El polémico documental de Melania Trump: 75 millones de controversia

El estreno del filme sobre la ex primera dama genera debate por su financiamiento de Amazon, la dirección de un cineasta acusado y los 28 millones que ella recibió

El estreno del documental 'Melania' en la capital estadounidense debería haber sido un momento de gloria para la ex primera dama. Sin embargo, lo que ocurrió el jueves en Washington fue todo menos una celebración sin contratiempos. La producción, que llega a las salas de cine de más de veinte países, aterriza envuelta en una tormenta de críticas que cuestionan su naturaleza, financiamiento e intenciones últimas. En lugar de generar empatía, el proyecto ha desatado un intenso debate sobre la ética de lucrar con la figura pública de quien ocupó uno de los roles más visibles del gobierno estadounidense.

La cifra que Amazon desembolsó por los derechos del material sorprendió incluso a los más veteranos del sector: cuarenta millones de dólares, la mayor inversión que la plataforma ha realizado por contenido documental en toda su historia. Esta cantidad, que supera cualquier precedente para el género, se suma a otros treinta y cinco millones destinados exclusivamente a la promoción. El resultado es una operación de setenta y cinco millones que convierte a esta producción en la más cara de su categoría, con un despliegue publicitario comparable al de un blockbuster de superhéroes. El viernes, tres mil trescientas salas exhibieron el filme simultáneamente, incluyendo complejos en España y otros mercados internacionales.

El hombre detrás de la cámara, Brett Ratner, aporta otra capa de complejidad al asunto. El cineasta, cuyo nombre aparece vinculado a múltiples acusaciones de conducta sexual inapropiada durante el movimiento #MeToo, fue seleccionado para narrar la historia de la eslovena de cincuenta y cinco años. Esta decisión creativa ha levantado ampollas en la industria, donde varios profesionales han cuestionado la idoneidad de confiarle un proyecto de esta magnitud. La elección de Ratner no parece casual: su estilo visual llamativo y su capacidad para generar titulares coinciden con la estrategia de crear un producto mediático que genere conversación, aunque sea por motivos controvertidos.

Lo que más ha sorprendido a los observadores es el rechazo explícito de numerosos miembros del equipo técnico y artístico a aparecer en los créditos finales. Fuentes cercanas a la producción confirman que un grupo significativo de colaboradores solicitó que sus nombres fueran omitidos del documental. El motivo: su desacuerdo con las políticas implementadas durante el segundo mandato de Donald Trump y la percepción de que este proyecto actúa como una herramienta de blanqueamiento de imagen. Este boicot interno representa un síntoma de la división que genera la figura de la familia Trump incluso dentro de la propia industria del entretenimiento.

El aspecto económico del acuerdo ha generado su propia controversia. Melania Trump recibirá veintiocho millones de dólares por su participación, una cifra que la Casa Blanca ha defendido como legítima argumentando su condición de "ciudadana privada". Sin embargo, expertos en ética gubernamental y periodistas de investigación han cuestionado esta justificación, señalando que su rol reciente como primera dama convierte este pago en un precedente preocupante. La transacción plantea interrogantes sobre la influencia que pueden ejercer las grandes corporaciones tecnológicas sobre figuras políticas a través de acuerdos lucrativos con sus familiares.

El contexto político del estreno no podría ser más incómodo. Mientras los organizadores preparaban la alfombra roja en Washington, la tragedia de Mineápolis monopolizaba la atención mediática. La muerte de Alex Pretti, ciudadano estadounidense de treinta y siete años, a manos de agentes de inmigración, ha generado una crisis institucional que eclipsó cualquier cobertura sobre el documental. El periodista Michael Wolff, autor de revelaciones sobre la pareja presidencial, sugiere que la eslovena "está furiosa porque un grupo de agentes corruptos del ICE están arruinando su imagen". Esta declaración, aunque no confirmada, refleja la percepción de que el timing del estreno resultó desafortunado.

Las sombras del pasado también planean sobre la producción. Wolff ha reiterado sus afirmaciones sobre el papel que Jeffrey Epstein desempeñó en el encuentro inicial entre Melania y Donald Trump, asegurando que su primera relación íntima ocurrió en el jet privado del financista condenado por delitos sexuales. Aunque estos rumores no son nuevos, su resurgimiento en el momento del estreno del documental contamina la narrativa que la producción intenta construir. El filme, lejos de abordar estos episodios oscuros, opta por una visión edulcorada que omite cualquier referencia a las conexiones controvertidas de la pareja.

La participación de Jeff Bezos en el proyecto añade una dimensión corporativa intrigante. El fundador de Amazon, quien mantiene una relación compleja con Donald Trump, habría visto en este documental una oportunidad para generar favor político. La guerra de pujas que enfrentó a Amazon con Disney y Paramount por los derechos del material revela el interés estratégico que despertaba el contenido. Disney, curiosamente, había donado quince millones a la futura biblioteca presidencial de Trump, mientras Paramount buscaba influencia gubernamental para sus propias operaciones corporativas.

El resultado final es un producto que parece destinado más a generar debate que a ofrecer una visión genuina de su protagonista. Los críticos especializados han señalado que el documental evita cuestiones incómodas y se centra en construir una imagen de Melania como una figura resiliente y elegante, pero distante. Esta estrategia, sin embargo, podría tener el efecto contrario al deseado: en lugar de humanizarla, la producción la presenta como una figura dispuesta a capitalizar su pasado político sin asumir las responsabilidades que conlleva.

La industria cinematográfica observa con atención el desempeño comercial de esta apuesta arriesgada. Si el documental logra recuperar la inversión a pesar de la mala prensa, podría establecer un nuevo modelo para producciones biográficas de figuras controvertidas. Sin embargo, si fracasa en taquilla, servirá como advertencia sobre los riesgos de mezclar política, dinero corporativo y entretenimiento sin abordar las preguntas difíciles que el público exige. Por ahora, 'Melania' representa un caso de estudio sobre cómo no se debe gestionar la imagen pública en la era de la transparencia digital y la rendición de cuentas ciudadana.

Referencias