Miguel Ángel Revilla volvió a demostrar por qué es uno de los invitados más queridos y controvertidos de la televisión española. Con motivo de su cumpleaños número 83, el ex presidente de Cantabria acudió una vez más al plató de El Hormiguero, el programa de Antena 3, donde ya acumula nada menos que 33 visitas, consolidando su récord absoluto de participaciones. La cita, celebrada el pasado 26 de enero, estuvo marcada por la celebración, la preocupación por su salud y sus habituales declaraciones sin filtro sobre la actualidad política internacional.
El encuentro comenzó con el carisma y la energía característica del político cántabro, quien no dudó en reconocer que los años pasan factura. "A partir de esta edad, pues todas las mañanas te levantas y te duele algo", comentó con su habitual naturalidad. Sin embargo, lo que podría parecer una simple anécdota sobre el envejecimiento se convirtió rápidamente en una confesión que generó preocupación entre el público y el propio Pablo Motos.
Revilla reveló que hacía apenas quince días había sufrido un importante susto de salud. Durante una revisión médica rutinaria para realizarse análisis de sangre, los resultados mostraron la presencia de una proteína que nunca antes había aparecido en sus controles. "El médico encontró algo que no había aparecido nunca, una especie de proteína que se ha disparado y esto puede tener alguna consecuencia", explicó el invitado con tono serio, alejado de su habitual jovialidad.
La palabra mieloma, un tipo de cáncer de médula ósea, resonó en el plató con la solemnidad que merece. Ante esta posibilidad, el sistema sanitario cántabro actuó con la celeridad necesaria, derivándolo de inmediato al servicio de Hematología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, centro al que Revilla no dudó en calificar como "el mayor patrimonio de Cantabria" y aprovechó para elogiar la calidad de la sanidad pública española.
Afortunadamente, las noticias posteriores fueron más alentadoras. Tras someterse a numerosas pruebas complementarias, los médicos no encontraron rastro tumoral alguno, aunque el político aún debe realizarse una ecografía el día 28 para descartar completamente cualquier problema. "Entonces, me han hecho un montón de pruebas. Sí que hay que controlarlo", reconoció, mostrando una actitud prudente y responsable ante su situación médica.
El contraste entre la gravedad del tema y la forma de contarlo generó un momento de tensión contenida en el programa, que se vio aliviado por el carisma del propio Revilla. Cuando Pablo Motos le preguntó directamente qué es lo que le duele al levantarse cada mañana, la respuesta del cántabro no dejó indiferente a nadie: "Viendo lo que está pasando, el alma", aseguró, dejando claro que sus preocupaciones trascienden lo físico para adentrarse en el terreno de la actualidad política global.
Un detalle simbólico que no pasó desapercibido durante su intervención fue la pulsera con la bandera de Palestina que lucía en su muñeca. Este gesto, silencioso pero potente, acompañaba sus palabras y reforzaba su posicionamiento ideológico en un momento de gran tensión internacional.
El tono crítico de Revilla se intensificó cuando el conversación derivó hacia la figura de Donald Trump. El político español no se anduvo con rodeos para expresar su perplejidad ante la situación política de Estados Unidos. "Me declaro perplejo de ver a un matón de colegio mandando en el mundo", afirmó con contundencia, utilizando una metáfora que resume su visión sobre el estilo de gobierno del presidente estadounidense.
Las comparaciones históricas no se hicieron esperar. Revilla trazó un paralelismo directo entre el actual mandatario y uno de los regímenes más oscuros del siglo XX. "Me recuerda a los Camisas Pardas, esos matones que iban a dar hostias a los judíos, a quemarles los negocios, te pegaban tres tiros… Como a ese pobre hombre que iba en bicicleta y estaba grabando y decían que llevaba una pistola", señaló, haciendo referencia a episodios de violencia política y abuso de poder que considera similares a la actualidad.
A pesar de la crudeza de sus palabras, el ex presidente cántabro mostró una esperanza fundada en el sistema democrático estadounidense. Confía en que los ciudadanos norteamericanos "se lo carguen democráticamente" a través de las urnas. Su mirada está puesta en las elecciones de septiembre al Congreso, donde espera que los republicanos pierdan la mayoría, lo que debilitaría significativamente el poder de Trump.
"Lo cual es muy importante, porque los congresistas mandan mucho. Y hay una enmienda a la Constitución que pueden aplicar para poder inhabilitarle", argumentó Revilla, mostrando un conocimiento preciso del sistema político estadounidense. Su confianza se basa en que cada vez más voces autorizadas, incluido "el psiquiatra más eminente que hay en Estados Unidos", han advertido sobre el deterioro mental del presidente.
El tono del programa osciló entre la preocupación por la salud del invitado estrella y la contundencia de sus opiniones políticas. Revilla, fiel a su estilo, demostró que no ha perdido ni un ápice de su capacidad para generar debate y llamar la atención sobre temas que considera fundamentales.
La celebración de su cumpleaños, que debía estar centrada en la alegría y la festividad, se convirtió en una reflexión profunda sobre la fragilidad de la vida, la importancia de la salud pública y la responsabilidad política en tiempos convulsos. Su presencia en el programa no solo ratificó su condición de habitual del espacio, sino que también reafirmó su compromiso con el activismo político, incluso desde la distancia institucional.
El público presente en el plató y los televidentes pudieron comprobar una vez más por qué Miguel Ángel Revilla sigue siendo una figura relevante en el panorama mediático español. Su capacidad para mezclar lo personal con lo político, lo íntimo con lo universal, convierte cada una de sus intervenciones en un acontecimiento televisivo que trasciende la mera entrevista para convertirse en un momento de conexión directa con la realidad del país y del mundo.
A sus 83 años, el político cántabro demostró que mantiene intacta su energía, su claridad de ideas y su disposición para seguir hablando claro, sin complejos y sin filtros. Su mensaje final fue claro: hay que enfrentar los problemas de frente, tanto los de salud como los políticos, sin arrugarse ante las dificultades. Una lección de vitalidad y compromiso que, sin duda, marcó una nueva entrega memorable de su particular relación con El Hormiguero y su público.