La Europa League vuelve a poner a prueba la capacidad de reacción del RC Celta de Vigo, que este jueves sufrió una derrota amarga en tierras búlgaras ante el PFC Ludogorets Razgrad por 3-2. El conjunto gallego, que llegaba en un momento dulce de forma tras su victoria ante el Girona en LaLiga, vio cómo los errores defensivos en los primeros compases le condenaban a remar contracorriente durante casi todo el encuentro. No obstante, la reactivación ofensiva en la segunda mitad y el gol en el tiempo añadido mantienen intactas las esperanzas de terminar entre los ocho primeros de la liguilla.
El choque, disputado en el Huvepharma Arena de Razgrad, comenzó con un guion inesperado para los intereses celestes. Apenas habían transcurrido once minutos cuando el Ludogorets ya se había adelantado en el marcador. Una jugada de contragolpe culminada con un pase filtrado de Petar Stanic dejó a Caio Vidal solo ante la portería defendida por Vicente Guaita. El guardameta español, en su afán por evitar el gol, derribó al atacante brasileño y el colegiado no dudó en señalar la pena máxima. Stanic, con sangre fría, engañó a Guaita y establecía el 1-0 inicial.
La réplica del Celta no se hizo esperar, pero careció de la precisión necesaria para inquietar seriamente a la meta rival. Ilaix Moriba, uno de los hombres más activos en el centro del campo, probó fortuna desde la frontal con un disparo que se marchó desviado. Minutos después, el mismo jugador remató de cabeza un centro lateral, pero su esfuerzo careció de la dirección adecuada. El dominio territorial de los de Claudio Giráldez era evidente, sin embargo, la falta de acierto en la última pasada y la pasividad defensiva seguían lastrando las aspiraciones viguesas.
El Ludogorets, cómodo con su renta, aprovechó cada espacio concedido. Caio Vidal, protagonista de la primera jugada polémica, tuvo en sus botas el segundo tanto tras un error garrafal en la salida de balón de la defensa celeste. Un pase largo mal interceptado le dejó solo ante Guaita, pero su definición fue errática y el balón se perdió por la línea de fondo. Esta acción evidenció los problemas de concentración en la retaguardia, una dolencia que ha acompañado al equipo en algunos tramos de la temporada.
Antes del descanso, el Celta dispuso de su ocasión más clara. Un centro medido desde la banda derecha encontró a Jørgen Strand Larsen en el corazón del área, pero el delantero noruego, en una posición privilegiada, envió su remate por encima del larguero. La sensación de frustración crecía en el seno del conjunto visitante, que veía cómo el acierto goleador le abandonaba en el momento más inoportuno. El pitido inicial de la segunda mitad no traería buenas noticias para los intereses gallegos.
A los cinco minutos de la reanudación, el Ludogorets sentenció prácticamente el encuentro. Un córner botado desde la esquina derecha fue peinado en el primer palo y el balón llegó a Stanic, completamente solo en la frontal. El centrocampista serbio, con un derechazo potente y colocado, batió a Guaita por segunda vez y ponía el 2-0 en el luminoso. El gol desmontó los planes de Claudio Giráldez, que se vio obligado a realizar cambios ofensivos para intentar revertir la situación.
La entrada de Williot Swedberg y Anastasios Douvikas dio más profundidad al ataque celeste, pero la defensa seguía mostrando fisuras. En el minuto 60, un nuevo contragolpe local acabó con Caio Vidal derribado en el área por Guaita. El colegiado volvió a señalar el penalti y Stanic, una vez más, no perdonó desde los once metros para completar su hat-trick personal y el 3-0 definitivo en la mente de muchos aficionados.
Sin embargo, el carácter competitivo del Celta no se doblegó. En el 70, Douvikas recortó distancias con un zurdazo raso y cruzado tras una asistencia de Bryan Zaragoza, que había entrado desde el banquillo para aportar desborde por las bandas. El gol inyectó moral a un equipo que, pese a la adversidad, seguía creyendo en la remontada. Los últimos quince minutos fueron un asedio constante a la portería defendida por Simon Sluga.
Las ocasiones se sucedieron. Un cabezazo de Starfelt que rozó el palo, un disparo de Fran Beltrán que detuvo el portero con los pies y un remate de Iago Aspas que se perdió por milímetros. El tiempo corrió en contra de los intereses celestes, pero la insistencia tuvo su premio en el tiempo añadido. Un centro desde la derecha fue despejado por la defensa búlgara, pero el balón cayó a los pies de Swedberg, que desde la frontal del área conectó una volea imparable que se coló en la escuadra derecha de la meta local.
El 3-2 final dejó un sabor agridulce en el vestuario visitante. Por un lado, la derrota complica la clasificación directa para los octavos de final; por otro, el gol en el descuento podría ser crucial en la diferencia de goles. Con este resultado, el Celta se mantiene con 9 puntos en la tabla, empatado con el Braga y a tres del Fiorentina, líder del grupo. La última jornada, que enfrentará a los gallegos contra los italianos en Balaídos, se presenta como una auténtica final para determinar el futuro europeo del equipo.
El análisis del encuentro pone de manifiesto las carencias defensivas que debe corregir Claudio Giráldez de cara a los compromisos decisivos. La concesión de dos penaltis en acciones similares revela una falta de coordinación en la línea de atrás, mientras que los errores en la salida de balón permitieron al Ludogorets generar peligro con facilidad. No obstante, la capacidad de reacción y el orgullo mostrado en la segunda mitad demuestran que el equipo cuenta con la mentalidad necesaria para afrontar retos de esta magnitud.
La Europa League ha sido un terreno de aprendizaje para un Celta que combina juventud y experiencia. La presencia de jugadores como Iago Aspas, referente indiscutible, se complementa con el talento emergente de Moriba o Swedberg. Esta mezcla, si encuentra el equilibrio adecuado entre ataque y defensa, puede convertir al conjunto gallego en un rival temible para cualquier adversario en la competición continental.
La próxima cita en Balaídos determinará si el sueño europeo continúa vivo. Los vigueses necesitarán una victoria contundente contra la Fiorentina y esperar un pinchazo del Braga para asegurarse un puesto entre los ocho mejores. La afición celeste, fiel y exigente, espera que el equipo dé la talla en el momento decisivo. La lección de Bulgaria debe servir para corregir errores y demostrar que el Celta de Vigo tiene nivel para competir con los mejores del continente.