Ríos de Vigo al límite: emergencia por borrascas atlánticas

Los ríos Miñor, Eifonso y Louro superan umbrales de riesgo máximo. Gondomar solicita declaración de emergencia de nivel dos ante nuevas inundaciones.

Las intensas borrascas atlánticas que azotan Galicia esta semana han sometido a los ríos del área de Vigo a una presión extrema, llevando varios cauces al borde de su capacidad máxima. Los sistemas fluviales Miñor, Eifonso y Louro superaron los umbrales de riesgo más altos durante la noche del lunes al martes, generando situaciones de emergencia en varios municipios de la comarca. Este fenómeno meteorológico, caracterizado por la sucesión rápida de sistemas de bajas presiones, ha dejado poco margen de recuperación para la red hidrológica de la zona.

Aunque durante la jornada del martes los caudales experimentaron una ligera disminución, las previsiones meteorológicas indican que las precipitaciones continuarán, manteniendo los niveles de los ríos por encima de la media habitual. La Agencia Estatal de Meteorología y MeteoGalicia, aunque han desactivado los avisos de máximo nivel, mantienen la recomendación de extrema precaución para la población. Este contexto de alerta persistente obliga a las administraciones locales a mantener activados sus planes de emergencia sin poder dar por concluida la crisis.

El escenario más crítico se desarrolló en el municipio de Gondomar, donde el río Miñor desbordó su cauce inundando el centro urbano durante la noche. La coincidencia de la crecida con la marea alta creó un efecto de retención que impidió el normal desagüe del río, agravando significativamente la situación. Este fenómeno, conocido técnicamente como 'efecto de embalse tidal', es particularmente peligroso en zonas costeras donde los cauces fluviales desembocan directamente en la ría.

Los residentes, con la memoria reciente de las devastadoras inundaciones de la Nochebuena de 2022, anticiparon los problemas y tomaron medidas preventivas. Colocaron barreras en los accesos de sus viviendas y locales comerciales para intentar evitar el ingreso del agua. Sin embargo, la plaza de abastos volvió a resultar seriamente afectada, con comerciantes que no pudieron abrir sus establecimientos y dedicaron gran parte de la mañana a tareas de limpieza. La experiencia previa ha generado en la población una cultura de preparación que, sin embargo, no siempre es suficiente para evitar los daños materiales.

Una de las afectadas explicó a los medios locales que los daños les impidieron operar con normalidad y que el personal municipal pasó horas removiendo el lodo y el agua acumulada. El edificio Ribeira Magna, situado en la rúa das Ánimas, volvió a ser recordado como uno de los más perjudicados en la riada de 2022, cuando sus garajes y trasteros quedaron completamente anegados. La reconstrucción de este tipo de infraestructuras comunitarias representa un coste significativo para las comunidades de propietarios, que muchas veces carecen de los seguros adecuados para cubrir este tipo de eventos.

Ante esta situación, el alcalde de Gondomar, Francisco Ferreira, solicitó formalmente a la Xunta de Galicia la declaración del nivel dos de emergencia y la suspensión de las clases en los centros educativos del municipio. Sin embargo, el Ejecutivo autonómico no atendió estas peticiones, manteniendo la normalidad en la actividad escolar. Esta decisión ha generado cierta controversia, ya que la declaración de emergencia de nivel dos implica la movilización de recursos económicos y humanos adicionales que podrían agilizar la respuesta.

El Concello, por su parte, activó de inmediato el plan municipal de actuación ante riesgo de inundaciones. Las medidas incluyeron el corte de tráfico en vías susceptibles de inundación, la retirada de vehículos aparcados en zonas de riesgo y la señalización de áreas peligrosas. El regidor municipal destacó la necesidad de contar con el apoyo de la Xunta para dotar de recursos al Grupo de Emergencias Supramunicipal (GES) y a Protección Civil, garantizando su capacidad de respuesta ante cualquier incidencia. La coordinación interadministrativa se revela como un factor crítico en la gestión de crisis de esta magnitud.

