasta con los momentos de reflexión judicial, creando un ritmo narrativo que mantiene al espectador enganchado.

El productor ejecutivo Nacho Carretero, quien concibió la idea original junto a Arturo Lezcano, insiste en que todo el material está inspirado en hechos reales. "Son cosas inspiradas en la realidad que nunca te imaginarías que pasarían en tu país o incluso en tu ciudad", reconoce. Esta declaración resulta especialmente relevante en un momento en el que el narcotráfico en la Costa del Sol ocupa titulares de actualidad con frecuencia, con operaciones policiales que desmantelan redes de blanqueo y detienen a figuras relevantes del crimen organizado.

La elección de Natalia de Molina como protagonista no es casual. La actriz, reconocida por su versatilidad y su capacidad para transmitir vulnerabilidad y fortaleza simultáneamente, encarna perfectamente a una mujer en una profesión dominada históricamente por hombres. Su presencia en pantalla aporta la credibilidad necesaria para que el público empatice con las decisiones morales y profesionales que debe tomar su personaje.

Desde el punto de vista de la producción, la serie representa un salto cualitativo para el audiovisual español. El acceso a material y personal oficial de la Agencia Tributaria marca un precedente que habla de la confianza que las instituciones han depositado en este proyecto. No es habitual que una ficción cuente con recursos reales de este calibre, lo que convierte a Marbella. Expediente judicial en una producción pionera.

El ritmo de la temporada promete ser trepidante. Alternará los procedimientos judiciales, con sus lentos y frustrantes procesos burocráticos, con la acción directa de las fuerzas de seguridad en el Estrecho de Gibraltar. Esta dualidad refleja la realidad de la lucha antidroga: mientras unos investigan en juzgados, otros arriesgan su vida en persecuciones marítimas que pueden terminar en tragedia.

La crítica ya ha apuntado que esta segunda temporada podría consolidar a la serie como referente del género policial en España. El equilibrio entre entretenimiento y denuncia social es un terreno resbaladizo, pero los creadores parecen haber encontrado la fórmula adecuada. No se trata de glorificar el crimen, sino de entender su complejidad y las dificultades para erradicarlo.

El estreno en Movistar Plus+ llega en un momento óptimo, cuando el debate sobre la seguridad en la Costa del Sol y la eficacia de las políticas antidroga está en la agenda pública. La serie no solo entretendrá, sino que probablemente alimente conversaciones sobre cómo abordar un problema que afecta a toda la sociedad española.

Para los aficionados al género, la promesa de persecuciones náuticas nunca vistas es un aliciente poderoso. Pero más allá de la acción, lo que realmente diferencia a esta producción es su compromiso con la verdad. Cada diálogo, cada procedimiento, cada localización ha sido cuidadosamente revisado para reflejar la realidad que viven quienes combaten el narcotráfico en primera línea.

La segunda temporada de Marbella. Expediente judicial no es solo una continuación, es una evolución. Se atreve a mirar donde otras ficciones no lo hacen y pone el foco en los verdaderos héroes anónimos de esta guerra silenciosa. Con Natalia de Molina al frente de un elenco sólido y un equipo técnico que ha roto barreras, la serie se presenta como una de las apuestas más sólidas del año.

El público podrá comprobar desde el primer episodio que esta no es una historia más sobre mafiosos. Es la crónica de quienes, con herramientas legales y mucha determinación, intentan devolver la ley a un territorio que el crimen quiere reclamar como propio. Y en ese empeño, cada victoria es pequeña y cada derrota dolorosa, pero la lucha continúa.

Referencias