La noche de los Premios Goya tendrá este año a uno de sus protagonistas más singulares. Oliver Laxe, el director gallego de 43 años, llega a la ceremonia con 11 nominaciones para su última obra, 'Sirat', convirtiéndola en una de las grandes favoritas de la 40ª edición del certamen. Solo la supera 'Los domingos', que acumula 13 menciones. Pero el reconocimiento no se limita al ámbito nacional: la cinta también competirá en los Oscar en dos categorías de peso: mejor película internacional y mejor sonido, convirtiéndose en una de las producciones españolas más laureadas de la temporada.
El éxito de 'Sirat' no es fruto de la casualidad. La película ya dejó su huella en el Festival de Cannes, donde se alzó con el Premio del Jurado, consolidando así la proyección internacional de un cineasta que ha sabido combinar la intimidad de sus historias con una factura técnica excepcional. Ante tal avalancha de reconocimientos, Laxe mantiene una actitud serena. «Hay mucha madurez en el cine español», declaró tras conocer las nominaciones a los Oscar, mostrando una humildad que contrasta con el impacto de sus logros.
Esta tranquilidad ante el estrellato tiene sus raíces en una infancia lejos de los focos. Laxe nació en París el 11 de abril de 1982, fruto de una familia gallega emigrante que había cruzado la frontera en busca de oportunidades. Sus abuelos, campesinos de origen humilde, habían dejado atrás los campos de Galicia para asentarse en Francia. Sus padres, por su parte, trabajaban como porteros en un edificio del Distrito XVI de la capital gala, una de las zonas más exclusivas de París, lo que creó una contradicción en el entorno vital del futuro director.
En una reciente entrevista en 'La Revuelta', Laxe desgranó con naturalidad las condiciones de su primera infancia. «Mis padres se conocen en la sala Bataclán. Ahí es donde hacían los gallegos y los españoles los bailes. Eran porteros y se encargaban de dar las llaves, sacar la basura, limpiar las escaleras...», relató. La familia habitaba en una única habitación compartida, un espacio reducido donde convivían padres e hijo en un entorno obrero y cosmopolita que marcaría su sensibilidad artística.
Con apenas seis años, la familia tomó la decisión de regresar a Galicia, territorio que se convertiría en el eje vital y creativo de Laxe. Este retorno no fue solo geográfico, sino también identitario. La conexión con su tierra de origen se ha manifestado no solo en la temática de sus películas, sino también en su compromiso con la comunidad. El director ha colaborado activamente con asociaciones locales y ha participado en proyectos de recuperación del patrimonio rural, incluyendo la restauración de pallozas tradicionales, demostrando que su vínculo con Galicia trasciende lo profesional.
La formación académica de Laxe refleja una trayectoria atípica. Consciente del alto coste que suponía estudiar cine, optó por una vía más pragmática inicialmente: se matriculó en Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad de Pontevedra. Esta decisión, lejos de desviarle de su vocación, le proporcionó herramientas que posteriormente aplicaría a la promoción y distribución de sus obras. No fue hasta más tarde cuando pudo especializarse en Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, una de las instituciones más prestigiosas del país en este campo.
Curiosamente, su acercamiento al arte no se produjo inicialmente a través del celuloide. Como él mismo confesó a ABC, «empecé antes a hacer arte que 'pelis', curiosamente», participando en festivales organizados por la Facultad de Bellas Artes. Esta formación plástica se percibe en la estética cuidada y pictórica de sus filmes, donde cada encuadre parece meditado con la precisión de un cuadro.
La riqueza multicultural de su cine se explica por los distintos escenarios que han marcado su vida adulta. Tras su paso por Barcelona, Laxe residió en Londres, Tánger y Marruecos, experiencias que ampliaron su mirada y le permitieron incorporar elementos de diversas tradiciones cinematográficas y narrativas. Esta movilidad geográfica contrasta radicalmente con su elección de vida actual, pero sin duda ha enriquecido su universo creativo.
En la actualidad, Oliver Laxe ha optado por la más estricta radicalidad vital: vive en la casa de su abuela en Vilela, una aldea de apenas 57 habitantes perteneciente al municipio lucense de Navia de Suarna. La vivienda, que el director reformó personalmente, simboliza su retorno a las raíces y su apuesta por una existencia alejada del bullicio urbano y de las dinámicas de la industria cinematográfica.
Esta elección de vida no es una postura estética, sino una filosofía coherente con su obra. Su compromiso con la recuperación del patrimonio rural no se limita a declaraciones de intenciones, sino que se materializa en proyectos concretos de restauración de construcciones tradicionales y colaboración con iniciativas comunitarias. Laxe entiende el cine como una herramienta para visibilizar territorios y realidades en riesgo de desaparición.
Su filmografía, aunque breve, es intensa y reconocible. Antes de 'Sirat', dirigió 'Mimosas' (2016) y 'O que arde' (2019), películas que ya anticipaban su interés por los paisajes humanos y geográficos de Galicia, así como por la tensión entre tradición y modernidad. Con 'Sirat', sin embargo, ha alcanzado una síntesis perfecta entre su lenguaje personal y las exigencias de una producción con proyección internacional.
La trayectoria de Oliver Laxe demuestra que es posible construir una carrera cinematográfica de prestigio sin renunciar a las convicciones personales. Su éxito no se mide solo en nominaciones o premios, sino en la coherencia entre su vida y su obra. Desde la humildad de una habitación compartida en París hasta el reconocimiento de Hollywood, pasando por la soledad de una aldea lucense, Laxe ha demostrado que el cine puede nacer de la autenticidad y el compromiso con la propia identidad. En una industria dominada a menudo por el ruido y la velocidad, su figura representa un recordatorio de que la paciencia, la raíz y la mirada atenta son valores tan necesarios como rentables.