El río Miñor mantenía al cierre de esta edición niveles por encima del umbral naranja de riesgo, el segundo más alto en la escala de alerta. La crecida máxima se registró a las 1:40 horas de la madrugada del martes, cuando el caudal superó los cuatro metros, es decir, un metro y medio por encima del límite de riesgo naranja. A media tarde del mismo día, el nivel había descendido hasta los 3,4 metros, aunque seguía estando casi un metro por encima del umbral de seguridad. Estos datos cuantitativos demuestran la magnitud del evento hidrológico.

El río Eifonso también rebasó su umbral rojo de riesgo durante la noche del lunes, aunque para el martes por la tarde ya se encontraba fuera de peligro inmediato. En la comarca del Condado, el río Te superó igualmente su nivel máximo de alerta en las primeras horas del martes, pero durante la jornada su caudal se normalizó sin representar peligro para la población. La diferencia en la evolución de cada cauce responde a características propias de su cuenca hidrográfica y su capacidad de drenaje.

En el municipio de Tui, el Concello alertó sobre una significativa crecida del río Miño, agravada por la apertura de compuertas del embalse de Frieira. Esta maniobra de regulación hidráulica, necesaria para garantizar la seguridad de la presa, contribuyó al aumento del caudal en el tramo bajo del río. La gestión de embalses en situaciones de precipitaciones intensas requiere equilibrar la seguridad de la infraestructura con los impactos aguas abajo.

El río Verdugo, a su paso por Soutomaior, también generó preocupación al acercarse peligrosamente al puente colgante del municipio, uno de los puntos neurálgicos de la infraestructura local. Aunque finalmente no se produjo desbordamiento, la proximidad del agua a la estructura obligó a cortar el paso temporalmente. Los técnicos municipales inspeccionaron la estructura para verificar que no sufriera daños en sus cimientos.

En O Porriño, las autoridades municipales también activaron protocolos de emergencia ante la posibilidad de inundaciones, aunque finalmente los daños fueron menores a los inicialmente previstos. La preparación preventiva, en este caso, permitió minimizar los impactos sobre la población y los bienes materiales.

La situación actual pone de manifiesto la vulnerabilidad de la red fluvial del sur de Galicia ante eventos meteorológicos extremos, cada vez más frecuentes e intensos como consecuencia del cambio climático. La concatenación de borrascas en poco tiempo deja poco margen para la recuperación de los cauces, que mantienen niveles de base elevados. Los modelos climáticos predicen que esta tendencia se intensificará en las próximas décadas.

Los expertos en gestión de riesgos hidrológicos insisten en la necesidad de mejorar la planificación territorial y la mantención de los sistemas de drenaje en zonas urbanas próximas a ríos. La experiencia de Gondomar demuestra que la memoria colectiva de desastres anteriores puede contribuir a una mejor preparación individual, pero no sustituye la necesidad de respuestas institucionales coordinadas y recursos adecuados. La implementación de sistemas de alerta temprana más precisos y la mejora de la capacidad de respuesta son prioritarias.

La petición del alcalde de Gondomar de declarar el nivel dos de emergencia, que implica la movilización de recursos autonómicos y la posible activación de ayudas económicas para afectados, refleja la gravedad de la situación desde la perspectiva local. La decisión de la Xunta de mantener el nivel de alerta sin elevarlo genera debate sobre los criterios de activación de emergencias y la coordinación entre administraciones. La transparencia en estos procesos es fundamental para mantener la confianza ciudadana.

Mientras tanto, la población de los municipios ribereños permanece en estado de alerta, pendiente de las próximas predicciones meteorológicas. Las autoridades recomiendan evitar el tránsito por carreteras paralelas a los ríos, no acercarse a los márgenes de los cauces y extremar la precaución en desplazamientos. La información en tiempo real a través de aplicaciones móviles y medios locales se ha convertido en una herramienta esencial para la seguridad ciudadana.

La resiliencia comunitaria se ha puesto a prueba una vez más en esta comarca, donde el agua es simultáneamente un recurso vital y una amenaza recurrente. La capacidad de respuesta de los servicios de emergencia, la solidaridad vecinal y la eficacia de los protocolos de actuación determinarán el impacto final de esta nueva riada en la vida diaria de los habitantes del área de Vigo. La lección aprendida es que la preparación continua y la inversión en infraestructura resilientes son la mejor defensa contra el cambio climático.

Referencias