Jorge Vilda rompe su silencio: la verdad tras el Mundial y su nueva vida

El exseleccionador campeón del mundo habla sobre la polémica, su absolución judicial y su nuevo proyecto en Marruecos

Jorge Vilda Rodríguez (Madrid, 1981) ha decidido romper su prolongado silencio. Después de meses de especulaciones y críticas, el único técnico español que ha conquistado un Mundial de fútbol femenino concede una entrevista exclusiva desde Rabat, donde ahora dirige la selección de Marruecos. Su objetivo es claro: poner las cosas en su sitio y reflexionar sobre una de las etapas más turbulentas del deporte español reciente.

El peso de la historia compartida con Del Bosque

Cuando se le recuerda que comparte el privilegio de ser campeón del mundo con una leyenda como Vicente del Bosque, Vilda no oculta su emoción. "Estoy muy agradecido a la vida porque el otro es don Vicente del Bosque", afirma con genuino respeto. La conexión entre ambos técnicos no es casual: Vilda le conoció durante su etapa formativa en el Real Madrid, cuando apenas contaba 15-17 años. Desde entonces, el mítico entrenador se convirtió en un referente personal y profesional.

Lo que más marcó a Vilda fue la humildad de Del Bosque. "Siendo campeón del mundo y una referencia mundial, quería seguir aprendiendo. Nos preguntaba de todo", recuerda. Incluso en la Federación Española, el extécnico de la selección masculina mostraba un interés genuino por el fútbol femenino que sorprendía: "Se conocía a todas las jugadoras". Esa curiosidad insaciable, esa capacidad para seguir creciendo estando en la cima, es la lección que Vilda guarda como un tesoro.

La injusticia de la invisibilidad

Sin embargo, el reconocimiento público no ha sido equivalente. Mientras el nombre de Del Bosque ocupa un pedestal indiscutible, el de Vilda ha sido objeto de debate y, en muchos casos, desprecio. Ante esta realidad, el técnico madrileño muestra una madurez que le honra: "Una cosa es lo que saliera en los medios y otra la realidad".

Los entrenadores, explica, conocen la dificultad extrema de conquistar un Mundial. España solo ha logrado uno en fútbol femenino, y ese logro no desaparece por las circunstancias posteriores. "Cada uno es libre de valorar mi trabajo. Yo sé lo que nos costó a mí, a todo el equipo y a las jugadoras", sentencia con la tranquilidad de quien no necesita justificaciones externas.

Dos realidades: la calle y los medios

Vilda distingue con claridad entre dos universos paralelos. En la calle, la respuesta del público ha sido unánime: "La gente siempre me ha mostrado cariño, respeto y me piden las típicas fotos en señal de admiración". Los ciudadanos comunes, lejos de los titulares, entienden su situación como "injusta" en un 99,9% de los casos.

El plano mediático, sin embargo, ha sido otra historia. Aquí Vilda introduce un elemento revelador: "Está la cara B, que no sale a la luz". Se refiere a los colegas periodistas que, en privado, le han reconocido su error. "'Oye, Jorge, escribí esto de ti, pero realmente no lo pensaba'", relata. Según su testimonio, muchos se dejaron arrastrar por "una ola social que, en la España de hoy, era muy difícil de 'nadar' en contra".

Esta confesión pone sobre la mesa un problema estructural del periodismo contemporáneo: la presión de las tendencias sociales por encima de la rigurosidad profesional. Vilda, aunque no lo dice abiertamente, insinúa que la velocidad de la información y la necesidad de posicionarse políticamente pueden distorsionar la realidad.

El daño colateral: su familia

Quizás el aspecto más humano y doloroso de la entrevista surge cuando se aborda el impacto en su entorno personal. Vilda, que se define como alguien que "nunca ha gustado victimizarme", reconoce que su familia sí sufrió las consecuencias. "Ellos lo pasaron muy mal y es lo que más daño me ha hecho de todo este proceso", confiesa con visible emoción.

La estrategia de mantener un perfil bajo, de no alimentar la polémica con quejas públicas, puede haber sido profesionalmente acertada, pero tuvo un costo personal. Su esposa e hijos presenciaron impotentes cómo el nombre de su padre se convertía en blanco de críticas generalizadas. Ese sufrimiento silencioso, lejos de los focos, es la herida que más le duele.

La justicia llega, tarde pero llega

El proceso judicial, largo y agotador, finalmente dictaminó su inocencia. "Salí inocente y se demostró que yo estaba muy lejos de lo que me querían atribuir. Fui absuelto y terminó aquello tan desagradable", resume con alivio. Aunque la sentencia no borra el daño mediático, sí le permite cerrar el capítulo con la frente alta.

Esa absolución, sin embargo, no ha tenido el mismo eco que las acusaciones. Es una constante en casos de este tipo: las dudas y las críticas viajan a velocidad de vértigo, mientras que las rectificaciones y las sentencias favorables apenas generan ruido. Vilda lo sabe y, por eso, valora cada gesto de apoyo recibido en la calle.

Un nuevo horizonte en Marruecos

Ahora, desde Rabat, Vilda ha encontrado un nuevo proyecto que le devuelve la ilusión. Dirigir la selección femenina de Marruecos representa un reto apasionante y, quizás, una forma de demostrar su valía lejos de los fantasmas del pasado. En este nuevo capítulo, el técnico español puede aplicar toda su experiencia sin la presión mediática que asfixió su etapa anterior.

El fútbol femenino marroquí está en pleno crecimiento, y Vilda tiene la oportunidad de ser protagonista de esa transformación. Lejos de España, pero siempre con el orgullo de haber puesto su granito de arena en la historia del deporte nacional.

Reflexiones de un campeón

La entrevista deja varias enseñanzas. Primera: el éxito deportivo no garantiza el reconocimiento público, especialmente cuando se cruzan intereses mediáticos y sociales. Segunda: la justicia judicial y la justicia mediática no siempre van de la mano, y la segunda puede ser más dañina que la primera. Tercera: la verdadera grandeza se mide por la capacidad de superar la adversidad sin perder la dignidad.

Vilda no pide venganza ni revancha. Solo pide que se valore su trabajo con objetividad. "Para ganar tanto con España, tuvimos que acertar muchísimo", repite casi como un mantra. Es una verdad incontestable: ningún Mundial se gana por casualidad, y el de 2023 fue fruto de años de trabajo, planificación y sacrificio colectivo.

La ola de la polémica, como él mismo dice, "está bajando un poco". Quizás sea el momento de que el deporte español, y la sociedad en general, haga una reflexión honesta sobre cómo tratamos a quienes nos han dado las mayores alegrías. El tiempo, esa gran juez, pondrá a cada uno en su lugar. Y el lugar de Jorge Vilda, con o sin pedestal, es en la historia como el técnico que llevó a España a tocar el cielo del fútbol femenino.

Referencias