Durante décadas, la recomendación de 'comer de todo' ha sido considerada un pilar fundamental de la alimentación saludable. Esta máxima, repetida generación tras generación en consultorios, escuelas y hogares, sugería que la variedad en la dieta garantizaba la obtención de todos los nutrientes necesarios para un correcto funcionamiento corporal. Sin embargo, el reconocido dietista-nutricionista Julio Basulto ha decidido poner en entredicho esta creencia arraigada, argumentando que en el contexto actual de abundancia industrializada y alimentos hiperprocesados, esta recomendación puede resultar más perjudicial que beneficiosa para la salud metabólica.
En una reciente intervención en el programa Mañana más, Basulto lanzó una afirmación contundente que no ha dejado indiferente a nadie: 'Hoy comer de todo es comer malsano'. Esta declaración, lejos de ser una simple provocación mediática, se sustenta en una creciente evidencia científica que demuestra cómo la diversidad alimentaria en nuestra era se ha convertido en un vector de riesgo para la salud metabólica y cardiovascular. La cantidad ha reemplazado a la calidad, y la variedad se ha convertido en exposición.
El especialista, que acaba de publicar su nuevo libro 'Todos gordos (con perdón)', explica con detalle que cuanto más variado es nuestro carro de la compra, mayores son las probabilidades de incluir productos nocivos y de sufrir un aumento de peso no deseado. Esta realidad afecta por igual a adultos y niños, desafiando frontalmente la creencia popular de que la variedad es sinónimo de calidad nutricional. En un entorno donde los ultraprocesados ocupan más del 60% del espacio en los lineales comerciales, la diversidad se traduce en exposición a ingredientes con bajo valor biológico, altos índices glucémicos, perfiles inflamatorios y una palatabilidad artificialmente elevada que activa los circuitos de recompensa cerebral.
Basulto insiste en que la obesidad no es una elección personal, como erróneamente se ha difundido durante años en discursos estigmatizantes y moralizantes. Considerar que las personas eligen deliberadamente tener sobrepeso es una visión 'anticientífica y falsa' que solo contribuye al aislamiento social, la culpabilización del individuo y la inacción política. La clave no reside exclusivamente en el número que marca la báscula, sino en los hábitos que construimos día a día y en el entorno obesogénico que nos rodea, diseñado para promover el consumo excesivo.
Para quienes enfrentan problemas de peso, el nutricionista propone una estrategia de tres pilares fundamentales: registrar todo lo que se consume, llevar un control meticuloso del ejercicio físico realizado y monitorear regularmente el peso corporal. Este autocontrol, según múltiples estudios epidemiológicos, resulta efectivo para evitar sorpresas desagradables, siempre que se realice con precaución en menores de edad y personas con riesgo de desarrollar trastornos alimentarios. La concienciación constante, lejos de generar ansiedad patológica, permite detectar desviaciones antes de que se consoliden como nuevos hábitos.
Los supermercados, lejos de ser espacios neutros para la compra, están diseñados con sofisticadas técnicas de marketing que incentivan el consumo de productos poco saludables. Basulto destaca la técnica del nag factor o 'factor fastidio', que consiste en colocar estratégicamente alimentos ultraprocesados a la altura de los ojos de los niños para que presionen a sus padres mediante rabieta o insistencia persistente. Ante esta situación manipulativa, la compra online puede representar una alternativa más racional, económica y menos impulsiva para las familias.
Si se opta por visitar el establecimiento físico, el experto recomienda dos reglas de oro: nunca ir con hambre y siempre llevar una lista previamente elaborada basada en necesidades reales, no en deseos momentáneos. Estas simples pero poderosas medidas pueden reducir significativamente las compras impulsivas y la exposición a tentaciones innecesarias. La planificación previa actúa como un escudo efectivo contra las estrategias comerciales diseñadas para vulnerar nuestra voluntad.
Otro concepto que Basulto desmitifica radicalmente es el de las cheat meals o 'comidas homenaje'. Según su experiencia clínica, una sola jornada de excesos calóricos y de alimentos hiperpalatables puede comprometer el progreso metabólico de toda una semana de esfuerzos. Por ello, deben ser eventos realmente esporádicos, contados en veces al año, no al mes o a la semana como promueven ciertas tendencias fitness que banalizan la frecuencia. La flexibilidad no debe confundirse con la indisciplina constante.
El nutricionista introduce el término 'pobresidad' para describir la compleja relación entre desigualdad económica y obesidad. Las personas con menos recursos son más vulnerables al marketing 'depredador' de productos baratos pero malsanos, que además son más accesibles, tienen mayor vida útil y requieren menos tiempo de preparación. Reducir estas brechas sociales sería, según Basulto, una de las medidas más efectivas y de mayor impacto poblacional contra la epidemia de obesidad, más que cualquier campaña individual de concienciación que ignore las determinantes sociales.
Para recordar los factores que influyen en nuestra salud metabólica, Basulto propone el acrónimo SALTAR: sedentarismo, alcohol, lactancia artificial, tabaquismo, alimentos malsanos y relaciones dañinas. La 'R' representa elementos psicosociales como el estrés crónico, la ansiedad o un ambiente laboral tóxico, que pueden sabotear cualquier intento serio de alimentación saludable. La salud, en definitiva, es un constructo multidimensional donde lo emocional y lo social juegan papeles determinantes.
Finalmente, el experto dirige un mensaje contundente y liberador a los padres: dejar a los hijos en paz en torno a la comida. Los niños, argumenta con base en evidencia pediátrica y psicológica, deben tener autonomía para decidir qué y cuánto comer, sin presiones externas que generen conflictos innecesarios y ansiedad alimentaria. La parentalidad responsable pasa por modelar hábitos saludables a través del ejemplo, no por controlar microporciones o forzar ingestiones que generen rechazo y traumas alimentarios.