El Celtic firma una épica remontada en Róterdam con Hatate como protagonista

Los escoceses vencen 3-1 al Feyenoord en la Europa League con una actuación estelar del japonés, logrando su primera victoria europea fuera de casa en más de cuatro años

El Celtic dejó una huella imborrable en De Kuip al remontar un encuentro complicado y llevarse una victoria por 3-1 ante el Feyenoord en la jornada de la Europa League. La figura indiscutible del choque fue Reo Hatate, quien con un gol y una asistencia se erigió como el líder ofensivo de un conjunto escocés que supo sobreponerse a la adversidad y aprovechar las oportunidades con un acierto quirúrgico.

El inicio del encuentro dejó ver un Celtic ambicioso que buscó imponer su ritmo desde el pitido inicial. Durante los primeros diez minutos, los hombres de Martin O'Neill dominaron territorialmente y generaron una ocasión clamorosa que hubiera podido cambiar el rumbo prematuro del duelo. Un saque de esquina botado con precisión encontró a Luke McCowan en el corazón del área, pero su remate se estrelló contra la madera, desviándose por milímetros de la red. Ese fallo resultaría caro para los visitantes.

El Feyenoord, lejos de intimidarse, aprovechó el error para crecer en confianza. A los 23 minutos, Sem Steijn ejecutó una carrera inteligente que desbordó la trampa de fuera de juego del Celtic. Su pase filtrado llegó a Ayase Ueda, quien controló con calma y definió con un disparo raso y cruzado que superó a Kasper Schmeichel, tocando el poste derecho antes de alojarse en el fondo de la red. El golpe obligaba a los escoceses a rehacer su plan desde cero.

La reacción del Celtic no se hizo esperar. El empate llegó a los 35 minutos tras una jugada de ensueño orquestada por Hatate. El mediocentro japonés recibió en banda izquierda y, con visión de águila, levantó un centro medido al segundo palo. Allí apareció Yang Hyun-Jun, quien conectó de primera intención con una volea de efecto que se coló por la escuadra, dejando sin opciones al meta local. El tanto devolvía la igualdad a un electrónico que reflejaba la intensidad de un choque vibrante.

Antes del descanso, el Celtic completaría la remontada con un gol que nació de la presión alta. Daizen Maeda no dio tregua a Timon Wellenreuther, cuyo pase atrás fue interceptado por Hatate. Con la portería vacía, el japonés no perdonó y estableció el 2-1, un resultado que premiaba la insistencia y el trabajo colectivo de los visitantes.

La segunda mitad presentó un Feyenoord necesitado que volcó su juego al ataque. Gaoussou Diarra estuvo a punto de igualar con un cabezazo potente que golpeó el larguero, mientras que la entrada de Shaqueel van Persie, hijo del mítico delantero, buscó aportar frescura a la ofensiva local. Sin embargo, la falta de acierto en los metros finales condenó a los holandeses.

El 3-1 definitivo llegó a los 78 minutos por medio de Benjamin Nygren, recién incorporado al terreno de juego. El delantero recibió un pase atrás de Maeda y, desde la frontal, lanzó un zurdazo que se estrelló en la parte inferior del larguero antes de cruzar la línea. El tanto sentenciaba el duelo y certificaba una noche histórica para el club escocés.

El triunfo permite al Celtic ascender hasta la posición 17 en la clasificación de la Europa League, pero el dato más relevante trasciende la tabla. Este resultado marca la primera victoria del conjunto de Glasgow fuera de casa en competición europea desde septiembre de 2020, rompiendo una sequía que duraba más de cuatro años y que pesaba como una losa en el ánimo de la afición.

Desde el punto de vista analítico, el partido deja enseñanzas claras sobre la eficiencia ofensiva. El Celtic convirtió tres de sus cuatro disparos entre los tres palos, un porcentaje de efectividad del 75% que contrasta con la generación de ocasiones. Según los datos de Opta, el xG (goles esperados) del equipo escocés fue de 1,15, lo que indica que superó ampliamente sus expectativas de gol. Todos sus tantos llegaron en jugada abierta, demostrando una capacidad de definición que había brillado por su ausencia en anteriores compromisos continentales.

Por su parte, el Feyenoord generó siete ocasiones claras de gol, cuatro de ellas para Ueda, pero la falta de puntería y la inspiración de Schmeichel en momentos clave frustraron cualquier intento de remontada. La estadística refleja un dominio territorial y de ocasiones que no se tradujo en el marcador, un síntoma de la falta de acierto y de la contundencia defensiva del Celtic.

El rendimiento de Hatate merece un análisis aparte. Más allá de sus contribuciones directas en gol y asistencia, su capacidad para conectar el juego, romper líneas y aparecer en zonas de remate convierten al japonés en el eje sobre el que gira el proyecto europeo del Celtic. Su gol, nacido de la presión y la anticipación, ejemplifica el espíritu competitivo que O'Neill ha inculcado en el plantel.

La victoria también pone de manifiesto la evolución táctica del conjunto escocés. Lejos de especular con el resultado, el Celtic mantuvo su identidad ofensiva, presionando arriba y buscando la transición rápida. Esta filosofía, arriesgada en el contexto europeo, encontró su recompensa gracias a la efectividad en las áreas.

Para el Feyenoord, la derrota supone un revés importante en sus aspiraciones de clasificación. El equipo de Robin van Persie mostró destellos de calidad, especialmente en la faceta creativa, pero la falta de contundencia y los errores defensivos individuales, como el pase fallido de Wellenreuther, resultaron determinantes.

El contexto de la victoria cobra mayor relevancia si se considera la situación del Celtic en la competición. Antes de este duelo, el equipo había marcado un solo gol en jugada en toda la fase de grupos. Este despertar ofensivo, con tres tantos en 90 minutos, puede marcar un punto de inflexión en la trayectoria continental del club.

La afición escocesa celebra no solo los tres puntos, sino la forma en que llegaron. Remontar en una cancha tan exigente como De Kuip, ante un rival de la entidad del Feyenoord, refuerza la moral de un plantel que necesitaba una señal de identidad en el extranjero. La racha sin ganar lejos de casa había generado dudas sobre la capacidad del Celtic para competir al más alto nivel, pero esta actuación silencia críticos y proyecta optimismo de cara a las jornadas decisivas.

El camino en la Europa League sigue siendo exigente, pero el Celtic demostró que puede pelear con garantías. La clave estará en mantener la regularidad y trasladar esta efectividad a los próximos compromisos. Por ahora, la victoria en Róterdam permanecerá en la memoria colectiva como una noche mágica, liderada por un Hatate inspirado y un colectivo que supo sufrir y sobreponerse a la adversidad con coraje y calidad.

Referencias