La saga cinematográfica de Torrente se ha consolidado como una de las franquicias más exitosas y polémicas del cine español contemporáneo. Con el estreno de Torrente, presidente programado para el 13 de marzo, Santiago Segura vuelve a la gran pantalla doce años después de Torrente: Operación Eurovegas, una ausencia que ha generado expectación entre sus seguidores. Sin embargo, lo que pocos conocían hasta ahora son los detalles del complejo proceso de casting para conseguir al actor internacional que daría vida al personaje de Marshall en la quinta entrega, un papel que finalmente ocupó Alec Baldwin, pero que estuvo a punto de ser interpretado por dos leyendas de Hollywood.
En una reciente entrevista en el programa La noche golfa de Telemadrid, presentado por Miguel Lago, Santiago Segura desveló los entresijos de una negociación que nunca llegó a buen puerto con Sylvester Stallone. El cineasta español, conocido por su perspicacia y sentido del humor, decidió arriesgar y contactar directamente con el entorno del actor de Rocky y Rambo para ofrecerle un rol en su película. La respuesta, sin embargo, fue tan contundente como breve, dejando claro que el proyecto no despertaba el menor interés en el equipo del actor estadounidense.
Según relató Segura con su característica ironía, el intercambio de correos electrónicos fue extremadamente directo. «Escribimos a Stallone y el mánager respondió: ‘Mr. Stallone passes’ (‘el señor Stallone pasa’)», recordó el director. Esta respuesta, escueta y sin ambages, dejó entrever la distancia que a veces existe entre las producciones españolas y las grandes estrellas de Hollywood, donde los filtros de los representantes suelen ser infranqueables. «Hasta para ser estrella americana podía ser el representante más amable», bromeó Segura, evidenciando la frustración que muchos cineastas europeos experimentan cuando intentan acceder a talento de primer nivel.
La negativa de Stallone, sin embargo, no desanimó al creador de Torrente. Con la tenacidad que le caracteriza, Santiago Segura volvió a la carga con otro nombre de peso en la industria: Michael Douglas. En esta ocasión, las conversaciones parecían tomar un rumbo más prometedor. El actor ganador de dos premios Oscar mostró interés inicial en el proyecto, lo que generó una ráfaga de entusiasmo en el equipo de producción. Durante varios días, los correos electrónicos fluyeron entre ambas partes, creando la expectativa de que la saga española podría contar con una figura de la talla de Douglas.
La ilusión, desgraciadamente, fue efímera. Tras dos o tres intercambios de mensajes, Michael Douglas comunicó que una nueva oferta cinematográfica había surgido en su agenda, priorizando aquel compromiso sobre el proyecto de Segura. A partir de ese momento, las respuestas cesaron por completo, dejando al director español en una situación de incertidumbre que finalmente se convirtió en un rechazo tácito. «Me dijo después que le había salido una película y ya no me volvió a responder», confesó Segura, evidenciando la precariedad con la que muchas veces operan las negociaciones en el mundo del espectáculo.
Tras estos dos intentos fallidos, el destino quiso que el papel de Marshall recayera finalmente en Alec Baldwin, quien aceptó con entusiasmo formar parte del universo de Torrente. La incorporación del actor estadounidense a la quinta entrega resultó ser un acierto tanto para la película como para la relación personal que surgiría entre ambos profesionales. A pesar de los evidentes problemas con el idioma español, Baldwin demostró una disposición total y un gran sentido del humor durante la promoción del filme.
Una de las anécdotas más recordadas de esa etapa promocional fue la respuesta que dio Baldwin cuando le preguntaron si prefería trabajar con Santiago Segura o con Martin Scorsese, uno de los directores más laureados de la historia del cine. Sin dudarlo, el actor respondió con una sonrisa: «Ha sido mejor trabajar para Santiago porque paga más. Scorsese paga un dólar y todo el café que pueda beber». Esta declaración, llena de ironía y cariño, reflejó la buena sintonía que se había establecido entre el actor y el director español, y cómo el proyecto había trascendido las barreras culturales y lingüísticas.
La relación entre Santiago Segura y Alec Baldwin no quedó relegada únicamente al ámbito profesional. Años después, cuando el trágico incidente ocurrió en el rodaje de Rust, donde un disparo accidental protagonizado por Baldwin acabó con la vida de la directora de fotografía Halyna Hutchins, Segura no dudó en mostrar su apoyo público. A través de sus redes sociales, el cineasta español expresó su profundo dolor por la tragedia y solidarizó con su compañero en aquellos momentos de terrible dificultad.
«Me duele por la tragedia y por el trance por el que estará pasando mi amigo», escribió Segura en aquel momento, asegurando que Alec Baldwin era «una de las mejores personas que he tenido la oportunidad de conocer en este mundo del cine». Estas palabras no solo demuestran la calidad humana del actor estadounidense, sino también la capacidad de Segura para valorar las relaciones genuinas más allá del éxito comercial o la fama pasajera.
La historia del casting de Torrente: Operación Eurovegas se convierte así en un fascinante relato sobre las dificultades del cine independiente europeo a la hora de acceder a talento internacional, pero también sobre la importancia de la perseverancia y la adaptabilidad. La negativa de Sylvester Stallone, mediada por un manager que ni siquiera consideró la propuesta, contrasta con el interés inicial de Michael Douglas, que se desvaneció por circunstancias profesionales imprevistas. Finalmente, la elección de Alec Baldwin no solo resultó exitosa para la película, sino que generó una amistad genuina que trascendió la industria.
El caso de Stallone, en particular, ilustra cómo los filtros de representación en Hollywood pueden convertirse en barreras infranqueables para proyectos foráneos. La respuesta automática y despersonalizada del representante deja entrever un sistema donde las oportunidades se miden exclusivamente en términos de visibilidad, presupuesto y alcance global, dejando poco espacio para propuestas arriesgadas o culturamente específicas como la saga de Torrente.
Por otro lado, la experiencia con Michael Douglas demuestra que incluso cuando existe interés genuino, la industria cinematográfica está sujeta a imprevistos y prioridades que escapan al control de los cineastas. La competencia por el tiempo y la disponibilidad de los actores de primer nivel es feroz, y las producciones europeas a menudo deben ceder el paso a proyectos de mayor envergadura o con mejores condiciones económicas.
La lección final de esta historia es que el éxito no siempre llega por la puerta que se espera. La incorporación de Alec Baldwin, lejos de ser una opción de segunda fila, resultó ser la decisión más acertada, demostrando que la química entre actor y director, el compromiso con el proyecto y la capacidad de adaptación son factores tan importantes como el nombre en la cartelera. A medida que se acerca el estreno de Torrente, presidente, esta anécdota sirve como recordatorio de que en el cine, como en la vida, la persistencia y la capacidad de ver oportunidades donde otros ven obstáculos marcan la diferencia entre quienes sueñan y quienes logran hacer realidad sus proyectos.