Javier Rigau rompe su silencio sobre Gina Lollobrigida

El empresario español relata su versión de la controvertida relación de 28 años con la actriz italiana y las acusaciones de manipulación

La muerte de Gina Lollobrigida en enero de 2023 no solo puso fin a una era del cine italiano, sino que también reabrió las heridas de una de las relaciones más polémicas del star system europeo. Ahora, Javier Rigau, el empresario catalán que compartió casi tres décadas de su vida con la diva, decide romper su silencio para ofrecer su particular visión de una historia que combinó amor, desconfianza y una batalla legal sin precedentes.

El encuentro que cambió dos vidas se produjo durante el verano de 1984 en una exclusiva fiesta en Mónaco. En aquel entonces, Lollobrigida era una de las actrices más reconocidas del mundo, mientras que Rigau era un joven empresario español con ambiciones empresariales. Lo que comenzó como una simple conversación entre desconocidos evolucionó rápidamente hacia una relación sentimental que desafió todos los convencionalismos sociales, principalmente por la notable diferencia de edad: ella tenía 57 años y él apenas 23.

Durante más de 28 años, la pareja mantuvo una relación que alternaba momentos de gran intensidad con periodos de distanciamiento. Los medios de comunicación no tardaron en calificar su romance como una de las uniones más asimétricas del panorama internacional, no solo por el contraste generacional, sino también por los diferentes mundos a los que pertenecían. Mientras ella brillaba en el firmamento de Hollywood y el cine europeo, él construía su carrera en los negocios desde Barcelona.

El punto culminante de su relación llegó con la celebración de una ceremonia nupcial que ocupó portadas de periódicos en todo el mundo. Sin embargo, lo que debía haber sido la consolidación de un amor duradero se convirtió en el inicio de una espiral de conflictos legales y acusaciones cruzadas. La actriz italiana llegó a demandar a Rigau, acusándolo de intentar apropiarse indebidamente de su considerable fortuna, estimada en millones de euros.

La situación se agravó cuando, tras el fallecimiento de Lollobrigida, Rigau se vio completamente excluido de la herencia. El empresario español no solo perdió cualquier derecho sobre el patrimonio de quien había sido su pareja durante casi tres décadas, sino que se vio obligado a comprar en subasta algunas de las pertenencias personales de la actriz si quería conservar algún recuerdo tangible de su relación.

En una entrevista exclusiva, Rigau ha decidido contar su versión de los hechos, apuntando directamente contra Andrea Piazzola, el asistente personal de Lollobrigida, y su madre como los verdaderos artífices de la supuesta manipulación a la que habría sido sometida la actriz en sus últimos años. Según el empresario catalán, ambos conformaban "una banda organizada" que buscaba una víctima vulnerable para aplicarle lo que él denomina "técnicas de persuasión mental".

"Estaba completamente sometida", afirma Rigau al referirse al estado psicológico de Lollobrigida durante los últimos años de su vida. El empresario insiste en que Piazzola y su progenitora lograron aislar a la actriz de sus seres queridos más cercanos, incluido su propio hijo, y sembrar en su mente la idea de que tanto Rigau como su familia intentaban explotarla económicamente.

Esta manipulación, según la versión de Rigau, fue tan efectiva que consiguió que la actriz, reconocida por su fortaleza de carácter y personalidad independiente, terminara desconfiando de quienes realmente la querían y depositando su confianza en quienes, presuntamente, tenían intereses económicos ocultos. El empresario español describe un proceso gradual de control psicológico que habría minado la autonomía de decisión de la diva italiana.

La justicia italiana terminó por darle la razón, al menos en parte, a las sospechas de manipulación. Andrea Piazzola fue condenado a tres años de prisión por apropiarse indebidamente de más de cinco millones de euros del patrimonio de Lollobrigida. El veredicto judicial confirmó que el asistente había desviado fondos y realizado operaciones financieras fraudulentas aprovechando su posición de confianza con la actriz.

Para Rigau, esta sentencia representa una validación de sus denuncias, aunque llegó demasiado tarde para salvar su relación con Lollobrigida. El empresario asegura que la actriz nunca llegó a ser plenamente consciente de la manipulación de la que era objeto, y que las acciones legales contra él fueron el resultado directo de esa influencia perniciosa.

A pesar de la batalla legal y las acusaciones cruzadas, Rigau mantiene que su sentimiento hacia Lollobrigida permanece intacto. "Sigue guardada en un lugar muy especial de mi corazón", confiesa el empresario, demostrando que el paso del tiempo no ha borrado el afecto que le profesó durante casi treinta años. Esta declaración contrasta con la imagen pública de un hombre acusado de codicia y explotación.

La complejidad de esta relación trasciende el simple escándalo sentimental. Plantea cuestiones profundas sobre la vulnerabilidad de las personas mayores, el poder de manipulación psicológica y la dificultad de demostrar la coerción emocional en los tribunales. El caso de Lollobrigida no es único en el mundo del espectáculo, donde fortunas millonarias y personalidades carismáticas a menudo se convierten en blanco de intereses espurios.

Desde una perspectiva legal, el caso establece un precedente importante sobre la responsabilidad de los cuidadores y asistentes personales en la gestión de patrimonios de personas mayores con capacidad disminuida. La condena de Piazzola demuestra que los tribunales están dispuestos a sancionar conductas de explotación económica, incluso cuando la víctima es una figura pública de gran fortaleza percibida.

Para el mundo del espectáculo, esta historia sirve como advertencia sobre los peligros de no proteger adecuadamente a sus estrellas en la tercera edad. La soledad, la necesidad de compañía y la confianza ciega en quienes rodean a las celebridades pueden convertirse en vulnerabilidades explotables por personas sin escrúpulos.

Rigau, ahora alejado de los focos mediáticos, continúa con su vida empresarial en Barcelona, pero lleva consigo el peso de una historia inconclusa. Su decisión de hablar ahora puede interpretarse como un intento de limpiar su imagen pública, pero también como un acto de despedida hacia una mujer que marcó profundamente su existencia.

El legado de Gina Lollobrigida como actriz y figura cultural permanece intacto, pero su vida personal, especialmente sus últimos años, quedará siempre asociada a esta controvertida relación y a las sombras de la manipulación. La historia con Rigau, lejos de ser un simple epídolo de un romance entre una diva y un empresario, se convierte en un estudio de caso sobre el poder, la confianza y la fragilidad humana.

A medida que pasa el tiempo, es probable que surjan más detalles sobre esta compleja relación. Lo que está claro es que, más allá de las fortunas y la fama, la historia de amor entre Gina Lollobrigida y Javier Rigau termina siendo una tragedia humana donde nadie salió realmente victorioso. La actriz perdió parte de su fortuna y vivió sus últimos años en medio de conflictos, el empresario perdió a su pareja y su reputación, y el verdadero culpable, según esta versión, pagó con cárcel pero no devolvió la confianza rota.

Referencias