Jessie Buckley: la actriz irlandesa que conquista Hollywood con Hamnet

A sus 36 años, la intérprete de Agnes Shakespeare logra su primer Globo de Oro manteniendo un perfil discreto y un estilo personal inconfundible

El pasado domingo, los pronósticos se cumplieron. La irlandesa Jessie Buckley, nacida en Killarney en 1989, alzó su primer Globo de Oro como mejor actriz en la categoría de drama. Su interpretación de Agnes Shakespeare en la película Hamnet, un drama histórico dirigido por la cineasta Chloé Zhao y coescrito junto a Maggie O'Farrell (basado en la novela homónima de la escritora), le ha valido no solo el aplauso unánime de la crítica especializada, sino también el reconocimiento de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood. Este triunfo se suma al premio que ya obtuvo en los Critics Choice Awards 2026, consolidando su posición como una de las favoritas para los próximos Oscar.

A sus 36 años, Buckley representa uno de los casos más singulares del panorama cinematográfico actual. A pesar de haber conseguido una nominación al Oscar en 2022 por su papel de reparto en La hija oscura (adaptación de la novela de Elena Ferrante), su rostro sigue siendo prácticamente desconocido para el gran público. Esta invisibilidad relativa no es fruto de la casualidad, sino una elección deliberada. La actriz ha construido su carrera lejos del ruido mediático, sin compartir su vida diaria en redes sociales —ni siquiera posee cuenta de Instagram— y evitando el circuito de eventos sociales que caracteriza a tantas estrellas contemporáneas.

El misterio de la transformación constante

Parte de esta aura de enigma podría atribuirse a su fascinación por la transformación física. Durante la promoción de Hamnet, Buckley ha saltado del moreno al rubio pasando por matices intermedios, utilizando su cabello como una herramienta más de su oficio. Esta mutabilidad, lejos de ser un simple capricho estético, refleja su compromiso con la caracterización y su rechazo a la imagen estereotipada de la estrella de cine. No busca ser reconocida en la calle; busca desaparecer dentro de sus personajes.

Este perfil bajo, sin embargo, no ha impedido que la industria de la moda haya puesto sus ojos en ella. Su estilo personal, lejos de las convenciones hollywoodienses, ha captado la atención de las grandes firmas. Buckley ha ocupado un lugar privilegiado en el front row de desfiles como el de Loewe de Jonathan Anderson, no faltó al debut de Matthieu Blazy en Chanel e incluso desfiló para Simone Rocha en su colección primavera-verano 2020. Detrás de sus looks se encuentra la estilista Danielle Goldberg, responsable también de las apariciones de actrices como Greta Lee o Ayo Edebiri, quien ha convertido el estilo de Buckley en uno de los más refrescantes e imitados del momento.

La sofisticación detrás de la excentricidad

Las casas de moda más prestigiosas —Dior, Chanel, Valentino o The Row— han vestido su tour de promoción de Hamnet y sus recientes apariciones en alfombra roja. Este interés de las grandes marcas marca un punto de inflexión en su relación con la moda. Si en la gala Met Gala 2022 causó sensación luciendo un bigote falso como declaración de estilo, su etapa actual apuesta por una sofisticación más sutil y madura. La prueba más evidente fue su elección para los Globos de Oro: un diseño azul celeste de Dior complementado con zapatos de Jimmy Choo que combinaban elegancia clásica con un toque contemporáneo.

Este nuevo capítulo estético coincide con uno de los momentos más intensos tanto en su vida profesional como personal. Hace escasos meses, Buckley dio la bienvenida a su primera hija, a quien llevó a la primera proyección privada de Hamnet cuando apenas había nacido. Esta decisión de compartir su trabajo más personal con su hija recién llegada habla de la importancia que tiene para ella esta película, que no es solo un proyecto profesional, sino una experiencia vital.

Hamnet y el reparto estelar

En Hamnet, Buckley comparte pantalla con Paul Mescal, uno de los actores más demandados del momento. La película, que llegará a los cines españoles el próximo 23 de enero, explora la vida de Agnes Hathaway, la esposa de William Shakespeare, y la pérdida de su hijo Hamnet, un tema que la novela de O'Farrell retrata con una sensibilidad excepcional. La dirección de Chloé Zhao, ganadora del Oscar por Nomadland, aporta una visión visualmente poética y emocionalmente profunda a la historia.

Pero Hamnet no es el único as en la manga de Buckley para esta temporada. En marzo, los espectadores españoles podrán disfrutar de The Bride! (¡La novia!), una cinta de terror y ciencia ficción dirigida por Maggie Gyllenhaal. En esta producción, Buckley interpreta a la novia de Frankenstein, personaje encarnado por Christian Bale, en una reinvención del mito gótico que promete ser una de las películas más originales del año.

Una carrera construida con paciencia

Los orígenes de Buckley en el mundo del espectáculo se remontan a hace quince años, cuando participó en el talent show I'd do Anything. Desde entonces, ha construido una filmografía impecable pero deliberadamente alejada de los grandes taquillazos. Ha preferido proyectos con guiones complejos, directores arriesgados y personales profundos a las franquicias comerciales. Esta estrategia, poco común en una industria obsesionada con el blockbuster, le ha valido el respeto de sus pares y una carrera sostenida en la calidad sobre la cantidad.

Su nominación al Oscar por La hija oscura ya demostró su capacidad para construir personajes complejos y perturbadores. En esa ocasión, interpretaba a una mujer que viaja a un lugar de descanso en la costa italiana y se ve confrontada con su pasado y su maternidad. La película, dirigida por Maggie Gyllenhaal, fue un ejercicio de intensidad dramática que preparó el terreno para su actual reconocimiento.

El futuro de una actriz sin filtros

Lo que distingue a Jessie Buckley no es solo su talento indiscutible, sino su autenticidad en una época de saturación digital. En un momento en el que la mayoría de actrices construyen marcas personales meticulosamente curadas en redes sociales, Buckley se ha mantenido fiel a su principio: que el trabajo hable por sí mismo. No busca seguidores, busca personajes. No busca likes, busca retos artísticos.

Su relación con la moda, lejos de ser superficial, parece una extensión de su creatividad. No se trata de lucir las últimas tendencias, sino de colaborar con diseñadores que entienden su visión. Jonathan Anderson, Matthieu Blazy y Simone Rocha no solo visten su cuerpo, sino que parecen vestir su espíritu: creativo, inquieto, siempre en evolución.

Con Hamnet, Buckley ha alcanzado la madurez artística que su carrera prometía. La película no solo es un vehículo para su talento, sino una declaración de intenciones: está aquí para quedarse, pero en sus propios términos. Mientras el mundo del cine se pregunta quién será la próxima gran estrella, Jessie Buckley ya lo es, solo que prefiere brillar en la penumbra del escenario, donde la luz es más honesta y el arte más puro.

Referencias