El Real Madrid femenino ha sellado este martes su pase a la final de la Supercopa de España tras una exhibición de eficacia ante el Atlético de Madrid (3-1) en un derbi que quedó resuelto en apenas doce minutos de locura. Las jugadoras dirigidas interinamente por sus asistentes aprovecharon cada error defensivo de su rival para sentenciar el encuentro antes de llegar al descanso, demostrando una capacidad de castigo demoledora que dejó sin respuesta al conjunto rojiblanco.
El choque, disputado en la ciudad de Castellón, comenzó con un guion inesperado. La entrenadora Pau Quesada tuvo que abandonar la concentración minutos antes del pitido inicial por motivos personales, dejando el mando del banquillo a su cuerpo técnico. Esta circunstancia, lejos de descentrar a las madridistas, pareció galvanizarlas. Desde el primer minuto, el planteamiento fue claro: esperar atrás, cerrar espacios y salir a la contra con velocidad y criterio.
El Atlético, por su parte, salió con la intención de dominar el ritmo del partido. Las rojiblancas, comandadas por Víctor Martín, asumieron el control del balón y buscaron generar peligro por las bandas con combinaciones rápidas. Sin embargo, esta vocación ofensiva dejó espacios atrás que el Madrid supo explotar a la perfección. La primera advertencia llegó pronto, pero nadie podía imaginar el vendaval que se avecinaba.
La debacle defensiva rojiblanca
El primer golpe de efecto llegó en una jugada aislada. Una pérdida de balón en la frontal del área atlética fue aprovechada por Athenea del Castillo, que con un disparo preciso batió a Lola Gallardo. El tanto, lejos de activar las alarmas en el conjunto visitante, pareció descentrar aún más a una defensa que ya mostraba síntomas de nerviosismo. Apenas habían transcurrido quince minutos cuando el marcador ya reflejaba el 1-0.
Lo peor estaba por llegar para el Atlético. En el minuto 22, un saque de banda mal defendido por la zaga rojiblanca acabó en los pies de Caroline Weir. La escocesa, con la frialdad que la caracteriza, definió con maestría para poner el 2-0 en el luminoso. La jugada evidenció los problemas de coordinación en la línea defensiva, que no lograba anticiparse a los movimientos del ataque blanco.
El tercer golpe, definitivo, llegó antes de la media hora. Linda Caicedo, la joven estrella colombiana, recibió el balón en la frontal y, sin pensárselo dos veces, lanzó un misil imparable que se coló por la escuadra. El 3-0 fue un jarro de agua fría para las aspiraciones atléticas. En apenas doce minutos, el Madrid había transformado tres errores en tres goles, mostrando una efectividad que resultó demoledora.
Reacción tardía del Atlético
Tras el descanso, el guion cambió. El Atlético salió con otra actitud, más agresiva y consciente de que solo tenía una opción: arriesgar. Las rojiblancas se hicieron con el control absoluto del balón y comenzaron a asediar la portería defendida por Misa Rodríguez. La meta madridista, que había tenido un primer acto tranquilo, se convirtió en figura clave para mantener la ventaja.
El premio del esfuerzo visitante llegó en la segunda mitad. Luany, una de las perlas del Atlético, recortó distancias con un golazo desde la frontal que dejó sin opciones a Misa. El tanto dio esperanzas a las rojiblancas, que se lanzaron en busca del segundo gol que les metiera de nuevo en la pelea. Sin embargo, el tiempo jugaba en contra y el Madrid se atrincheró atrás con orden.
Los minutos finales fueron un asedio constante al área blanca. El Atlético tuvo ocasiones claras, especialmente a balón parado, pero la defensa madridista, bien organizada y sin conceder espacios, resistió los embates. Irune Dorado fue clave en varias acciones, cortando contras y ganando duelos individuales. La experiencia de las jugadoras blancas en gestionar ventajas se hizo evidente en cada minuto que pasaba.
Análisis de los datos clave
Las estadísticas reflejan la dualidad del encuentro. El Atlético dominó la posesión (62%) y generó más ocasiones de gol (14 disparos contra 9), pero la falta de acierto en los momentos decisivos y los errores defensivos condenaron su actuación. El Madrid, por el contrario, necesitó menos para hacer más. Con solo 38% de posesión, transformó el 33% de sus ocasiones en gol, una cifra que demuestra su capacidad de castigo.
Las faltas también contaron una historia. El Atlético cometió 13 infracciones, producto de su desesperación por recuperar balones, mientras que el Madrid solo fue sancionado en 7 ocasiones, manteniendo la calma en todo momento. La eficacia en las áreas fue, sin duda, la clave del triunfo blanco.
El camino hacia la final
Con este resultado, el Real Madrid femenino se cita en la final de la Supercopa de España, donde buscará su primer título de la temporada. El equipo demostró que puede competir con los mejores sin necesidad de dominar el juego, basándose en una defensa sólida y un ataque letal. La ausencia de Pau Quesada, que se espera sea temporal, no afectó al rendimiento del grupo, que mostró madurez y capacidad de adaptación.
El Atlético, por su parte, deberá analizar qué salió mal en esos doce minutos fatídicos. La temporada es larga y quedan objetivos por delante, pero esta derrota en un derbi siempre duele más. La capacidad de reacción en la segunda mitad demuestra que el equipo tiene carácter, pero necesita corregir los errores defensivos si quiere optar a títulos.
El derbi ha dejado claro que en el fútbol femenino, como en el masculino, la eficacia es la que marca la diferencia. El Madrid supo leer el partido, esperar su momento y castigar sin piedad. Ahora, la final espera y con ella, la oportunidad de levantar un trofeo que consolidaría el proyecto blanco en su segunda temporada en la élite del fútbol español.