Jurassic World: El renacer llega a streaming: ¿merece la pena?

La última entrega de la franquicia prehistórica debuta en SkyShowtime tras su éxito taquillero, pero las críticas cuestionan su calidad.

El fenómeno de las grandes franquicias cinematográficas no da señales de agotamiento. Cuando una saga demuestra su capacidad para generar millones en taquilla, los estudios no dudan en expandirla, a veces sin considerar si la historia realmente lo amerita. Este es precisamente el caso de Jurassic World: El renacer, la última entrega de una de las licencias más lucrativas de la industria, que tras su paso por cientos de salas a nivel mundial, acaba de aterrizar en plataformas digitales mediante SkyShowtime.

El modelo de negocio es claro y, según algunos, cínicamente eficaz: el público demanda espectáculo familiar y dinosaurios, y el sistema responde con una nueva producción que repite fórmulas probadas. La película, dirigida por Gareth Edwards y con Scarlett Johansson como protagonista, logró recaudar cifras millonarias durante su estreno en cines, reafirmando que el universo Jurassic continúa siendo una de las franquicias de ciencia ficción más poderosas del momento. Sin embargo, ahora que está disponible para el consumo doméstico, surge la pregunta inevitable: ¿realmente vale la pena invertir casi dos horas de nuestro tiempo en este título?

La premisa nos sitúa en un escenario ya familiar: un planeta donde humanos y dinosaurios coexisten, aunque no precisamente en armonía. Los reptiles prehistóricos han migrado hacia las zonas ecuatoriales y tropicales, buscando climas que recuerden a su era original. Esta configuración geográfica sirve como excusa perfecta para que una expedición de mercenarios se adentre en una isla remota con un objetivo mercantil: extraer ADN de especies específicas para una corporación sin escrúpulos. El argumento no esconde su naturaleza funcional, diseñado para justificar persecuciones, encuentros peligrosos y escenarios de tensión controlada.

Paralelamente, se introduce una subtrama familiar que se ha convertido en un cliché recurrente dentro de esta saga: una familia común y corriente que, durante una travesía marítima, sufre un desvío forzado por el ataque de dinosaurios. Este mecanismo narrativo, lejos de aportar profundidad emocional, demuestra cómo el blockbuster moderno suele sobrecargar su elenco con personajes intercambiables, cuya única función es representar arquetipos predecibles. La presencia de menores en constante peligro, un recurso que la franquicia explota desde su primera entrega, ha llegado a un punto donde su impacto está completamente anestesiado. El espectador ya no siente la urgencia que se pretende generar, porque ha visto esta misma situación demasiadas veces.

Desde el punto de vista técnico, Gareth Edwards es un director con talento demostrado en proyectos anteriores. Su capacidad para crear atmósferas y manejar la escala épica es indiscutible. Sin embargo, en El renacer parece limitado por un guion que no le ofrece material con el que trabajar adecuadamente. La sensación generalizada es que la película fue apresurada tanto en su escritura como en su ejecución, como si el segundo borrador del libreto hubiera sido directamente llevado a rodaje sin el pulido necesario. Esta falta de refinamiento se traduce en diálogos planos, transiciones bruscas y una estructura que se siente más como una serie de escenas montadas que como una narrativa coherente.

La película intenta plantear reflexiones sobre la experimentación genética y las consecuencias de jugar a ser dios con especies extintas. Temas interesantes, sin duda, pero que se diluyen en medio de tanta acción descontextualizada. En lugar de convertirse en una advertencia pertinente sobre la ambición científica desmedida, como lo fue la novela original de Michael Crichton, El renacer se convierte en un espejo involuntario de sí misma: un producto más de la máquina de Hollywood que no deja huella memorable.

Comparativamente, esta entrega no llega a los niveles de bajeza de algunas de las peores películas de la saga. Recordemos momentos como las langostas gigantes de entregas anteriores, que representaron el colmo del absurdo. El renacer se mantiene en una línea media, lo cual quizás sea incluso más preocupante: no es lo suficientemente mala como para ser recordada por su fracaso, pero tampoco lo suficientemente buena como para justificar su existencia. Es puramente funcional, un contenido que cumple con su cometido de entretener sin desafiar, sin sorprender, sin innovar.

El problema radica en la fórmula agotada. Desde 1993, cuando Steven Spielberg nos maravilló con la primera Jurassic Park, la franquicia ha repetido el mismo patrón: humanos codiciosos, dinosaurios escapándose del control, niños en peligro, y un mensaje final sobre respetar la naturaleza. Treinta años después, el público ha evolucionado, pero la saga parece atrapada en un bucle temporal. Las expectativas han cambiado; ahora se demandan historias con más capas, personajes complejos y temas que resonen con la actualidad. Ofrecer más de lo mismo, aunque con mejores efectos visuales, ya no basta.

El estreno en SkyShowtime representa una segunda oportunidad para que la película encuentre su audiencia. Quizás en el sofá de casa, sin la presión de haber pagado una entrada de cine, el espectador sea más indulgente. El consumo doméstico permite pausas, distracciones y una exigencia diferente. Sin embargo, incluso en este contexto, es difícil ignorar la sensación de déjà vu que permea cada escena. Los dinosaurios, espectacularmente renderizados con la última tecnología digital, pierden su impacto cuando la tensión narrativa no los acompaña.

La industria del cine de masas enfrenta un dilema real. Por un lado, los números no mienten: estas películas generan ganancias. Por otro, la saturación de contenido genérico está erosionando la paciencia del público. La crítica especializada ha sido tajante con El renacer, señalando su falta de originalidad y su dependencia de recursos gastados. Pero la taquilla, al menos inicialmente, contradijo estas valoraciones. Ahora, en el ecosistema streaming, donde el éxito se mide en visualizaciones y retención de audiencia, será interesante ver si la película mantiene el interés o se hunde en el olvido digital.

En definitiva, Jurassic World: El renacer es un producto de su tiempo: eficiente en su propósito comercial, pero vacío en su propuesta artística. No es la peor entrega de la saga, pero tampoco la salva de ser una adición olvidable. Para los fans incondicionales de la franquicia, será una cita obligada. Para el espectador casual, una opción de entretenimiento de fin de semana que no dejará recuerdo duradero. El cine de dinosaurios merece algo mejor que esto. Merece volver a sorprendernos, asustarnos y hacernos reflexionar, como lo hizo aquella primera película que cambió la historia del cine. Hasta que eso no ocurra, seguiremos recibiendo secuelas que son meras sombras de un legado que cada vez se desvanece más.

Referencias