En una entrevista reciente con la periodista Mara Torres para el programa 'El Faro' de Cadena SER, el músico José Miguel Conejo, conocido artísticamente como Leiva, desveló uno de los capítulos más entrañables y desconocidos de su trayectoria artística. El cantante madrileño, que más tarde formaría parte del mítico dúo Pereza junto a Rubén Pozo, rememoró aquellos años noventa cuando aún era un adolescente con sueños más grandes que certezas, recorriendo las calles del barrio de la Alameda de Osuna en busca de su oportunidad.
La conversación dio un giro emocional cuando Torres le preguntó directamente por el origen de un apelativo que Leiva había mencionado en ocasiones anteriores: 'las mamis'. La sonrisa del artista fue inmediata, transportándolo a una época donde la música era su única razón de ser y donde el apoyo inesperado de dos mujeres ancianas marcó un antes y un después en su formación como músico.
La identidad del misterio
"Las mamis eran dos señoras de unos 80 años en el año '93 o '94. Eran dos hermanas gemelas de 80 años que tenían una casa que se caía a pedazos y vivían en una casita", relató Leiva con una mezcla de nostalgia y agradecimiento. Estas dos mujeres, cuyos nombres no trascendieron en la entrevista, decidieron convertir la planta baja de su deteriorado inmueble en algo insólito para la época: unos locales de ensayo donde los jóvenes del barrio podrían dar rienda suelta a su creatividad musical.
El cantante describió aquel espacio con honestidad y cariño: "Muy cutres, pero ahí nos hospedábamos 15 o 16 o 20 grupos del barrio". En una década donde Madrid era un hervidero de movimientos musicales alternativos, contar con un lugar donde ensayar sin necesidad de grandes recursos económicos era un lujo inaccesible para la mayoría de adolescentes apasionados por el rock. Aquel rincón de la Alameda de Osuna se convirtió en el santuario de una generación de músicos que, como Leiva, soñaban con subirse a un escenario.
Un modelo de negocio insólito
Lo que hizo aún más especial a estas hermanas gemelas fue su visión empresarial, incongruente con su edad avanzada. No solo alquilaban los espacios a precios simbólicos, sino que también montaron un pequeño negocio paralelo que garantizaba la supervivencia de los músicos durante sus maratonianas jornadas de ensayo. "Nos vendían cerveza, bocadillos de tortilla y locales de ensayo", detalló Leiva, sintetizando en una frase la esencia de aquel microcosmos musical.
La periodista Mara Torres no pudo ocultar su asombro: "¡Qué modernas! Octogenarias y montan los locales para ensayar...". Y Leiva asintió con convicción: "Muy modernas". En una sociedad donde las generaciones mayores solían mirar con recelo los gustos juveniles, estas dos mujeres rompieron todos los estereotipos, convirtiéndose en mecenas involuntarias de la escena rockera del barrio.
El impacto generacional
Aquellos locales no fueron simplemente un lugar donde tocar instrumentos. Representaron un espacio de encuentro, de intercambio y de crecimiento para decenas de jóvenes que encontraron en la música una forma de expresión y una vía de escape. Leiva, con su característica sinceridad, reconoció que "toda la vida me la he pasado metido en 'las mamis'", una declaración que habla no solo del tiempo físico invertido en aquellos ensayos, sino del legado emocional y artístico que aquella experiencia dejó en su carrera.
El cantante explicó que, aunque las hermanas gemelas estuvieron presentes en los primeros pasos de los grupos del barrio, no llegaron a ver el éxito profesional que años más tarde alcanzarían muchos de aquellos chavales. "No nos vieron dedicarnos a la música porque ellas eran muy mayores. Éramos muy pequeños y ellas muy mayores; entonces se debieron morir pues 8 o 10 años después", concluyó con un dejo de melancolía.
Un legado silencioso
La historia de 'las mamis' es, en esencia, un relato sobre el poder transformador de la música y sobre cómo el apoyo incondicional, por más inesperado que sea, puede marcar el destino de un artista. En una industria donde siempre se habla de productores, managers y discográficas, Leiva pone el foco en dos figuras anónimas que, desde su humildad, sembraron las semillas de lo que años después sería una de las carreras más respetadas del rock en español.
El músico madrileño ha sabido mantenerse relevante a lo largo de más de dos décadas, primero con Pereza y luego en su etapa como solista, pero nunca ha olvidado sus raíces. Sus canciones, cargadas de historias urbanas y personajes reales, beben directamente de aquellos años de formación en los locales de ensayo de la Alameda de Osuna. La figura de 'las mamis' representa el espíritu comunitario que tanto caracteriza a los barrios de Madrid, donde la colaboración vecinal puede dar lugar a fenómenos culturales impensables.
La importancia de los espacios de creación
En la actualidad, donde los locales de ensayo son cada vez más escasos y caros, especialmente en grandes ciudades como Madrid, la anécdota de Leiva cobra una relevancia especial. Sirve como recordatorio de la necesidad de preservar espacios accesibles para la creación artística, donde los jóvenes puedan experimentar sin presiones comerciales. La iniciativa de aquellas dos hermanas gemelas, por espontánea y modesta que fuera, respondía a una demanda real de su comunidad y demostró que la edad no es barrera para la innovación social.
Además, esta historia pone de manifiesto el valor de la intergeneracionalidad en el ámbito cultural. Mientras que en muchas ocasiones se habla de brechas generacionales, 'las mamis' representan un puente entre la tradición y la modernidad, entre la experiencia vital y la energía juvenil. Su legado no se mide en discos vendidos o entradas agotadas, sino en las vidas que tocaron y los sueños que ayudaron a construir.
Reflexión final
Leiva, a través de esta revelación, no solo rinde homenaje a dos mujeres que fueron fundamentales en su juventud, sino que también invita a reflexionar sobre los orígenes de la creatividad. En una época dominada por las redes sociales y la búsqueda instantánea de fama, su historia nos recuerda que el verdadero arte se forja en la constancia, en la comunidad y en los espacios donde se permite el error y la experimentación.
Los locales de ensayo de 'las mamis' en la Alameda de Osuna fueron mucho más que cuatro paredes y un equipo de sonido precario. Fueron el crisol donde se fundió una generación de músicos que, como Leiva, llevaron el espíritu de aquellos años noventa a lo más alto de la escena musical española. Y aunque las hermanas gemelas ya no están para contarlo, su historia perdura en las palabras de aquellos a quienes dieron cobijo, cerveza y, sobre todo, una primera oportunidad.